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Si el amor es la respuesta ¿Cuál es la pregunta?

Rosa Eva Rabanillo San Segundo

“Anda… Que te tenga que enseñar yo a hablar de Sexo”

¿Es verdad lo que dicen los niños, cuando afirman categóricamente que los mayores nos complicamos demasiado la vida? ¿Es verdad que tiramos al drama, en lugar de dejarnos vivir por los días que devoramos, casi sin paladear? Cuando termines la lectura de esta columna, volveré a hacerte estas dos simples, llanas y sutilmente complicadas cuestiones, para así ver, si tu opinión se ha dejado llevar por las letras o coincidía con el puzzle de tu cabeza.

Foto Iván y Rosa Eva 2 (1)

De mis devenires textuales irás viendo que les doy la razón a los de menos de metro y medio, y sí, yo también creo que nos complicamos la existencia solo con abrir los ojos. Que al cumplir los 18 no solo te dan la posibilidad de votar, llegar un poco más tarde (o amanecer con churros en tu casa, atenuando así la bronca de tus padres, porque en los tiempos que nos hacen correr ahora, a los 18, ya se han visto amaneceres en ropa de calle y hasta se ha brindado por ellos). Al cumplir los 18, también tenemos licencia para dejarnos rodear por mil y una capas, que luego, con los años, trataremos de quitarnos de encima, como quien sacude el dedo para desprenderse de un papel de celofán pegajoso e inservible.

Nos pasamos la vida buscando el AMOR, así, en mayúsculas. Mayúsculas mediatizadas por un montón de estímulos, que lejos de enriquecernos, creo firmemente que nos dejan ciegos de sentires y de quereres.

Nos pasamos la vida buscando el AMOR, sin darnos cuenta de que lo que encontramos a cada vuelta de madeja, a cada nuevo doblar de esquina, es amor minúsculo. No porque el otro o la otra de turno no se esfuerce, ¡no! (que les hay caballeros españoles a los que deberíamos duplicar en estatuas, o mejor en rotondas, que parece que es ahora lo más común, porque mucho más que colocar una estatua en cualquier plaza, lo que nos encontramos son rotondas estupendas a cada salto de mata). El amor nos parece muchas veces minúsculo, porque en pocas ocasiones nos enseñan que la pregunta y la respuesta en este caso, está desde el principio en nosotros mismos, y que ni el churri guapetón del gimnasio, ni el aspirante a ojos azules imitación a “Grey”, ni la sonrisa estupenda, roja pasión, con la que coincidimos en ese café contrarreloj de las cuatro, van a lograr el AMOR que uno mismo ha de darse.

Nos empeñamos en seguir macerando la idea de que hay que encontrar a nuestra media naranja, y a postre, no nos damos cuenta de que lo mejor es dejar que la vida nos ponga en bandeja a otra naranja entera, con la que hacer todos los días un zumo extraordinario. Extraordinariamente dulce a veces, extraordinariamente ácido a ratos, pero extraordinario a fin de cuentas.

El AMOR siempre tendría que ser como a los 3 o 4 años. Ese AMOR es el que saca lo mejor de uno mismo y cuando esa niña, la más preciosa del universo entero, deja de jugar tanto contigo, y se va con otro, a ti no te da esa sensación de que te falta la respiración y te vas a morir en dos segundos. No la quieres para ti, sencillamente la amas y disfrutas viendo como juega con el resto de la clase.

Que se vaya a jugar al padel todos los días la morenita que duerme a tu lado a los 40, que se vaya, que se vaya. Y que veas tú que disfruta como una enanita en el bosque, que al tercer día o te has apuntado tú también al padel, no para hacer ejercicio, sino para ver dónde está el disfrute de tu chica, o entras en parada cardiorrespiratoria directamente, poniendo en marcha en tu cabeza un despliegue de acontecimientos y detalles, que me río yo de Almodóvar en sus mejores tiempos.

