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Palabra de mujer

Autora: Rocío Garrido

En relación con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer del 8 de marzo, Rocío Garrido nos ha “prestado” uno de los relatos incluidos en su libro “Caminando en tus zapatos“, que viene muy a cuento con este día, esperando que os guste.

 

Palabra de mujer:Pa.

La abuela Carmen es una mujer de clase alta, serena y distinguida que hoy cumple 90 años. Antonia es la mujer de servicio, entrada en carnes, que lleva a su lado más de cuatro décadas, desde que a los dieciséis llegó del pueblo con un atillo y sin saber leer.

  • Ay Señora que ya está sonando el timbre y atoavía tengo la tarta en el horno.

Llega Carmencita, una mujer joven, alegre y vitalista

  • Buenas tardes Antonia, ¿Cómo está mi gordi favorita?

(dá una palmada en el trasero de la asistenta y estampa un beso en la mejilla de la anciana)

  • ¡Happy birthday to you! a la mejor abuela del mundo, la más guapa, la más buena y la más inteligente.
  • Anda, anda, zalamera, que eres una zalamera.
  • Pero si es verdad que eres la mejor y el ser que más quiero del mundo. Vengo de pasear por el Retiro, ¡está precioso!, lleno de flores, lleno de luz, … ¡ay abuela!, la primavera es la renovación de los votos de la vida, nos recuerda cada año que la muerte no existe y la vida fluye a borbotones en toda la tierra, en el mar, en el aire, en nuestros corazones…
  • ¡Sobre todo en algunos, hija, sobre todo en algunos!, ¿donde he oído yo que andas tonteando por ahí con un muchacho?
  • ¡Ay abuela, si lo vieras!, es tan guapo…

Llega Julia, una mujer esbelta, agresiva y muy desenvuelta.

