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Resumen excursión de senderismo al Valle de las Caderechas (Burgos)

Autora del artículo: Mª José Prieto Martín

El pasado 27 de abril, día de reflexión previo a las elecciones generales, la Asociación Ateneo organizó una ruta de senderismo por el norte de Burgos, más concretamente por el Valle de las Caderechas, la Ruta de los Duendes. No sé si el nombre de la ruta presagiaba algo o qué, el caso es que hubo algún duendecillo suelto haciendo de las suyas……Después de algunos avatares con el autocar, dificultades de paso por algunos pueblos, atasque intentando dar la vuelta y empujón de todos con la ayuda de algún lugareño….., conseguimos acercarnos a 2 km del inicio de la ruta. El grupo de andarines, aguerridos como ellos solos y gente entusiasta a más no poder, no tuvo inconveniente en salvar este obstáculo, alargando un poco la ruta prevista y desviándonos del horario planificado, con tal de disfrutar de un espléndido día al aire libre y de practicar algo que les gusta a rabiar cual es el senderismo.

Las Caderechas es un valle un tanto peculiar. Se localiza al norte de la provincia de Burgos; en el extremo más noroccidental de la comarca de La Bureba, de la cual se distingue por su relieve abrupto, suma de distintos valles, y por una economía basada principalmente en el cultivo de frutales. Se le conoce como “el jerte burgalés” por la abundancia de cerezos y manzanos. Su localización interior, protegido de los vientos dominantes, la altitud del terreno y los tipos de variedades, hacen que estos productos tengan cualidades muy apreciadas. Su calidad aparece amparada por sus respectivas Marcas de Garantía, bajo las denominaciones de: ‘Cereza del Valle de Las Caderechas’ y ‘Manzana Reineta del Valle de Las Caderechas.

Dentro de este singular valle, está la Ruta de los Duendes, circular, de unos 10 km de longitud, con un desnivel de unos 350 m y dificultad media. La iniciamos por un camino ancho para, poco después, adentrarnos en un antiguo camino tradicional entre los pinares de Herrera de Valdivielso. Hasta cerca del año 1900, esta localidad pertenecía al Valle de Valdivielso, de ahí que para todo trámite administrativo (partidas de nacimiento, defunción etcétera) los vecinos tenían que utilizar dicho camino como paso de Caderechas a Valdivielso.

A continuación, en un desvío de este camino, apareció El Bosque Encantado, un pinar decorado por “Urban Knitting” que significa ‘Tejiendo la ciudad’. Se trata de un movimiento artístico de graffiti inofensivo, una forma de expresión que reivindica lo bello y lo hecho a mano. Aunque se suele hacer en sitios urbanos, en el Valle de Caderechas han ido más allá y han decorado la naturaleza. Muy bonito, la verdad. Más de una treintena de troncos vestidos con mantas de ganchillo con mil formas y colores hacen que sea un bosque distinto y único.

Después de disfrutar un ratito de este bosque de hadas, accedimos, no sin un pequeño esfuerzo debido al desnivel, al Valle de Valdivielso, valle fluvial del río Ebro a su paso por el norte de la provincia de Burgos que pertenece a la comarca de las Merindades. Recorrimos un tramo por las alturas de este valle y entramos en la campa La Rasa disfrutando de unas vistas espectaculares, hacia la izquierda, Valdivielso y hacia la derecha, Caderechas. Por último, un pronunciado descenso  nos llevó de nuevo a Herrera de Vadivielso y desde ahí, salvando los 2 km añadidos, llegamos por fin al autocar.

En Cantabrana, otro pueblo del valle a pocos km de Herrera, dimos cuenta de nuestras viandas en el bar que Jose Carlos, su dueño, amablemente nos acondicionó para tener un ratillo de descanso y buena charla compartiendo una cerveza fresquita con los compañeros de viaje.

Para finalizar el día, nos acercamos a Poza de la Sal, donde Pedro un guía local muy entusiasta, nos enseñó este bonito pueblo de trazado medieval, famoso por ser el lugar de nacimiento de Félix Rodriguez de la Fuente y por sus salinas. Qué curioso el proceso geológico del diapiro muy bien explicado en el centro de interpretación de las salinas de interior. La visita a este interesante pueblo nos supo a poco pero mereció la pena y nos puso los dientes largos para hacer otra con más pausa.

Sobre las 21 horas llegamos a Laguna cansados pero contentos de haber compartido con gente andarina una ruta muy especial y la visita a un curioso pueblo salinero.

Gracias amigos. ¡Hasta la próxima!

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