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Educación. Necesidades y derechos de los niños

Autora: Montserrat Sanz García  

Nunca se habían tenido tan en cuenta las necesidades y derechos de los niños como hoy en día, y nunca habían tenido los padres  más dificultades para su educación como ahora.

Nuestros comportamientos como educadores pueden tener gran trascendencia en cómo van a afrontar nuestros hijos la vida

Ser conscientes de que nuestros comportamientos como educadores pueden tener una gran trascendencia a la hora de determinar como de apto va a ser nuestro hijo para enfrentarse a la vida real, y las informaciones contradictorias que en este sentido llegan a los padres a través de los educadores, medios de comunicación, etc. hacen que la responsabilidad que sienten sobre sus espaldas sea tal, que se angustian y en muchos casos se bloquean y no saben cómo actuar de modo efectivo. Y no estamos hablando de padres con problemas con hijos adolescentes. No. Nos encontramos con padres que consultan  porque no saben qué hacer con la educación de sus niños de tres, seis o diez años.

Cuando hacemos talleres para padres o vienen a consulta se detectan estas inseguridades a través de las preguntas que plantean:

– ¿Qué hago si no hace los deberes?,¿tengo que hacerlos con él?

– No se ya que hacer con él, le castigo y parece que le de todo igual. Ya no se si es bueno castigarle o no…

– Etc…

No se trata de tener una respuesta preparada para cada situación.

Cómo les digo a los padres, no se trata de tener una respuesta preparada para cada situación (serán tantas y tan variadas las que se den a lo largo de la infancia y adolescencia de los críos que es imposible prever todas, entre otras cosas porque cada persona somos un mundo y cada crío nos sorprenderá de una manera, dependiendo de su personalidad, sus aprendizajes, etc.). Se trata fundamentalmente, de que cambiemos nuestra forma de ver la situación y el problema. De cambiar la perspectiva. Porque cuando hagan esto se van a dar cuenta de que las respuestas en cada situación, salen de forma espontanea y sin pensar. Es decir deben tener claras ciertas cuestiones y a partir de ahí adquirir la certeza de que aunque se equivoquen a veces, el camino que han marcado es el correcto y por tanto tendrán en sus respuestas el aplomo y la seguridad que da saber a donde quieren ir.

¿En qué valores queremos educar a nuestro hijo?, ¿dónde ponemos los límites?, ¿cómo es nuestro hijo?

Debemos plantearnos:

  • En qué valores queremos educar a nuestro hijo. Porque según sea nuestra escala de valores, así serán nuestras respuestas ante determinados comportamientos. Por ej. si queremos que nuestros hijos sean respetuosos con los animales, cuando veamos que dan una patada al perro o que estrujan al canario, nuestra respuesta será automática y no tendremos que pensarla mucho.1
  • Dónde ponemos los límites: es decir, qué estamos dispuestos a tolerar y qué no. Podemos ser tolerantes con respecto a qué ropa se quiere poner o que corte de pelo lleva, pero no vamos a tolerar por ej, agresiones por su parte a los padres. Si esto se da, probablemente responderemos de una forma segura y tajante.
  • Cómo es nuestro hijo. Porque cada persona presenta características propias que hacen que lo que es válido para uno, no lo sea para otro. Así por ej. hay críos con los que resultará efectivo elogiar sus comportamientos si queremos que se repitan, mientras que otros necesitarán un apoyo especial y sentir nuestra aprobación constante, debido a su baja autoestima.

La respuesta variará según el niño y su grupo familiar

Todos estos factores variaran según el niño y su grupo familiar, y por tanto la educación ira dirigida a unos u otros valores dependiendo de esta diferencia.

Es necesario educar en a tolerancia a la frustración, en la responsabilidad y en enseñar a diferir la consecución de los deseos

Pero donde no hay diferencia alguna es en la necesidad de educar a nuestros hijos en principios que universalmente están reconocidos como imprescindibles para la correcta adaptación y desarrollo de los individuos en la vida con los demás, en la vida social. Y que además son necesarios para una buena salud psicológica que les permita gozar de una mejor calidad de vida.