  • Buenas tardes Antonia, el tráfico en Madrid está cada día más imposible, pensé que no llegaba nunca.
  • Vaya, vaya, ya viene mi hermanita quejándose, ¡que raro!, ¡no me lo puedo creer!
  • No me toques la moral, Carmencita, ¡esta tarde no! que vengo de un Consejo de Administración de soportar a quince chiquilicuatres engominados y prepotentes y estoy con la escopeta cargada.
  • Pero bueno, Julia, digo yo que tu abuela se merece un beso por su cumpleaños, ¿no?
  • Tienes razón, abuela, perdóname. (le da un beso respetuoso en la frente). Supongo que habrás recibido las flores que te envió mi secretario esta mañana.
  • ¡Ah! entonces eran tuyas. Sí, llegó un hermoso ramo de rosas, esas mismas que están sobre el aparador, pero sin tarjeta.
  • ¡No sabes como lo siento abuela! Es que tengo que estar en todo, hasta en una simple tarjeta. ¡Es indignante!¡es que no sirven para nada!, y en esto del detalle ¡sin comentarios!, hay que decírselo todo clarito, clarito, y aún así no dan una. Son como robots, si no les das la orden correcta, no funcionan. No se les ocurre nada por sí mismos. Debe ser que la testosterona les bloquea las conexiones del cerebro, y sólo les deja funcionar el órgano de miccionar. ¡Algo les falta!, sin ninguna duda.
  • Ja, Ja, no les falta de nada, hermanita. Yo les encuentro pero que muy completos y no sólo en el cerebro. Mas bien es a nosotras a quienes nos falta algo, ¿no crees?
  • ¡No seas ordinaria, Carmencita! Y además arrastras un complejo de castración incorregible, ¡realmente ordinaria y primitiva!
  • ¡Anda, mírala ella, tan fisna, hija pues de poco te sirve, porque no te jalas un rosco! Te vendría bien relajarte un poquito, ya me entiendes, que estás muy tensa.
  • ¡Relajaos las dos!, niñas por favor, ¡hay que ver que diferentes sois!, parece mentira que hayais salido del mismo útero. Vamos a ver, Julia ¿como es eso de que tienes un secretario?, es curioso, pensé que tendrías una secretaria como todo el mundo, es lo normal. ¿no?
  • Lo normal, lo normal, ¿que es lo normal, abuela?. ¿Dónde está escrito lo que es normal y lo que no lo es?, ¿Lo normal es que las mujeres nos pasemos la vida demostrando constantemente lo que a ellos se les supone por defecto, como a los ordenadores? ¿Lo normal es que nosotras nos dejemos la piel en la Universidad con mejores expedientes académicos que ellos, para que, cuando lleguemos a la empresa, nos ofendan con puestos siempre por debajo de nuestras capacidades? ¿Lo normal es que cuando con sangre, sudor y lágrimas consigamos el puesto que merecemos, deleguemos siempre en otra mujer las tareas que la sociedad nos asigna también por defecto, como los trabajos domésticos o los puestos secundarios, como el de mi secretario, por ejemplo? Pues no abuela no, a mí no me parece que eso tenga que ser lo normal. O jugamos todos ó rompemos la baraja.
  • Vaya, vaya, como no nos iba a soltar Julia el discurso feminista del día. A ti lo que te pasa es que eres una resentida, hermanita.
  • Pues mira, no lo creo, pero te aseguro que me han dado motivos, muchos motivos para serlo.
  • Buenas tardes, Antonia, ¿Han llegado ya mis hijas?
  • Sí señorita Celia, aquí están ya, que cada vez que están juntas, hay que verse, quesque son como el perro y el gato, ¡demontres de chicas!, que son igual que cuando chiguitas, que si una dice qu’es blanco, pues va la otra y dice que no, qu’es negro de toa la vida. ¡Hay señorita, que coraje que me dá!
  • Felicidades mamá, ¿Como estás hoy? (le da un beso en la mejilla a doña Carmen)
  • Mejor que nunca, hija, mejor que nunca, ahora que tengo a mis tres chicas juntas. Y tú, ¿como estas? ¿Como van esos trámites?¿Qué tal tu nuevo estado civil?
  • Estupendamente, madre, soy una mujer nueva, ¡estoy divorciada! por primera vez en mi vida me siento libre, sin ataduras, ¡me siento feliz!, ¡me siento autosuficiente! ¡Lástima no haber podido hacerlo antes!
  • A Julia le indigna el comentario de su madre
