
La temporada pasada del Taller de Lectura fue dedicada casi monotemáticamente a
autoras que han escrito sobre mujeres y, en algún caso, a autores que escribieron sobre o
desde el punto de vista de mujeres. En año se acordó dedicarlo a lo que podríamos denominar
“Literatura documentalista”, es decir, aquella que narra hechos verosímiles de historias o de
acontecimientos ocurridos. Ésta que comentamos es la primera de ellas.
Viaje al final de la noche es la epopeya de Ferdinand BARDAMU, trasunto del propio
Céline, joven que se enrola atolondradamente en el ejército francés en un momento de la 1ª
Guerra Mundial. Hastiado de ella se hace pasar por loco y es enviado al Congo, colonia
francesa en las que las empresas y empresarios franceses esquilman los productos autóctonos
(particularmente el caucho) de estas tierras a los nativos y, de paso a esos salvajes habitantes
carentes de título alguno de propiedad. Febril, gravemente enfermo y hastiado, es embarcado
como remero en una nave que junto a otros le llevará a EEUU. Allí descubrirá y se familiarizará
con la miseria, la impersonalidad, el trabajo industrial y el capitalismo feroz. Vuelto a Francia
terminará sus estudios de medicina y ejercerá con grandes dificultades en la periferia de París.
Esta novela, empezada en 1929 mientras trabajaba como médico en Clichy –lo que le
confiere un carácter ciertamente autobiográfico- y terminada en 1931, se publicará por vez
primera en 1932. Ganadora del Premio Renaudot, nunca conseguirá el gran premio de las
letras francesas –el Goncourt- por ser considerada demasiado argótica, de lenguaje vulgar y
soez.
Novela circular – empieza y termina en el mismo lugar (Paris) y en el mismo punto
(Clichy)- constituye un viaje iniciático como el de Ulises en La Odisea . Plagada de un humor
tan caustico y corrosivo como falsamente ingenuo, está impregnada toda ella de un
sentimiento de soledad y de fracaso. Céline utiliza un estilo absolutamente novedoso (si
hacemos abstracción de RABELAIS) y de una dificultad desconocida a nivel semántico y
gramatical, con continuos neologismos, apostillas; una libertad suprema en el uso del lenguaje,
violentándolo en muchas ocasiones. Y es descarnado, irreverente, incorrecto. Critica con una
ferocidad no exenta de ironía todo lo que se le presenta: la guerra, el pensamiento y la
organización social de la época, lo políticamente correcto… Mucho después (1980), el
estadounidense Jonh KENNEDY TOOLE escribe una novela con un estilo narrativo similar (La
conjura de los necios)
La novela de CÉLINE está impregnada de un pesimismo radical, aunque la
desesperanza se tiña de burla, de sarcasmo. Y todo ello con un estilo, con un lenguaje que crea
una ilusión de discurso oral, contribuyendo a borrar las barreras que han separado la lengua
escrita de la lengua oral.
En definitiva, una novela muy difícil, que ha logrado que algún lector del Taller la haya
dejado a medias; pero si se persevera, engancha por su profundidad, por su rigor, el sentido y
la sensibilidad que transmite a pesar del pesimismo atroz que destila por todos los poros:
nadie sale bien parado. Y, sin embargo, esta obra ha sido y es considerada una de las más
influyentes del s. XX y su autor, a pesar de sus filias, uno de los grandes de la literatura
contemporánea.
Autor del artículo : Javier Noriega
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