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Laguna de Duero, Retazos de nuestra historia (I):

Si bien existe, por supuesto, historia documentada de Laguna de Duero, nos surge la duda de que esta haya sido suficientemente divulgada y por ello suficientemente conocida por los habitantes, tanto antiguos como de aquellos que en su día optaron por Laguna de Duero como lugar de residencia. Pues bien estos retazos de Historia que venimos ahora publicando, tanto a través de los artículos de los Legajos, como por esta serie que ahora comenzamos, son para todos los vecinos que se acerquen a las páginas de La Fragua y su Ateneo.

Señalar y resaltar que estos pequeños apuntes históricos son posibles gracias a la labor investigadora que en su día realizó, compiló y publicó en su CRONICON Javier Palomar y a las aportaciones documentales y consejos de nuestro vecino y amigo Teodoro San José, así como la inestimable colaboración de nuestro Secretario del Ateneo, Roberto Novo. Vaya pues por adelantado nuestro reconocimiento a esa labor que nos permite, al Ateneo S.C. Laguna de Duero y su revista digital “La fragua de Laguna” y al que suscribe, miembro de ambos, Javier Rodríguez Abad, poder extraer datos y presentar, a modo de resumen esa Historia viva de nuestro pueblo y así poner, de forma sencilla, al alcance de todos algunos “retazos” de los aconteceres pretéritos.

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Oficios y el auge poblacional de Laguna:

En el Antiguo Régimen, siglos XVI a XIX, el oficio en el que se cimentaba, fundamentalmente, la sociedad era el de LABRADOR, que era el que aseguraba el sustento primario de la población. Este oficio se transmitía de padres a hijos por ley ancestral. De igual forma es evidente que los oficios artesanos rurales, que servían al principal de los labradores, eran de transmisión familiar, aunque se admitían miembros extrafamiliares en aquellos casos en que la continuidad generacional no estuviera asegurada.

Así en el año 1668, el maestro herrero de Laguna, Matías Herrero, establecía un contrato de aprendizaje con Vicente Gil para que su hijo entrara de aprendiz en la herrería de aquel por un periodo de cinco años. Este contrato estipulaba la cantidad que el padre debía abonar al maestro por la enseñanza que iba a recibir su hijo y el maestro herrero se obligaba, como era costumbre, a alojar en su casa al aprendiz, alimentándolo y cuidándolo cuando se ponía enfermo. Dicho documento se firmaba por ambas partes ante un Escribano Público, actualmente asimilable a nuestros Notarios, y Javier Palomar nos deja constancia de ello en un facsímil que relata el acto:

Bicente Jil, becino desta villa de Laguna, como lexitimo administrador de Sanctos Jil, mi hijo lexitimo, por la presente digo que asiento y pongo por aprendiz al dho mi hijo en el oficio de herrero con Mathias Herrero, vecino desta dha villa por tiempo y espacio de cinco años …que se cumpliran los dhos cinco años el año de mill y seiscientos y setenta y tres… para que durante el dho tiempo le tenga en su casa y servicio enseñandole el dho oficio de herrero de tal forma que al fin de los dhos cinco años le a de dar enseñado para que pueda travajar por oficial en casa de otro maestro y ganar lo mismo que otro oficial ganare y no abiendo acabado de enseñarle, le a de tener en su cassa asta que este abil a bistas de maestros del dho oficio para que se pueda exsaminar dandole cada mes quatro ducados de vellon de los meses y tiempo que tardare en enseñarle; y durante el dho tiempo, el dho Mathias Herrero le a de dar de comer, camas ropa limpia y curarle sus enfermedades como no pasen de ocho dias e yo el otorgante e de dar al dho mi hijo de bestir y calçar y e de dar a el dho maestro cien reales de vellon por el tiempo de los dicho cinco años… por la dicha enseñanza,y acaso se fuereel dho Sanctos Gil, mi hijo, de la cassa del dho Mathias Herrero su maestro antes de cumplir el tiempo de los dichos cinco años yo el dho otorgante e de tener obligacion a buscar a el dho mi hijo seis leguas en contorno desta dha villa de Laguna y ttraerle a cassa del dho su amo a mi costa y mision para que acave de cumplir el tiempo que le faltare y a de ser el bolberle todas las beces que faltare… y si caso fuere que yo el dho otorgantte no topare a el dho mi hijo para traerle… en tal casso se declara que en qualquier tiempo que pareciere aunque sean pasados los dhos cinco años biniendo el dho Sanctos Jil su hijo a esta dha villa de Laguna o a la ciudad de Valladolid y a la parte y lugar donde sepa que esta dentro de las dhas seis leguas e de tener obligacion a bolberle en casa del dho Mathias Herrero su maestro para que acave de cumplir el tiempo que le faltare desta dha escriptura…”