  • ¿Qué significa eso?, explicaté mamá ¿Porqué no? ¿Porqué no has podido hacerlo antes?
  • Pues, espera que lo piense, (con ironía) ¿Tal vez, porque tenía dos hijas?…, sí, creo que fue por esa pequeña cuestión sin importancia. Por ellas, porque quería darles el mejor ambiente posible donde crecer, una familia donde pudiesen contar con cada uno de nosotros cuando nos necesitasen, un ambiente estable donde no faltase ni la figura del padre ni la de la madre.
  • ¿De qué ambiente estás hablando, mamá? de un ambiente falso, fingido, donde se hace creer al mundo que todo es perfecto, que nunca pasa nada, que todos son felices y comen perdices?, donde todo parecido con la realidad es pura coincidencia, ¿es ese el mejor ambiente para crecer? ¿Quién necesita un ambiente así? Acabas de decir que por primera vez en tu vida te sientes feliz, porque te sientes autosuficiente, y tienes mucha razón, “autosuficiente”, esa es la palabra clave, madre, que significa suficiente por sí misma, ya lo ves, no necesitas un hombre que le dé sentido a tu vida, tu vida ya tiene sentido desde siempre. No les necesitamos para nada. ¡Pero si dentro de poco no serán necesarios ni siquiera para procrear!, podemos clonarnos entre nosotras con nuestros óvulos y nuestras células. Así de sencillo, ¿Quién les necesita?
  • Pues mira, yo, hermanita; yo, les necesito. El que papá y mamá tuviesen problemas era asunto suyo, ya que fueron lo suficientemente discretos como para no trasladar sus problemas al resto del mundo; y si han decidido arreglarlos ahora, es una decisión también suya, que me parece bien y me merece todo el respeto del mundo. Y además es admirable y muy de agradecer el que ellos hayan sacrificado sus vidas, haciendo algo que no querían hacer, vivir juntos, sólo por ti y por mí. Desde luego, yo no soy quien para juzgar que tipo de marido era papá, pero sí puedo decir que ha sido un buen padre y que lo seguirá siendo, independientemente de su estado civil. Yo le he necesitado siempre y le seguiré necesitando.
  • Antonia sirviendo el café: Diga que sí, señorita, diga que sí, que ha hablao usté mu rebien. Que yo también necesitaba de mi hombre cuando lo tenía; que cuando estuve yo mu mala con los cólicos que me daban en los riñones, mi Ildefonso, que en pá descanse, no se separó de mi cama ni un ratico; y bien que me cuidó el pobre, ¡tan bien como lo hubiera hecho una madre!
  • Julia: ¡Vaya, vaya! Resulta que Antonia acaba de decir algo ciertamente interesante, motivo de análisis, diría yo, acaba de decir: ” tan bien como lo hubiera hecho una madre”. Vamos a ver: ¿no os parece que ya está bien de asumir el rol de la madre-enfermera, y de decirnos a nosotras mismas que nadie lo haría mejor? Y que mientras desempeñamos el papel secundario, (siempre el que les hace la vida más fácil a ellos), ya sea el de esposa-complaciente, secretaria-colaboradora, o enfermera-ayudante; les estamos dando la tremenda ventaja de ser el marido cabeza de familia, el director general o el doctor en cirugía; siempre personajes principales y de éxito. Y cuando en un momento determinado, como en el caso de Antonia, son ellos los que desempeñan de forma “ocasional” el papel secundario y atienden a su mujercita “como lo hubiera hecho una madre”, siempre claro, porque ella tiene un cólico nefrítico y no se puede mover, nosotras les estamos eternamente agradecidas y hasta se lo contamos a nuestras amigas.
  • Antonia: Ay señorita, ¡lo dice usté de una forma!, el caso es que tie usté razón, ¡carajo! pero ¿que le vamos a hacer? Tendrá que ser asín, resinación.
  • Julia: ¿Resignación?, no, resignación nunca. ¡Competitividad!, tenemos que dejar ya la falsa idea de que estamos aquí para hacerle a ellos la vida más fácil y convertirnos en seres competitivos para ganar esas posiciones ventajosas en igualdad de condiciones. Con las mismas armas, en este campo de batalla que es el mundo: la misma preparación y los mismos cargos, con la misma remuneración y el mismo status. ¿O es que todavía no lo veis claro?