A los 3 el AMOR no es cuestión de vida o muerte, los extremos no existen, porque los niños y las niñas se centran en los detalles y la vida fluye. En cambio, nosotros, los que nos las damos de adultos, de mayores y de centraditos por la vida, tenemos la manía del blanco o el negro. Yo sinceramente, creo que lo que más miedo nos da es quedarnos amando solos, sin entender, que si no comenzamos por amar en singular, lo del plural se hace un poco pegajoso, obsesivo, dominante y bueno, de ahí luego las órdenes de alejamiento a aquellos pobres que quieren emular al guapo, rico y piloto de helicóptero Cristian Grey, sin asumir que su día a día está en un pueblo. Que nos levantamos con el Lorenzo castellano, no para jugar al golf, sino para ir a trabajar.

¿Pensabas que esta columna iba a ir solo de Sexo? ¿Qué tendrías un ratito de explícita complacencia en las páginas de esta revista? Mira, creo que esta ha sido tu primera gran sorpresa con este Ateneo deletreado. Si te apetece Sexo con S mayúscula de Shshshshshshshsh, todo se andará, aunque cualquier video de Miley Cyrus en sus últimos tres años de vida, podría valerte. Si lo que buscas es una columna donde aprender como equilibrar y conjugar Sexo y Sexualidad, nos vemos en treinta días.

¿Es verdad lo que dicen los niños, cuando afirman categóricamente que los mayores nos complicamos demasiado la vida? ¿Es verdad que tiramos al drama, en lugar de dejarnos vivir por los días que devoramos, casi sin paladear? No me respondas ahora, no hace falta, deja resonar en tu cabeza el Si o el No, y cuando nos encontremos por cualquiera de los paseos maravillosos que tiene Laguna, me paras y me cuentas. La sonrisa venía de serie en mis labios, así que te cambiaré alguna que tengo “repe” por tu Si o por tu No.

¡Hasta el mes que viene! ¡No nos pierdas de vista!

Rosa Eva Rabanillo San Segundo

“Anda… Que te tenga que enseñar yo a hablar de Sexo”

2 pensamientos en “Si el amor es la respuesta ¿Cuál es la pregunta?

  1. Siempre es un placer leer lo que Rosa Eva comparte con nosotros. Como padre de una niña de 7 años, me gustaría decir que yo he sentido que, estando junto a ella mientras está creciendo, he ido adquiriendo un nuevo aprendizaje de lo que es el amor. Y ese aprendizaje lo puedo poner en práctica luego con las personas que me rodean, porque su amor me demuestra que el mío no es finito, que no llega un día en el que ya no puede seguir creciendo. Al principio te sorprendes de que alguien a tu cargo, como tu hija, a la que tú debes enseñar y educar, te enseñe lecciones de vida a ti. Una vez que aceptas que afortunadamente nunca vas a dejar de aprender, acoges con alborozo que las lecciones las aprendas de tu hija, porque son muy especiales.

    No sé si sabéis lo bien que siente descubrir que, en el ecuador de tu vida, todavía puedes tener intacta tu capacidad de sorprenderte por algo o por alguien. Que ese conocimiento conlleva recuperar la ilusión que tenía décadas atrás por aprender cosas nuevas. Y que gracias a esa ilusión eres capaz de volver a ordenar todos los aspectos de tu vida en su orden de prioridad correcto, pudiendo dejar de lado esa carga de cinismo y esa sensación de estar de vuelta de todo que había permitido que me invadieran en el pasado. Si somos capaces de aislarnos de la oleada de crispación que en los últimos años parece haberse hecho cargo del ánimo colectivo de esta sociedad, dejaremos de ver la felicidad como una utopía, y la encontraremos mucho más cerca de nosotros de lo que nos pensábamos.

    Hasta el mes que viene, Rosa Eva. ¡Y gracias!

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    • Muchas Gracias por tu comentario!

      Es cierto que el sentimiento de aprendiz, es siempre mucho más grande cuando comienzas el camino de padre, y no lo sientes tanto en los zapatos de hijo.
      Cuando somos pequeños a veces, vivimos los consejos y enseñanzas como ataques y no como una experiencia vital, y cuando somos padres, comenzamos a entender que no solo el amor es finito, lo son muchas otras cosas.

      Gracias por tus palabras y adelante en esa trepidante tarea de caminar con tu pequeña.

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