
Imagen tomada de https://www.catedra.com/libro/letras-hispanicas/los-recuerdos-del-porvenir-elena-garro-9788437648057/
Autor del articulo: Fco. Javier Noriega
Otros artículos del Club de Lectura del Ateneo de Laguna
LOS RECUERDOS DEL PORVENIR.
Hasta que una de las lectoras del grupo preguntó si alguien había oído el nombre de Elena GARRO, ninguno de los miembros del Grupo de Lectura sabía de la existencia de esta escritora mejicana contemporánea (1916-1998). Autora de piezas teatrales, novelas, cuentos, guionista, poeta y participante activa en la vida cultural y social de su tiempo, ha sido en España una personalidad desconocida hasta hace bien poco. Si algún lector tiene interés, ver el artículo dedicado a ella en Wikipedia y en https://www.lapajerera.com/elenagarro.
Esta novela, publicada en 1963, ha dejado desconcertados a los miembros del Grupo. A unos, y no es de extrañar, porque no comprendían del todo el fondo del relato; y a otros –como es el caso de quien esto escribe- porque no daban crédito a lo que estaban leyendo. Empiezo por el título, Los recuerdos del porvenir. Un oxímoron, figura literaria que consta de dos términos que se contradicen: “Un silencio atronador”, “un instante eterno”. En este caso, los recuerdos sólo pueden provenir del pasado, evidentemente.
A partir de ahí nos encontramos con una obra perturbadora (podría haberse titulado con el término “la banalidad del mal” que Hannah ARENDT atribuyó al horror nazi), de una autora considerada la precursora del realismo mágico antes de GARCIA MÁRQUEZ y posiblemente de RULFO. El primero publica 100 años de soledad en 1967 y el segundo Pedro Páramo en 1955. Aunque Elena CARRO publica por vez primera su obra en 1963 hay que considerar que su marido, Octavio PAZ, obstaculiza cuanto puede la publicación de la novela y la propia autora quiere quemar su obra, que es rescatada in extremis del fuego por su hija Elena PAZ.
Aunque cuesta un poquitín engancharse a la lectura, una vez leídas las primeras 30 páginas, pasado el desconcierto, vamos colocando todo en la lógica ilógica en la que nos sumerge GARRO. El narrador no es un personaje sino la ciudad-pueblo donde trascurre toda la novela, Ixtepec. La acción relata los acontecimientos de una época especialmente turbulenta y violenta de Méjico, en el marco de los años posteriores a las revoluciones de Emiliano ZAPATA y de Pancho VILLA, con el ejército controlando el “orden” a base de violencia contra los indios, los disidentes y los cristeros.
Los personajes van apareciendo repentinamente, sin antecedentes, sin historia, en un presente congelado que va a ir configurando una historia coral, social con la que iremos entendiendo a los personajes, su pasado. Esto crea un universo onírico que el lector percibe como una especie de sueño y que es capaz de hacernos entender situaciones inimaginables con una lógica cartesiana. Y todo ello configura una obra primitiva, ancestral, telúrica e inolvidable en la que cada cual está sometido a un destino ineludible: quienes habitan Ixtepec están predestinados, su destino está escrito y no pueden escapar a él. Toda la novela destila un fortísimo sentimiento trágico, ineluctable. Como en un mito o en una leyenda.
Muchos de los párrafos, páginas enteras, son poesía; la concepción misma del relato es poética: la novela es prácticamente prosa poética, circular y cerrada. La ciudad-personaje encierra a sus habitantes para que en su interior se desarrolle la tragedia sin que ninguno pueda sustraerse a ella. La obra empieza como termina, en una piedra que no es sino la propia Isabel. “Aquí estoy sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra”.
Literatura de la buena.
Autor de la reseña: Fco. Javier Noriega