Suena de nuevo el timbre de la puerta. Abre Antonia.

  • Buenas tardes, mi querida Antonia.
  • Buenas tardes, señorita Gloria. Pase usté que aquí se está armando la de San Quintín.
  • Doña Carmen: Querida Gloria, ¡Cuánto me alegro de verte!
  • ¡Felicidades Doña Carmen! No podía perderme su noventa cumpleaños y me moría de ganas por una tertulia con vosotras.
  • Celia: ¿Cómo estás Gloria? aunque no es necesario que me lo digas, ya lo veo, espléndida, como siempre. ¿Cómo te trata la vida?
  • Gloria: Bueno, la vida me trata bien a mí porque yo le trato bien a ella. La vida y yo somos buenas amigas. Y, sobre todo a mí me conviene llevarme bien con ella, puesto que como ya sabes, mi querida Celia, hace tiempo que decidí ser feliz.
  • Carmencita: ¡Ahí es nada! Eres mundial, Gloria.
  • Celia: A ver, a ver…explicate un poquito mejor, ¿Y eso lo podemos hacer todas?
  • Gloria: Ya lo creo, chicas, ya lo creo.
  • Julia: Uy, uy, uy, Gloria, me parece a mí que entre tus clases de yoga, tus cursillos de control mental y tus dietas macrobióticas, te están dejando la materia gris como un chicle.
  • Claro que no, cariño. A lo que tu te refieres y que yo practico, sin duda es sólo aquello de “ment sana in corpore sano”. Muy saludable en todos los aspectos.
  • Carmencita: ¡Ay Julia, hija, tú siempre tan escéptica! Deja que Gloria nos cuente qué hay que hacer para ser feliz.
  • Celia: Eso es, Gloria, cuéntanoslo por favor, a ver, ¿cómo se hace eso? ¿cómo se puede ser feliz en condiciones adversas?, cómo pueden serlo las mujeres del tercer mundo, cuando ven que sus hijos mueren de hambre. ¿Cómo se puede ser feliz con una enfermedad teminal, o simplemente cuando no se tienen cubiertas las necesidades básicas, cuando el mundo no es justo contigo?
  • Gloria: Bueno, no es fácil, no os vayais a creer. Es una decisión voluntaria, consciente y responsable, que consiste en sacarle ventajas a lo que se tiene. En positivizar las experiencias. En poner la atención en las rosas en lugar de las espinas. En disfrutar de la vida, a pesar de las condiciones adversas, ó la enfermedad. En ser feliz, al fin, a pesar de todo. En cuanto a que el mundo no sea justo contigo: nadie dijo nunca que el mundo fuese justo, ni tampoco que la vida fuera facil, sólo dijeron que valía la pena. Por eso, a pesar de todo, yo he decidido ser feliz.
  • Doña Carmen: Gloria, hija, ¡qué sabia eres!. Pues ya que hablamos de estas cosas, he leído en algún sitio que el estado de ánimo influye también en la salud ¿No es así? y a mi edad eso me interesa mucho. Dinos lo que sepas.
  • Gloria: Ya lo creo, Doña Carmen, y con resultados sorprendentes. Se ha demostrado que la mayoría de las enfermedades son psicosomáticas, es decir, producto del stres y de poner la atención en lo que no nos gusta de la vida. Y luego, claro, se manifiestan físicamente en cualquier parte de nuestro cuerpo, normalmente en las más frágiles. Así es que, ya veis, la felicidad es una garantía de salud. Lo dejó escrito Gabriel García Marquez en Cien años de soledad: “No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad”.
  • Carmencita: Claro que sí, Gloria tiene toda la razón. Además, con el mal humor salen arrugas, la expresión se endurece y el carácter se agría. De buen humor se está más guapa, se dulcifica el rostro, todas lo sabemos.
  • Gloria: Lo has explicado muy bien, Carmencita. La alegría hace que generemos endorfinas, que son las hormonas de la felicidad. Eso sin contar los efectos tan positivos que el buen humor produce en nuestro entorno: cuando alguien se llena de felicidad, contagia a las personas de su alrededor y revierte en su propio beneficio. Si el humor tuviese forma física, ésta sería la de un boumerang, ya que regresa siempre al punto de partida. Aquellos que ofrecen alegría, reciben alegría. Al contrario también ocurre, naturalmente. El mundo es un gran espejo que devuelve siempre la imagen que recibe.
  • Doña Carmen: Es curioso, mis niñas, una verdad tan simple y tan eterna, y que nos cueste tanto comprender.
  • Gloria: Y llegado este punto tan trascendente, os voy a confiar mi más íntimo secreto al respecto, (bajando la voz con complicidad) de forma estrictamente confidencial, naturalmente, pues escuchad: he decidido Ser Feliz por tres razones fundamentales:
    • Primera, por mí: por puro y simple egoísmo, porque estoy mucho más guapa, más sana, más contenta, y además tengo mejores amigos por contagio.
    • Segunda, por los que me quieren bien: porque se merecen la mejor posibilidad de mí misma.
    • Y Tercera, por los que no me quieren bien: porque no hay venganza mas sutil que tus enemigos sepan de tu felicidad.
