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Elegir a nuestros representantes

Víctor Manuel Simón

El sistema electoral es un tema de debate entre los analistas políticos, pero también entre la población en general. Listas abiertas, doble vuelta, elección directa del alcalde, distritos únicos, Ley D´Hont, … son términos sobre los que se discute a menudo.

Habitualmente se suele señalar que el sistema electoral español no “es justo”. Se dice que perjudica a los partidos pequeños y beneficia a los dos mayoritarios, y que habría que cambiarlo.

Se suele señalar que el sistema electoral español perjudica a los partidos pequeños.

En este debate, la Ley D´Hont es el foco de todas las críticas, cuando se trata de una fórmula de reparto de escaños que, en esencia, es bastante proporcional. Es la misma fórmula que se utiliza en las elecciones Europeas o en las municipales, y en estos casos el reparto de representantes varía poco del que se obtendría de una distribución estrictamente proporcional. Lo que introduce desproporcionalidad en el reparto de representantes no es la Ley D´Hont, sino que es la dimensión de las circunscripciones unida a la introducción de un mínimo de representantes en cada una.

Cuando se plantean alternativas en ocasiones se produce una paradoja. En general, la población demanda un sistema más proporcional, es decir, que acerque más el número de representantes de cada partido a la distribución del voto de los ciudadanos. En cambio, gran parte de las propuestas que se realizan desde los partidos, analistas políticos, medios de comunicación y desde los propios ciudadanos (muchas veces inconscientemente) van en la  dirección contraria.

Así, algunos de los sistemas que se proponen, en general mayoritarios, reducen la proporcionalidad del sistema electoral, afianzando el “denostado” bipartidismo. Solo hay que mirar al Reino Unido o a EE.UU. donde rigen estos sistemas. Recordemos que Bush fue presidente de EE.UU en el año 2000 con menos votos que Al Gore (50,5% del primero frente al 51% del segundo), algo que ha ocurrido en varias ocasiones en la historia del país norteamericano. Igualmente ocurrió en  el Reino Unido, donde Cameron ha obtenido mayoría absoluta en las últimas elecciones con una no muy amplia diferencia de votos sobre el partido Laborista.

Analizar el sistema electoral es complejo, pero fundamentalmente nos lleva a plantearnos dos grandes cuestiones: representatividad y estabilidad. Los sistemas mayoritarios suelen favorecer la estabilidad del gobierno, a costa de perder representatividad; en cambio, mientras los proporcionales traen como resultado una distribución de representantes más similar a las preferencias de la población, pero suelen implicar necesidad de pactos postelectorales y  gobiernos menos estables.

Listas abiertas o cerradas

El debate también suele girar sobre si las listas deben ser abiertas o cerradas.

Habitualmente el debate suele girar también sobre las listas abiertas y cerradas como forma de elegir a los representantes. Obviamente las listas abiertas quitan poder de elección a los partidos para dárselo a los votantes, mientras que las cerradas facilitan el control de la elección de los representantes por parte de las estructuras de los partidos políticos. No obstante este debate es complejo. Junto a los beneficios de contar con un sistema de listas abiertas, existen numerosos inconvenientes: personalización y banalización de la política, complejidad en el ejercicio del voto, reducción del peso de los partidos como forma de participación ciudadana, y quizás, paradójicamente, mayor alejamiento entre representantes y representados. Otra opción sería que las listas fueran cerradas (solo se puede elegir a los candidatos de un partido) pero desbloqueadas (en el orden que se desee).

La organización de los partidos políticos

La forma de elección de los candidatos es un problema importante del sistema de partidos en España

Otro aspecto muy importante dentro del sistema electoral es el modo en que se organizan los partidos políticos. La democracia interna de los partidos y la forma de elección de los candidatos, quizás sean los principales problemas existentes en España con relación al sistema electoral, y sobre los que, posiblemente, habría que actuar. Junto a ello, también es importante regular el tiempo en el que un representante de los ciudadanos puede o debe ejercer esa función.

Actualmente el funcionamiento de los partidos tiende a facilitar la promoción de los más fieles a las estructuras y no de los más capaces. El apoyo al potencial líder, en ocasiones, da más réditos que la generación y defensa de ideas, y suele ser más rentable que ejercer fielmente la representación de los ciudadanos.

A ello se une que en España, tal y como se recoge en el interesante libro “La Urna Rota”, los funcionarios de partido y funcionarios “en sentido estricto” son los que tienen fácil acceso a la política. Los primeros, son los que su carrera profesional se reduce a ascender dentro de la estructura de los partidos políticos. Los segundos, desde la seguridad de un puesto vitalicio, pueden acceder a la política con una red que sostiene su posible caída.

La solución, si es que existe, tendría que ir encaminada hacia procesos que conllevasen mayor democracia interna, unidos a incorporar normas que limitasen los mandatos. Quizás sería necesario que se legislase sobre la obligatoriedad de realizar elecciones primarias, que se limitase los mandatos, y que se prohibiera compatibilizar más de un cargo público (o derivado de la representación pública).

La realidad en Laguna de Duero

Pero no quiero detenerme más en los problemas derivados de la organización de los partidos políticos, aun siendo ello importante. El objetivo es volver al principio del artículo, y analizar, en el ámbito local, la diferencia entre un sistema proporcional y con distrito único (como el que existe en la elección de los concejales) o uno en el que la elección fuera por distrito (mayoritario). Para ello pondré como ejemplo la realidad local de Laguna (aunque el análisis sería similar en cualquier municipio).