Por su parte, Matías Herrero acepta las condiciones arriba expuestas para tenerlo en su casa cinco años hasta que se pueda examinar de oficial y pueda ser admitido por cualquier maestro herrero… “… y no pudiendo en el dho tiempo, le tendre en mi casa todo el demas tiempo que fuere nezesario asta acavarle de enseñar…de tal forma que este abil y suficiente para hacer y obrar ttodo lo necesario tocante al arte de herrero y para que se pueda exsaminar asta en tanto… le pagare cada mes de los que tardare de darle abil…quatro ducados de vellon y asi mismo le dare de comer,cama y ropa limpia y le curare las enfermedades…”

Al mismo tiempo el maestro se compromete a que si trascurridos los cinco años y realizado el examen de oficial no fuese apto para poder trabajar con cualquier otro maestro, mantendría el compromiso firmado hasta que fuese “apto” y abonaría al muchacho una cuantía previamente pactada.

Los maestros herreros establecían una serie de tarifas para cobrar sus servicios e incluso ponía al servicio público la muela de su fragua para que los vecinos pudiesen afilar sus herramientas y a cuyo efecto el Concejo abona al herrero una cantidad para costear dicha muela.

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Con todos los datos anteriores y la aportación del legajo, se denota que en aquellos tiempos era posible aprender un oficio en Laguna. Pues bien, ésto y el comercio de la sal, que se extraía de la Laguna dieron lugar al crecimiento poblacional del Municipio. Según los censos, de aquella época, Laguna va a más; a pesar de las epidemias que periódicamente azotaban a la población, consiguiendo que nuestro pueblo llegase a convertirse en el más importante del alfoz vallisoletano, detrás de Tudela. Si a principios del Siglo XVI, Laguna era superada por pueblos como Cabezón, Wamba, Mucientes, Villabañez o Villanubla en el año 1592, según el censo encargado el año 1591, ya se podía afirmar que Laguna había superado a esos municipios, pasando de 131 familias en 1530 a las 273 contabilizadas en 1592, lo que suponía un total de unas 1200 almas en nuestro pueblo. En el referido censo es reseñable, según nos relata J. Palomar, la existencia de un reducido número 12 personas, de moriscos, procedentes de la deportaciones efectuadas tras la dominación del reino de Granada en 1492, acogiendo Laguna un número de ellos, al igual que otros municipios del alfoz. Estos moriscos se fueron integrando, perfectamente, entre la población, pasando a dominar algunos oficios donde demostraron ser superiores a los “cristianos viejos”, siendo los más cotizados en el ámbito de los carpinteros de construcción y demostrando ser magníficos hortelanos, no olvidar que la huerta ha sido y sigue siendo tradicional en Laguna.

También aparecen incluidos en el censo los 30 religiosos franciscanos del venerable convento del Abrojo, es pues un panorama halagüeño para Laguna que se muestra como una aldea pujante, que confía en sus propias fuerzas.

Esta pujanza se fue consolidando con el tiempo, para en el pasado Siglo XX convertirse Laguna en el segundo núcleo poblacional de la provincia de Valladolid, todo ello al amparo de los trabajos de desecación de su laguna que dio nuevos terrenos al municipio y dando lugar al nacimiento del populoso barrio de Torrelago y posteriormente a Prado Boyal, amén de la sustanciosa mejoría de su casco urbano tradicional, “el pueblo”.

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El presente artículo pretende ser un elemento meramente divulgador de la cultura histórica de nuestro pueblo, Laguna de Duero y está enmarcado en una serie de artículos ya publicados o que se irán publicando, relatándose en ellos diversos aspectos de la vida de sus habitantes y de los aconteceres a lo largo de los siglos pasados. Todos ellos a través de nuestra revista digital “La Fragua de Laguna”, escaparate visible del Ateneo Socio Cultural de Laguna de Duero.

Un pensamiento en “Laguna de Duero, Retazos de nuestra historia (I):

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