  • Julia: Confieso que nunca lo había visto desde ese punto de vista, Gloria, y admito que es ciertamente interesante, sobre todo la tercera razón fundamental (rie) ¡que se jodan!.
  • Antonia: Tie usté razón, señorita, ¡anda que no tie que dar desazón!
  • Gloria: Bueno, Celia, cuéntame, pues ya tenía yo ganas de hablar contigo, y tú, ¿te sientes más feliz ahora, con tu nueva vida?.
  • Celia: De eso precisamente estábamos hablando cuando tú llegaste, de que soy una mujer nueva, una mujer independiente, una mujer libre.
  • Gloria: Libre lo has sido siempre, cariño, la libertad está aquí (se señala la frente con el índice), ahora tan sólo eres independiente.
  • Carmencita: Otra vez ese palabro, ¿pero independiente de qué? ¡Vamos a ver!
  • Julia: Ay Carmencita hija, pues de qué va a ser, de los hombres, por supuesto.
  • Carmencita: Pues es una lástima, ¡con lo que a mí me gusta ser dependiente de mi chico! Gloria, dinos que te parecen a tí los hombres, porque he tenido una enganchada con Julia y necesitamos una tercera opinión.
  • Gloria: ¿Los hombres? ¿Que qué me parecen los hombres? ¿que quieres que te diga? Pues muy bien, me parecen muy bien. Me encanta su sentido práctico, su mente pragmática, su pensamiento lineal que me baja a la tierra constantemente. Necesito de su influencia para afrontar el mundo todos los días, para equilibrar el yin y el yan. Ellos son, como te lo diría yo…, son mucho mas equilibrados que nosotras, más ecúanimes, menos envidiosos, más indulgentes… Ellos nos complementan, así de sencillo. ¡Me encantan los hombres, tal y como son, por dentro y por fuera!
  • Carmencita: ¡Ajá! Ya sabía yo que eras de las mías. Yo estoy feliz con mi chico, encantada de la vida…, enamorada…, esa es la palabra, enamorada. Cuento las horas que me faltan para verle. Es mi primer pensamiento por las mañanas y el último por las noches. No puedo pensar en otra cosa, mi mente está siempre ocupada en él. Le pienso y le sueño; deseo despertarme con él, pasear con él, comer con él, viajar con él,…nunca había sentido nada parecido. Le necesito tanto como al aire que respiro, me siento totalmente dependiente. Si Julia, dependiente, esa palabra que a ti no te gusta nada, pero a la vez feliz, feliz, feliz. Y no necesito proponérmelo, Gloria, es así porque sí, es así y ya está. No es una decisión consciente y voluntaria como la tuya, es totalmente incosciente e involuntaria. Es algo que viene de fuera de mí, no sé de donde, del Universo, de la Naturaleza, o tal vez de Dios.
  • Julia: Lo que estás es obnubilada, hermanita. Los hombres están muy bien…claro, si nadie lo discute, pero sólo para un rato, tu ya me entiendes. Son como los clinex, los usas y después los tiras.
  • Carmencita: Claro que te entiendo Julia, entiendo que les has declarado una guerra sin cuartel, que te has pasado la vida compitiendo con ellos. Eres tú la que no me entiende a mí y no sabes como lo siento, y no sólo por mí, sino por ti, porque no tienes ni idea de lo que te estás perdiendo, de lo que te estás negando a tí misma con esa fobia y esa actitud de revancha, al vivir contra ellos en vez de con ellos. Lo siento porque te estás perdiendo las mejores emociones y te aseguro que los hombres pueden brindarte mucho más que ese “rato”. En la vida de las mujeres siempre ha habido padres, hermanos, maridos e hijos y lo único que no entiendo es esa obsesión por culpar a los hombres y al patriarcado de los males del mundo.
  • Julia: ¡Que curioso!, porque yo estoy rodeada de hombres y te aseguro que no les encuentro nada interesantes.
  • Antonia: Ay señorita, eso es que no ha encontrao usté al que le haga tilín de verdad; qu’el día que lo encuentre ya verá como no dice usté lo mismo.
  • Doña Carmen: ¿No será Julia, que estás siendo demasiado exigente?, tu nunca te has permitido el más pequeño tropiezo en nada ¡Siempre tan perfeccionista!, que desde que eras pequeñita ahí estabas tú destacando en el colegio, después en la Universidad, siempre tenías que ser la primera en todo, en las notas, en el deporte…, quizá estés siendo tan exigente con ellos como lo has sido contigo misma toda tu vida. Tal vez los hombres que te rodean no sean capaces de dar tanto, niñita mía, quizá hayas puesto el listón demasiado alto.
  • Julia: No lo había visto de ese modo, abuela.
  • Carmencita: ¿Como ibas a verlo hermanita?, si en lugar de cerebro tienes un ordenador de última generación y en lugar de corazón un témpano de hielo.
  • Julia: ¿Con que un témpano de hielo, eh? Tengo una curiosidad, Carmencita, que libro tienes sobre tu mesilla de noche, ¿una novela de Corín Tellado ó quizá de Bárbara Carland? Es muy propio de ti.
  • Carmencita: Y tú, ¿Qué tienes en tu mesilla de noche, hermanita? ¿el último Plan Económico-Financiero de la empresa? O quizás ¿el acta del ùltimo Consejo de Admistración? También es muy propio de tí.
