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“LLUEVE…DETRÁS DE LOS CRISTALES LLUEVE Y LLUEVE

Sobre los chopos medio deshojados, sobre los pardos tejados 
Sobre los campos llueve
Pintaron de gris el cielo, y el suelo
Se fue abrigando con hojas
Se fue vistiendo de Otoño…..”

Joan Manuel Serrat, transmite en ésta canción el ambiente melancólico que suele acompañar a ésta estación del año.

El Otoño es una época que lleva a muchas personas a la melancolía, a la tristeza, o, en casos graves, a la depresión

MSGEl Otoño, fuente de inspiración para muchos artistas, es esa época que lleva a muchas personas a la melancolía, la tristeza y en los peores casos a la depresión.

Y es que en ésta estación, confluyen algunos factores determinantes en nuestro estado de ánimo que nos llevan a presentar a muchos lo que se conoce como TAE o Trastorno Afectivo Estacional.

La disminución de las horas de luz, los cambios de temperatura y otros cambios meteorológicos como el viento o la lluvia, conllevan cambios en nuestro organismo que favorecen la aparición de éste trastorno. Sentirnos más cansados, más melancólicos y con menos ganas de actividad, serían algunos de sus síntomas.

Los seres humanos, como seres vivos, respondemos a los cambios ambientales

OtoñoA fin de cuentas, los seres humanos respondemos a los cambios ambientales como seres biológicos que somos. No es por tanto de extrañar que la producción de ciertas  hormonas se altere ante una menor exposición a la luz solar.

La melatonina, que es la que explica que tengamos más sueño y también peor ánimo y más frío, es una hormona que se segrega en mayor cantidad en la oscuridad, por tanto va aumentando a medida que perdemos tiempo de luz.

En el caso de la serotonina, ocurre al contrario. Esta hormona que es responsable de que nos sintamos de buen humor y animados, se segrega en mayor medida con la exposición a la luz (solar, se entiende), por lo que en otoño en que ésta va siendo menor, sus niveles bajan uniéndose sus efectos a los del aumento de melatonina.

Como seres vivos, cuando llega el otoño, tenemos una necesidad biológica de prepararnos para la hibernación.

Todo ello responde a la necesidad biológica que tienen todos los seres vivos de prepararse para la hibernación. Comer más, dormir más y tener menos actividad ayuda a los organismos a preservar sus reservas de energía frente al frío. La cuestión es que hoy en día los seres humanos, no precisamos de ésta adaptación, puesto que contamos con alimento de forma estable y nuestras necesidades de calor las cubrimos, gracias a la técnica, con los sistemas de calefacción, no siendo ya necesario acumular grasa para sobrevivir al invierno.

No obstante nuestro organismo sigue respondiendo a los cambios estacionales y eso unido a la exigencia de mantener no solo la misma actividad, sino incluso de incrementarla (como ocurre cuando volvemos de vacaciones tras el fin del verano) hace aún más evidente el “bajón” anímico, el cual es mucho más acusado en aquellas personas que arrastran algún tipo de desajuste emocional.

Sentirnos poco activos y cansados, es algo absolutamente normal. Pero podemos tomar medidas que nos hagan superar ese estado.

Por tanto hemos de tener claro que sentirnos “apagados”, poco activos e incluso cansados, es algo absolutamente normal y que podemos superar éste “arrechucho” estacional con unas simples medidas:

  • Hagamos la transición del verano al otoño, lo más paulatinamente posible. Esto significa que podemos y debemos seguir manteniendo las actividades que hacíamos en el estío aunque cambiemos su horario. Si antes quedábamos con los amigos a las diez de la noche para tomar una caña, sigamos haciéndolo aunque sea a las ocho de la tarde.
  • Intentemos realizar actividad física, y si es posible, preferiblemente al aire libre. Da igual que sea andar en bicicleta, correr o simplemente pasear, la cuestión es aprovechar tiempo de luz y aumentar los niveles de serotonina con la activación física.
  • Intentemos no sucumbir a las exigencias del estómago. Los cambios hormonales nos van a provocar necesidad de ingerir hidratos de carbono, pero esto a su vez provoca pesadez, somnolencia y apatía. Comer ligero incluyendo en la dieta frutas y verduras (y un poco de chocolate) ayuda a que nos sintamos mejor.
  • Pongámonos un objetivo para cada día. Puede ser una actividad (ir a nadar), una comportamiento (llamar por teléfono a ese amigo que no vemos hace tiempo) o una actitud (intentar que nuestra actitud con los demás sea amable, por ej. en nuestro trabajo). El tener un propósito, por pequeño que parezca puede servir de motor para acabar el día de forma más gratificante.
  • Duerma lo suficiente. Si necesita dormir más (que es lo más probable) cuente con cubrir esa necesidad, yéndose media hora antes a la cama de forma paulatina.
  • No disminuya su actividad social. A veces el mal tiempo invita a que nos quedemos en casa y nos sirve de excusa para no quedar con los amigos o no ir a tomar un café con los compañeros de trabajo al salir del mismo, pero la relación con los demás eleva nuestro estado de ánimo y es necesaria.
  • Piense que esta situación responde a un periodo de adaptación y que una vez conseguida ésta, todo volverá a la normalidad y empezará a sentirse mejor y más animado.

Si a pesar de practicar estas recomendaciones continúa sintiéndose mal y durante más tiempo del que cabría esperar o usted desea, no dude en consultar con un profesional. Eso no supone que tenga un problema importante, simplemente que  a veces todos necesitamos un pequeño empujoncito, sobre todo cuando se esconden otras cosas tras la melancolía otoñal.

Autor: Montserrat Sanz García

7 pensamientos en ““LLUEVE…DETRÁS DE LOS CRISTALES LLUEVE Y LLUEVE

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