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Ciconia ciconia

Autora: Rocío Garrido

Desde muy niña, siempre me ha causado fascinación esa ave tan majestuosa y cargada de leyendas. Intentaba imaginarla sobrevolando el horizonte, el cuello bien extendido hacia adelante y las largas patas sobresaliendo ampliamente por detrás de la cola, batiendo libremente sus enormes alas blancas terminadas en los extremos por el mas puro de los negros. Y yo, acomodada en un hatillo enganchado a su gran pico rojo, me distraía ideando formas de algodón entre las nubes, hasta que planeando sobre el cielo azul desteñido del otoño, me depositaba cuidadosamente en el balcón de una casa de labranza en el corazón de tierra de campos. Allí es donde me encontraron mis abuelos después de que aquel extraordinario pájaro golpease el cristal con el pico para anunciarles de mi llegada.

Eso fue lo que me habían contando mi madre y mi abuela al amor de la lumbre en la misma vieja casa donde una tarde de septiembre me había dejado la cigüeña; y eso mismo fue lo que seguí creyendo hasta que llamó a mi puerta la adolescencia. Ninguna otra de las respuestas que el tiempo me descubrió sobre los enigmas de la vida o las piadosas mentiras de la infancia, ni siquiera la primera Navidad en que fui consciente de que los Reyes Magos eran más Magos que Reyes, me dejó tan desolada como aceptar que aquel pájaro maravilloso que para mí representaba la libertad, no había sobrevolado el horizonte portándome en su pico.

Observo la torre de la Iglesia y también el depósito a diario, sobre el que anidan decenas de cigüeñas. Paso mucho tiempo embelesada mirándolas: una noche me entretuve en contarlas y sobrepasaban la treintena. En verano hay veces que vuelan tan bajo que parece que fuesen a estrellarse contra mi ventana. Son increíblemente grandes, su vuelo es elegante y reconforta tomarse el primer café de la mañana contemplando como despliegan sus alas al abandonar el nido, como van y vienen al calor del incipiente sol de las primeras horas del día. Y por la noche, cuando las horas se detienen, es relajante comprobar como se arropan en armonía, cada cual en su espacio, agrupadas por parejas.

Caminando por el suelo con paso lento y deliberado, parece que fuesen las reinas de la pasarela; suelen estar bien erguidas, alcanzando una notable altura, con frecuencia no inferior a un metro. También se encogen, plegando el cuello sobre la espalda y entre los hombros, con el pico dirigido hacia abajo y casi oculto entre las plumas de la garganta. Normalmente permanecen posadas largo tiempo sobre una sola pata y pasan varias horas peinándose el plumaje, bien en un árbol, un edificio alto, en el suelo y más a menudo en el propio nido.

Laguna de Duero ha sido bendecido en las aguas del lago, pues durante la época de la cría este ave extraordinaria vive en poblados, no lejos de campo abierto, y la presencia de lugares húmedos es fundamental en su biología. Es este hábitat el que atrae a tan gran número de ejemplares de la cigüeña blanca (Ciconia ciconia), que se alimenta fundamentalmente de ranas y renacuajos, tritones, lagartijas, culebras de agua, lombrices de tierra, peces, gusanos e insectos. Tienen una media de vida entre 16 y 18 años, el récord está en un ejemplar anillado en Sudáfrica, con 24. Las cigüeñas son pájaros entrañables, podríamos decir que es prácticamente un ave doméstica pues desde siempre ha convivido con el hombre. En general, se mantienen fieles toda su vida a su pareja y ocupan cada año el mismo nido.

A lo largo de la historia se le ha asociado con buenos augurios y bienaventuranzas y ha sido siempre la anunciadora de la primavera, pero en las últimas décadas vengo observando con tristeza que algo extraño está ocurriendo, porque ya no vienen por San Blas (3 de febrero), sino que han ido adelantando su llegada exageradamente. Un año llegaron en enero, al año siguiente en Navidad, al otro a primeros de diciembre (cuando lo peor del invierno estaba aún por llegar), el año pasado el primer ejemplar estaba ya el día de los Santos (1 de noviembre), y este año el 24 de octubre fui testigo perplejo de como llegaba la primera cigüeña al depósito (solamente hacía dos meses que se habían ido). Esto es ciertamente anormal. Me pregunto qué está pasando, qué estamos haciendo con el medio ambiente, qué le está ocurriendo a este planeta nuestro que por el momento es el único que tenemos.

2 pensamientos en “Ciconia ciconia

  1. Rocio, enhorabuena por esa excelente descripción de ese ave majestuoso- como tu bien dices-
    . Al igual que esa pregunta que te haces , sobre lo que puede estar pasando en este nuestro Planeta y, único.

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  2. Gracias Rocío por recordarnos que las tenemos ahí y a veces serán invisibles a nuestros ojos, también por hacerme rememorar los años de niño y que el día de San Blas nos obsequiaban con paciencias, algunos días las necesitaría de nuevo.

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