  • Celia: No os permito ni una discusión más. ¡Os habeis pasado la vida entera discutiendo!
  • Gloria: No por favor Celia, déjalas, esto no es una discusión más. Al fin y al cabo, este contraste de formas de ver el mundo es muy divertido y enriquecedor.
  • Celia dirigiéndose a Julia: Tienes que admitir, hija mía, que tú eres la excepción que confirma la regla. Y que a más de una nos gustaría tomar las riendas de nuestra vida para asumir papeles más relevantes en nuestra sociedad, e ir escalando posiciones en las cimas de los gobiernos del mundo, las empresas del mundo, los hospitales del mundo…, pero tal vez nos falte el valor, las ganas, ó no se qué…, y nos conformemos con esos papeles secundarios de los que tú hablabas antes.
  • Julia: Sabéis que es lo más triste de esta historia nuestra de cada día por ir ganando posiciones en los gobiernos del mundo, los hospitales del mundo, las empresas del mundo… que han sido precisamente las mujeres las que han obstaculizado el camino de otras mujeres que decidieron brillar con luz propia, social y profesionalmente.
  • Carmencita: ¿La vieja historia de que las mujeres son más machistas que los hombres?
  • Julia: Pues sí, cierto tipo de mujeres son más machistas que cierto tipo de hombres. Y como consecuencia, el peor enemigo de la mujer ha sido siempre la propia mujer.
  • Doña Carmen: El papel de las mujeres siempre ha sido importante: “el descanso del guerrero”…ya sabéis lo que se dice: “que detrás de todo gran hombre, siempre hay una gran mujer”.
  • Gloria: ¿Estáis seguras de que el lugar es detrás?, Yo diría que es precisamente delante. Es delante de todo hombre, ya sea grande o pequeño donde siempre hay una mujer tirando de él. Somos las mujeres las dueñas del mundo y no los hombres; somos nosotras las que les parimos, las que les educamos, las que les guiamos, y las que nos acostamos con ellos. Un hombre siempre hace lo que una mujer quiere que haga. Primero lo que quiere su madre y después lo que quiere su pareja. Siempre hemos sido nosotras las que hemos tenido una influencia decisiva sobre ellos y una mujer medianamente inteligente sabe utilizar ese poder.
  • Antonia: Ay señorita, si es qu’es lo que yo digo, que tiran más dos tetas que dos carretas. Que si la mujer dice ¡arre!, corren que se las pelan, pero si dice ¡sóoo!, ahí les tienes frenaos… pos si en el fondo son toos unos peleles, diga usté que sí.
  • Celia: Los hombres están muy bien apoltronados en una situación de privilegio que les viene de siglos y no están dispuestos a perder de sus fueros. A cambio de llevar sobre sus hombros la responsabilidad económica han exigido una esposa amante y complaciente, que sea a la vez madre, cocinera, limpiadora, modista, decoradora, enfermera, economista, secretaria, la maestra que dé clases particulares a sus hijos, la socióloga que lime asperezas, la mediadora entre él y los demás, la perfecta anfitriona en su casa, la relaciones públicas de la familia, y que además de todo eso se mantenga en perfecto estado de revista, siempre atractiva y presentable para que pueda ser mostrada a la galería como la pieza más exquisita de su patrimonio. Un símbolo de su poder y su prestigio.
  • Julia: Después de oírte mamá, lo tengo más claro que nunca, la esposa es la martir de la falocracia. Pues yo me niego a ser una esposa, me niego a ser todo eso que acabas de decir. Lo que yo quiero es tener una esposa de sexo masculino que se ocupe de mí, de mis vástagos, de todos mis asuntos, que tenga satisfechas mis necesidades sexuales y, por supuesto, de aspecto y trato agradables, ¿que os parece? Tener una esposa es un chollo.
  • Antonia: Ay señorita, que cosas tie usté, pues siesque los hombres están mu montaos en el burro y no hay quien los apee. ¡Habría que verles!, ¿pero usté se cree que iban a tragar?
  • Doña Carmen: La pregunta es si iban a tragar las mujeres. Si las cosas son como son por algo será y si estamos aquí es porque a ésto hemos llegado. No se trata de cambiar las cosas, sino de aceptarlas. Las mujeres hemos sido útiles y felices realizando las funciones que tú has enumerado antes, Celia, hija mía. Tal vez quien esté por encima de todo sea la naturaleza. Os guste o no, mis niñas, el fondo de esta polémica no es una guerra de poderes sino de hormonas. Somos nosotras las que llevamos a los hijos en las entrañas, nosotras las que los parimos y nosotras las que los amamantamos, parece lógico que seamos nosotras las que los eduquemos, es la fuerza de la vida.
