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¡AL COLE CON ALEGRÍA!

Montserrat Sanz García

Con la vuelta al colegio estará a la orden del día hablar de crisis … pero de esto a creer que puede llegar a generarnos problemas de equilibrio emocional, va un mundo.

Con los primeros días de Septiembre, la vuelta al colegio y a las rutinas escolares se van acercando. Ahora en estos tiempos nuestros en que tendemos a problematizar todo y a patologizar todo lo que se salga de lo “¿normal?”, hablar de las crisis de vuelta al cole, igual que se habla de las crisis postvacacionales, estará a la orden del día en la mayoría de los informativos televisivos y demás medios de comunicación.

A lo bueno se acostumbra uno fácilmente. Es más gratificante, conlleva menor esfuerzo y la recompensa es más inmediata.

Como se suele decir “a lo bueno se acostumbra uno fácilmente”. Y así es. Es mucho más fácil, porque es más gratificante, y el esfuerzo es menor y la recompensa más inmediata. Montar en bici para ir a la piscina que para ir al cole, trasnochar por estar con los amigos en la calle que por estudiar un examen, y sobre todo no estar supeditados a los tiempos y el reloj como nos obligan las actividades de la vida habitual. Esto lo sabemos todos, desde nuestros abuelos a los más pequeños de la casa (está todo inventado). Pero de esto a creer que puede llegar a generarnos verdaderos problemas de equilibrio emocional, va un mundo. Puede haber casos en que la vuelta a la rutina cotidiana, suponga un detonante para que emerjan problemas que estaban ocultos (por ejemplo, tener problemas en el trabajo y pensar en tener que volver a ellos pueden generar ansiedad), pero en éstos casos estamos hablando de otra cosa.

Si nos ceñimos únicamente al hecho de que hemos de olvidar la “anarquía veraniega” para retomar la rutina habitual, diremos que supone una primera semana de adaptación (quizá menos si lo sabemos enfocar bien) un poco “incómoda” pero nada más.

Olvidémonos de síndromes y centrémonos en hacer de la vuelta a la rutina un proceso fluido y gratificante.

Olvidémonos de síndromes ni de poner etiquetas a lo que no es más que una adaptación a una situación cómo tendremos que adaptarnos a tantísimas otras a lo largo de nuestra vida. Sin más. Y haríamos bien en olvidarnos de esas palabras rimbombantes con las que los medios de comunicación y muchos profesionales de la salud mental, llenan espacios poniendo nombres a lo que no tiene mayor trascendencia que dejar atrás el tiempo de ocio, y centrarnos en hacer de ésta vuelta a la rutina un proceso fluido y gratificante, especialmente para los más pequeños.

Para ellos, sin tanto sentido de la obligación como los mayores, volver al colegio implica fundamentalmente volver a ver a sus amigos, retomar actividades extraescolares que les gustan (o deberían gustarles, sino no les llevéis) y contactar de nuevo con algo que es de gran trascendencia para los niños (sobre todo para los más pequeños) y son las normas y las rutinas.

Los niños necesitan tener unos límites bien definidos. 2Para un niño saber lo que puede hacer y lo que no, lo que está bien y lo que está mal, le hace sentirse seguro. Mientras que está en periodo de vacaciones estos límites suelen ser más laxos (es normal e incluso positivo, el crío tiene que aprender a ser flexible, y a que hay momentos para cada cosa). Pero con el comienzo del cole, los horarios obligan a controlar los tiempos, y las normas y límites se van haciendo algo rutinario.

Hay niños a los que les cuesta más la reincorporación a las clases bien porque (como en el caso de los adultos) existe un problema oculto de base, o simplemente porque lo han pasado tan bien en el tiempo de ocio que se resisten a pensar que se acaba. En este último caso, es labor de los padres y de quienes forman parte del entorno del niño crear un ambiente propicio para la vuelta al colegio. Hacer de ésta perspectiva algo gratificante y llena de nuevos retos que le suponga una motivación añadida y le haga dejar de lado lo “estupendo” de las vacaciones para centrarse en lo “estupendo” que puede ser empezar el curso. Ir con ellos a comprar el nuevo material escolar, permitirles que escojan sus bolis, cuadernos y rotuladores (en lo que sea posible), el nuevo chándal y la mochila, suele hacer que los críos se “ilusionen” con la nueva etapa, sobre todo (y aquí viene lo más importante) si se lo aderezamos con comentarios positivos sobre lo que inician.

Generar expectativas positivas ayuda a los niños a adaptarse mejor a la vuelta al cole, a tener una motivación más positiva, y, generalmente, mejor rendimiento.

Generarles expectativas positivas, les ayudará a adaptarse mejor a la vuelta al cole y a que tengan una motivación más positiva que redundará en una mejor adaptación a los aprendizajes y generalmente, mejor rendimiento.

Y aquí hemos de hacer un ejercicio de objetivación, porque muchas veces de tanto oír que todo el que vuelve al trabajo sufre un síndrome postvacacional nos da permiso para atribuirnos su florida sintomatología (que por otro lado no lo es tanto. Se centra más bien en: “que rollo ir a trabajar con lo bien que estaba sin madrugar, etc.”) y lo que es peor, manifestarla. Y cuando manifestamos lo mal que estamos por volver al trabajo, olvidamos que somos modelos para que nuestros hijos manifiesten las mismas quejas y síntomas que ven en nosotros cuando tienen que volver al colegio.

Si yo me quejo y sufro porque hay que volver al trabajo, enseño a mi hijo a tener el mismo comportamiento ante su propia obligación y mi credibilidad ante él cuando le diga lo estupendo que es ir al cole, será nula.1

Así que ya sabéis. No hay que dar a las cosas más importancia de la que tienen y veamos el lado positivo. Probablemente no tener un trabajo al que volver si que sea un verdadero problema. O no tener colegio al que acudir.

7 pensamientos en “¡AL COLE CON ALEGRÍA!

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