En los últimos meses, el gobierno introdujo como tema de debate la elección directa de los alcaldes. Coqueteó con sistemas similares a los utilizados en Grecia o en Italia, donde al partido que obtiene más votos se le da un plus de representación. Obviamente, este tipo de sistemas ahondarían en una menor proporcionalidad. Actualmente este debate ha quedado aparcado, pero, probablemente, volverá a la actualidad política en cuanto pasen los procesos electorales que nos acechan.

Recientemente se abordaba en una revista local (Laguna al Día) el problema de la distancia entre los representantes políticos y los representados, es decir, los ciudadanos. En gran medida, a mi entender, el articulista (Delfín Lozano) acertaba en su diagnóstico. Pero al final, proponía un sistema electoral en el que los representantes se eligieran por distritos y mediante listas abiertas. Es difícil poder prever lo que ocurriría si las elecciones se desarrollasen con un sistema similar al propuesto por Delfín, ya que quizás los votantes se comportaran de un modo distinto. Pero vamos a realizar una simulación a partir de los resultados de las últimas elecciones.

Si se aplicase un sistema mayoritario, eligiendo un representante por distrito, solo tres partidos conformarían la Corporación Municipal

En el último proceso electoral, tres partidos tuvieron 5 escaños (PP. PSOE e IL), Laguna Sí se Puede obtuvo 3, Laguna en Marcha 2 y Ciudadanos 1. Este resultado refleja una pluralidad de opiniones, de propuestas, de intereses, de visión del municipio. Cualquier vecino puede verse reflejado en las propuestas de alguno de los partidos que conforman la Corporación municipal.

Ahora queremos hacer el ejercicio de ver qué ocurriría si el sistema fuera un sistema mayoritario de elección por distrito. Actualmente el pueblo está dividido en 18 secciones y se eligen 21 concejales. Para poder hacer una simulación tendríamos dos opciones:

  • Dar dos concejales a los tres distritos con más tamaño.
  • Simular que se eligen 18 concejales, y comparar el sistema actual con uno mayoritario por distritos.

Por su sencillez, vamos a optar por la segunda posibilidad (la primera daría resultados similares). A efectos comparativos es aceptable.

Supongamos que se eligen 18 concejales en 18 distritos. Con el sistema actual, en el que se reparten los concejales según los votos obtenidos en todo el pueblo, el resultado hubiera sido el siguiente:

reparto_concejales

¿Y qué hubiera pasado con un sistema mayoritario en el que en cada distrito se asignara un concejal al partido más votado?

reparto_concejales_2

A efectos prácticos quizás no hubiera habido diferencia, ya que PSOE e IL podrían haber continuado gobernando en coalición. No obstante, Laguna Sí se puede, Laguna en Marcha y Ciudadanos no hubieran tenido representación (con un 11,5%, 10% y 7,6% de los votos, respectivamente). Igualmente, el número de concejales del PP hubiera sido mucho mayor que el que hubiera obtenido con un sistema proporcional (con apenas un punto porcentual más que Independientes por Laguna o 2,5 puntos más que el PSOE hubiera obtenido 3 concejales más).

Un resultado similar se hubiera obtenido si se hubieran repartido los 21 concejales existentes, repartiendo un concejal más a los distritos con más población, ya que se los hubieran repartido entre los tres partidos más votados.

Mi opinión es que en un municipio pequeño, como es Laguna, un sistema proporcional recoge mejor la pluralidad de opiniones. Elegir un solo representante por distrito no representa las distintas sensibilidades. La opinión de cerca de 900 habitantes, son los que tienen derecho a voto cada uno de los 18 distritos en los que se divide Laguna, no caben en la sensibilidad de un único representante. El sistema proporcional expresa mejor la voluntad de los ciudadanos.

Es necesario un sistema que obligue al diálogo y al entendimiento entre diferentes sensibilidades.

Y un último aspecto importante. Actualmente tenemos una corporación municipal integrada por seis partidos políticos distintos. El equipo de gobierno ha sido investido con el apoyo de Laguna Sí se Puede, y necesita sus votos (o el de cualquier otro partido) para poder sacar adelante las políticas municipales. Esto implica un mayor control político, bastante más que el que existiría si el sistema de elección fuera mayoritario. Y obliga al diálogo y al entendimiento entre diferentes sensibilidades.

Cada vecino tenemos una opinión. Y no debemos twittizar (perdón por la expresión) la política municipal agrupando las inquietudes de cerca de 900 vecinos en un único representante, como no podemos expresar temas complejos en 140 caracteres.

Un pensamiento en “Elegir a nuestros representantes

  1. Amigo Victor, gracias por hacer importante mi reflexion en Laguna al Dia, pero en la vida todo tiene un pero y en este caso creo que tu excelente analisis no tiene nada que ver con una reflexion sin nigun tipo de herencias ni adherencias, es simplemente una utopia, como otras que han sucedido a lo largo de la historia y que los ciudadanos decidiran si ven conveniente o no su aplicacion, para que luego se adapten las leyes y las formas a este nuevo concepto.

    Lo que tu planteas es mas de lo mismo y tan vanal como querer cambiar el sistema economico dentro del propio sistema, con diferentes enjuagues tecnicos, yo no hablo de partidos, hablo solo de ideas y de personas y estas son las que tienen que opinar.

    De todas formas si me gustaria que tus ideas ,las mias y las de la mayoria de ciudadanos anonimos, que tambien piensan, las aunaramos en beneficio general y no creo, que al menos yo percibo, nadie deberia ser el lider de la manada en sus comentarios.

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