  • Julia: La vida de las mujeres no se reduce a la maternidad, abuela, es mucho más rica y complicada. Las cosas no tienen que ser como son, sino como deseamos que sean. Y ya que tú has dicho que no se trata de cambiarlas sino de aceptarlas, se me ocurre remontarnos a los orígenes para buscar las causas de porqué son así. Desde el principio de los tiempos, mientras el macho salía a cazar, la hembra se quedaba recluida en la cueva criando a los cachorros, y si es que han sido los cachorros los que han limitado a la hembra, es una trampa demasiado cruel. Es cierto que somos naturaleza. Yo misma cuando era adolescente llegué a odiar esa naturaleza que me atribuía un cuerpo que me trastornaba con sus alteraciones hormonales, aquella hemorragia que corría por mis piernas cada mes irremediablemente y que alteraba no sólo mi cuerpo, sino también mi mente y mis estados de ánimo. Todos aquellos cambios que a los chicos no les ocurrían nunca. Y junto con mi cuerpo y mi adolescencia llegué a odiaros a todas vosotras, a todas las mujeres que me habían precedido y que compartían mi vida, a todas las mujeres en general. Me negué a entrar en el mundo femenino y en sus banales conversaciones de trapos, cocina y novelas. Fue por eso que me refugié en mis libros de texto. Libros que nunca me hablaban de mujeres. Ni un sólo nombre de mujer en la historia de la Filosofía, desde Aristóteles a Hegel. Ni un sólo nombre de mujer en toda la historia de las Matemáticas…, sólo en Física y Química descubrí como una excepción a Madame Curie, que fue para mí toda una motivación. Investigando entendí que las mujeres sí habían participado en las ciencias y las artes, pero que se las había excluído. ¿Qué pasaría si se reescribieran los libros de texto añadiendo la parte que falta, la femenina? Dandolés el lugar que les corresponde a Carolina Coronado, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Concepción Arenal, y tantas otras. ¿Si Emilia Pardo Bazán, nuestra más ilustre intelectual del siglo XIX hubiese tenido un sillón en la Real Academia de la Lengua, donde los académicos del momento no le permitieron sentarse a su lado? ¿Si Sofía Pérez Casanova, la más célebre escritora gallega, después de Rosalía de Castro, no hubiese sido perversamente olvidada a pesar de haber sido propuesta para el Premio Nobel en 1923? ¿Si los libros hablasen de las escritoras de la Generación del 27 que no nombran? Si le diesen el sitio que les correspondes a las científicas Irene Joliot-Curie (Premio Nobel de Química), a las matemáticas Sohie Germain, Emmy Noether y Sofía Kovalevskaya. ¿Si Maryam Mirzakhani, iraní y primera mujer en obtener la Medalla Fields, equivalente al Nobel de Matemáticas en 2014, fuese tan popular como un jugador de fultbol? Decía Simone de Beauvoir que el problema de las mujeres siempre ha sido un problema de los hombres, porque han sido ellos los que han escrito la historia. ¡Pero si hasta Dios era es señor de barba blanca! Cuando descubrí este juego sucio quise jugar en su campo y con sus armas.
  • Gloria: Pero ya no eres una adolescente, ya has madurado y tomado conciencia de que te guste o no, eres una mujer. Tu misma has citado mujeres admirables en todos los campos de las artes, las ciencias y las letras.
  • Celia: Sí, Julia, has mencionado a varias, pero no debes olvidar que la misma Maríe Curie y su hija Irene (dos premios Nobel), se vieron obligadas a refugiarse tras el nombre de sus maridos para que sus descubrimientos tuviesen respetabilidad. No se hubiese tomado en serio la labor de una mujer en aquella época. Y supongo que no han cambiado mucho las cosas desde entonces. A día de hoy, una mujer lo tiene mucho más difícil que un hombre en el terreno profesional, puesto que tiene que demostrar constantemente lo que vale y reponerse de las zancadillas de las demás mujeres. Eso Julia, lo sabes tú mejor que nadie. Pero quizá no sean ni la educación ni la naturaleza los factores determinantes, ¿Y si resulta que nuestros roles dependen de la psicología? Son nuestros cerebros los que funcionan de diferente forma. Ante las mismas circunstancias, los hombres tienen unas prioridades y nosotras otras bien distintas. Cuando ellos valoran su posición en el mundo exterior: la sociedad y la vida pública por encima de todo; nosotras valoramos el equilibrio en nuestro mundo privado, que es nuestra familia. Nuestros hijos son siempre la cima de la pirámide en nuestra escala de valores. ¿Como podríamos cambiar eso?
  • Gloria: Es que no queremos cambiar eso.
  • Doña Carmen: Si, todo eso de la psicología está muy bien, pero hijas, no se puede ser dogmáticas. En mi larga vida he conocido mujeres mucho más duras que los hombres y hombres mucho más sensibles que la mayoría de las mujeres.
  • Gloria: En cualquier caso, las mujeres no somos inferiores ni superiores a los hombres, somos sencillamente diferentes. En los tiempos que corren, ser mujer es mucho más interesante que nunca y seguro que se le pueden sacar ventajas a tantos siglos de desventajas. Una mujer inteligente puede hoy comerse el mundo, si quiere.