  • Uno de estos principios básicos es educar en la tolerancia a la frustración. La importancia de éste factor psicológico es tal, que podemos decir que gran parte de los problemas de agresividad, incapacidad para afrontar problemas y falta de resiliencia (capacidad que tienen las personas de, ante situaciones extremas, utilizar herramientas psicológicas que les permitan adaptarse y superar la situación saliendo fortalecidas de ello), tienen su base en la baja tolerancia a la frustración del individuo. Y esto no es algo que venga impreso en el código genético. Esto se aprende.

¿Cómo?, nos preguntan muchos padres. Diciendo NO cuando es necesario decirlo. Y lejos de sentirnos culpables por ello, debemos ser conscientes de que es un acto dirigido a una educación positiva del niño.

  • Haciéndoles responsables. De sus cosas, de sus comportamientos, de sus actitudes. Los padres no deben asumir las responsabilidades de sus hijos. No es por una cuestión de comodidad ni de egoísmo, es simplemente porque si hoy nos ocupamos de prepararles la mochila, mañana no se harán cargo de preparar su maletín de trabajo, si hoy estudiamos las lecciones con ellos y les hacemos los resúmenes, no esperemos que cuando lleguen a la Universidad vayan a ser capaces de hacerlo por sí mismos, y etc., etc., etc.

Educarles para que sean tolerantes a la frustración de no conseguir un juguete  o una chuchería cuando ellos quieren, les ayudara a aprender a diferir sus deseos y a que para conseguirlos es necesario cierto esfuerzo, y así quizá mañana cuando deseen un coche deportivo no lo saquen del concesionario sin poder pagarlo sino que esperen a ahorrar y se lo marquen como un objetivo de su esfuerzo.

  • Diferir la consecución de los deseos, es otro punto importante en el que se debe hacer hincapié educativamente hablando. Si acostumbramos a los críos a conseguir todo (o la mayoría) de lo que quieren aquí y ahora, nos va a resultar difícil que comprendan por que más adelante no pueden tener lo que quieren aunque su familia esté en la quiebra económica, por ej. (os puedo asegurar que estamos viendo muchos casos de agresividad y mala relación en hogares con sus miembros en paro e hijos que han estado acostumbrados a tenerlo todo “ya”).

Pensemos que los niños de hoy van a ser los hombres y mujeres de mañana y que no es responsabilidad de los padres vivir la vida de sus hijos, sino ofrecerles las herramientas necesarias para que vivan sus propias vidas de la forma más adaptada posible a éste mundo y a éste tiempo que les ha tocado vivir. Y de la misma manera que si queremos que coman no vamos a estar “pescando” por ellos, sino que les enseñaremos a “pescar”, si queremos que se enfrenten a las vicisitudes de un trabajo, de una relación sentimental o de un fracaso profesional no podemos librar las batallas por ellos pero podemos educarles para que salgan airosos de cada una de ellas.

Circula por la red una definición de lo que es un hijo y lo que se espera de un padre, que se atribuye erróneamente a José Saramago. Sea quien sea quien lo escribió, lo cierto es que es una forma hermosa de definirlo.

“Hijo es un ser que nos prestaron para un curso intensivo de como amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y de nosotros aprender a tener coraje.

Sí. Eso es. Ser padre o madre es el mayor acto de coraje que alguien puede tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente el de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo de perder algo tan amado.

¿Perder? ¿Cómo? No es nuestro, ¿recuerdan? Fue apenas un préstamo”….

EL MAS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRESTAMO ya que son nuestros solo mientras no pueden valerse por si mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias.

Así que preparémosles para devolverles lo más preparados posible para que sean felices.

7 pensamientos en “Educación. Necesidades y derechos de los niños

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