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SUCESO

Autor: Javier Noriega

En la puerta de la Residencia Divino Maestro, sobre una rampa de acceso con pendiente inferior al 5%, un bulto  cubierto por una sábana yace a la espera del Juez de Guardia, casi en la vertical del alero del edificio. Se adivinan batas blancas y verdes del otro lado de las cristaleras, movimientos corales que el reflejo de la luz exterior sobre las lunas no deja percibir claramente. Nada se mueve en la rampa, excepción hecha de un reguero rojo que mana del bulto y que se desliza  perseverante y parsimoniosamente pendiente abajo; cuando alcanza el primer tercio de ésta, otro caudal, paralelo al primero, surge bajo la sábana ya escandalosamente roja en uno de sus extremos. Un gato sigiloso irrumpe con cautela y olisquea el fluido sin decidirse. Uno de los guardias de las dos dotaciones que han acudido avisadas por el Centro de Mayores sale corriendo de un coche y le espanta con dos palmadas.

–          Hazte cuenta de que si me metéis ahí os arrepentís.

–          Pero, padre… ¿dónde vas a estar mejor? Allí tienes personas de tu edad, personal especializado todo el día por si te pasase algo. Bien caro que nos va a costar a Julio a mí….

–          Si que os costará caro, sí. Quedas advertido.

Lo más penoso para Anselmo fue conseguir izarse y pasar a través de la angostura de la ventana Velux de su cuarto de baño; la de la habitación solamente podía abrirse doce centímetros. Una vez estuvo erguido sobre la pendiente del tejado tan sólo tuvo que dar dos pasos.

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