  • Celia: ¡Gloria la positiva!, el asunto es que es una mujer la que puede comerse el mundo, y no las mujeres. Hay un grave problema de insolidaridad entre nosotras. Si aprendiéramos a transcender nuestra vanidad y a situar la conciencia de género por encima de la individual, cambiaríamos el mundo.
  • Julia: ¿Solidaridad? ni falta que hace, hacer una bandera de la solidaridad sería admitir un problema que no existe. Las mujeres no estamos en inferioridad de condiciones.
  • Celia: Si hija, si, el problema existe, ya lo creo que existe. Tal vez nosotras hayamos tenido suerte, pero las estadísticas dicen que todos los días hay mujeres maltratadas, humilladas y víctimas de vejaciones. Que una de cada tres mujeres en el mundo ha sido objeto de malos tratos por su pareja o sus gobiernos, por el simple hecho de ser mujer. Hay un número indignante de asesinatos al año por la ley de la fuerza. Las mujeres tenemos que ayudarnos unas a otras, crear un compromiso femenino por encima de las culturas y las clases sociales.
  • Carmencita: ¡Ay, por Dios! que trágicas os estáis poniendo… Esas cosas tan horribles pasan sólo en determinados submundos. Son casos marginales. Lo normal es que esas cosas no ocurran.
  • Celia: “Esas cosas”, como tú dices, ocurren todos los días, en todas las culturas y en todas las clases sociales. Y siempre son las mismas las que lo padecen. Mujeres que aguantan palizas constantes porque no tienen a donde ir ni de qué vivir. Niñas que son violadas dentro de sus propias casas, y que en la mayoría de los casos el agresor no es denunciado por existir una complicidad manifiesta en el entorno familiar, porque la denuncia complicaría aún más las cosas, el agresor iría a la cárcel y se vería mermada la fuente de ingresos.
  • Carmencita: ¡Hay que ver, mamá, desde que te has divorciado y mantienes relación con esas asociaciones de mujeres separadas que son todas feministas, es que no hay quien te aguante!
  • Celia: Sí es verdad, he entrado a formar parte de un foro feminista y la verdad es que no sólo tienen razón sino que gracias a su compromiso con el resto de las mujeres hemos conseguido mejores posiciones en esta guerra.
  • Julia: Bueno mamá, no es más que el principio de acción y reacción, pura física. Han sido necesarias y han desarrollado un papel importante en la historia, pero están obsoletas y en la actualidad no son más que una piedra en el zapato para el ascenso de las mujeres. Toda esa filosofía de la discriminación positiva no nos hace ningún favor. Las mujeres no queremos que nos den ventajas, no las necesitamos, eso sería admitir que somos inferiores a los hombres y no lo somos.
  • Gloria: Lo que ocurre con las feministas es que siempre se han atribuido el papel de víctimas, y yo me niego a ser víctima. Me niego a entrar en la guerra de sexos, y en cualquir otra guerra, así es que me declaro suiza. Pero si resulta que es una guerra inevitable y tengo que tomar partido sin remedio, prefiero pensar que no somos las víctimas, sino los verdugos. Que desde siempre hemos utilizado a los hombres en nuestro propio beneficio. Les hemos instado a que trabajasen para nosotras, mientras nos quedábamos cómodamente en casa gastándonos el dinero que era producto de su esfuerzo. Teneis que reconocer conmigo que es una postura inteligente.
  • Celia: Si construyésemos una sociedad matriarcal en la que primasen los valores femeninos el mundo sería mejor y todos seriamos más felices.
  • Antonia: ¡Ay señorita, el mundo patas arriba!
  • Doña Carmen: ¿Estás diciendo, hija, que sería mejor una sociedad en la que los roles estuviesen invertidos?
  • Celia: Estoy diciendo que los niños son más felices si se duermen con una nana cantada por su madre, que en la remota antigüedad venerábamos a diosas, representación del respeto a la madre tierra, y que ellas nunca nos soltaban de su mano. Estoy diciendo que la historia sería más justa si la escribiesen manos femeninas.
  • Carmencita: Pues yo quiero un mundo construido en el equilibrio por hombres y mujeres, donde no haya desigualdad, violencia ni competitividad entre los géneros. Donde escribamos juntos la historia y olvidemos los resentimientos. Donde nos complementemos con amor y vivamos en alegría. Ese es el mundo que yo quiero dejarle a mis hijas y a mis hijos.
  • Celia: Eso, hija mía, es el sueño perfecto, pero si llegásemos a conseguirlo ¿cómo podríamos superar tantos siglos de ninguneo? ¿Trasformando?
  • Julia: Venciendo
  • Antonia: Olvidando
  • Gloria: Comprendiendo
  • Doña Carmen: Perdonando
  • Carmencita: Amando

 

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