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Rocío Garrido Marcos

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Rocío Garrido Marcos

Cuando era joven creía tener la respuesta a todos los enigmas, la ciencia era capaz de explicarlo todo y por eso buscaba misterios inexistentes, buceaba en el triangulo de las Bermudas o imaginaba los orígenes extraterrestres del Machu Picchu para dispersarme de una realidad que conceptuaba insustancial. Todo fenómeno era explicable científicamente, y el que no, lo sería en las próximas décadas. Dios era sólo una palabra de cuatro letras y el futuro era sinónimo de ciencia ficción, la verdad era mi verdad y no había otra. La juventud siempre fue tan soberbia y osada como la ignorancia.

La juventud siempre fue tan soberbia y osada como la ignorancia.

Pero pasaron los años y aprendí el arte de la duda. Conocí el amor con mayúsculas, protagonicé el milagro de la maternidad, y comprendí que la física y la química no lo explican todo. Que el destino es un camino en el que abrimos nuevas sendas todos los días con nuestras elecciones, para bien o para mal.

Pero pasaron los años y aprendí el arte de la duda.

Aprendí que el sol puede cegar y la luna iluminar el cielo, recuperé el don de maravillarme que tenía de niña, y volví a enmudecer ante un cielo estrellado, un árbol centenario o los ojos inmensos de un recién nacido. Entendí que yo era tan sólo un grano de arena en las eternas playas del infinito, pero que a la vez esa era mi grandeza: que formaba parte de la vida y que la vida era mi propia esencia. Descubrí que el ciclo vital comienza a vislumbrarse entre las nieves tras el solsticio de invierno y que la vida le da un corte de mangas a la muerte en su cíclica resurrección.

Mi eterna curiosidad siempre me ha llevado a interesarme por múltiples disciplinas, pero ahora sé que lo poco que he aprendido en los libros no es lo importante, que la zarpa de mi inteligencia apenas ha sido capaz de arañar la corteza de la sabiduría y que lo que en verdad trasciende es lo que me arde en el pecho y acelera mi corazón. Ahora siento que la corriente de la vida me llevará a buen puerto siempre que no pretenda nadar contra ella, y disfrute del paisaje sin intentar ir más deprisa; que la madre mar me espera con los brazos abiertos al final de mi cauce.

Nadie puede atentar contra su propia naturaleza, y la mía es la de implicarme en los asuntos de la colectividad.

La política se me presentó como una oportunidad de participar en el cambio que la sociedad demanda en estos últimos años. Nadie puede atentar contra su propia naturaleza, y la mía es la de implicarme en los asuntos de la colectividad. Mientras no pierda la fe en el género humano y siga creyendo que hay otra forma de hacer las cosas: más justa, más participativa, más igualitaria… no desistiré en el empeño de un mundo más limpio y alejado de los dioses del Olimpo de Wall Street, que juegan al monopoly de vidas y de muertes, comprando guerras y vendiendo odios.

Quiero agradecer a todos los vecinos que otorgaron su confianza al proyecto político que encabezo (UPyD). Representarles durante una legislatura como concejal en el Ayuntamiento de Laguna de Duero, ha sido un HONOR.

Quiero agradecer a todos los vecinos que otorgaron su confianza al proyecto político que encabezo (UPyD) y que me ha llevado a representarles durante una legislatura como concejal en el Ayuntamiento de Laguna de Duero, ha sido un HONOR. Quiero agradecer a aquellos que han seguido dándonos su confianza en estas últimas elecciones, aunque no haya sido suficiente para continuar representándoles. Reconozco que hemos cometido errores, sobre todo desde la cúpula de mi partido, pero no es menos cierto que luchar contra la corrupción llevando ante los tribunales a todo el Consejo de Administración de Bankia, a la familia Pujol, a las Cajas de Ahorros por las preferentes, etc… nos ha costado muy caro (y no sólo en dinero). En la memoria colectiva subsiste la amenaza: “Os aplastaremos como a una nuez”. Es lo que tienen los poderes fácticos, que salen inmunes y el único imputado acaba siendo el Juez.

Que el pueblo nos colocase hace cuatro años en las instituciones ha merecido la pena, porque nosotros, UPyD, hemos cambiado la forma de hacer política en este país y hemos abierto la brecha de la Regeneración Democrática. Deseo sinceramente que aquellos que han tomado nuestro testigo continúen en la misma línea y tengan el valor de luchar contra la corrupción institucionalizada.

El día 24 de mayo, El Pueblo Soberano ha hablado y nosotros, demócratas y de juego limpio, lo asumimos.

El día 24 de mayo, El Pueblo Soberano ha hablado y nosotros, demócratas y de juego limpio, lo asumimos. Creo sinceramente (y así me lo dicen muchos vecinos y concejales de otros partidos) que hemos hecho un gran trabajo en el Ayuntamiento. Me voy con la satisfacción del deber cumplido y nunca podré agradecer bastante lo mucho que me ha ayudado mi equipo, quienes de forma absolutamente desinteresada han trabajado conmigo durante estos cuatro años.

He conocido personas maravillosas, con nombre y apellidos, en todas las formaciones políticas; pues afortunadamente hay gente buena en todas partes

He conocido personas maravillosas, con nombre y apellidos, en todas las formaciones políticas; pues afortunadamente hay gente buena en todas partes. Aún así, si la Soberanía Popular no lo remedia, la política seguirá siendo una película en la que casi siempre ganan los malos.

He dejado atrás la juventud, he subido el último peldaño de la gran meseta. Ahora veo la vida como una escalada en la que cada cima nos muestra otra más alta y más retadora. Cada año que vivo es una cota en la ascensión en busca de la plenitud. De vez en cuando tomo un respiro y admiro esos valles luminosos y esas mesetas fértiles que dejé atrás. Me asombro ante el hermoso paisaje que no supe ver en su momento, pero sigo adelante porque es el único camino que tengo ante mí. Y sé que si me detengo demasiado me convertiré en estatua de sal, como le ocurrió a la mujer de Lot.

Creo sinceramente que los próximos diez años serán los más plenos de mi vida, una época en la que empezar a disfrutar del esfuerzo realizado: ver a mis hijos florecer y fructificar en el hombre y la mujer que son. Una etapa en la que saborear cada segundo y contemplar la vida con la transparencia que confiere la paz interior y el amor de ese hombre con el que la vida quiso redimirme: mi amigo, mi confidente, mi compañero, mi cómplice, mi amante y mi consejero. Aquel que me otorga la serenidad que me falta, y me enseña a ver la vida desde la perspectiva de sus ojos verdes. Quien me acepta aunque no me comprenda y me quiere a pesar de conocerme. Viajaremos juntos paseando por los mares de la luna y al final, en el único viaje que haré yo sola, extenderé mi mano para acariciarle allá donde se encuentre y susurrarle, despacito, que una vida a su lado me supo a poco.

La enfermedad se me mostró hace años como una dama conocida que me enseñó una nueva forma de concebir el mundo, y sin invitarla se instaló en mi vida como una compañera inseparable. Me quebré por ser rígida, hasta que aprendí la flexibilidad del junco sin perder la fortaleza del roble, y asumí que la bondad, la ternura, la pasión y la compasión son los auténticos motores que mueven el mundo. Que todo lo demás sólo son obstáculos en nuestro camino. Dejé de buscar explicaciones y me centré en sentir, aceptar, y gozar todo aquello que la vida me ofrece: el placer, el dolor, el amor y la misma existencia.

La muerte dejó de ser un misterio y comenzó a formar parte de mi mundo, robándome a seres entrañables: primero se llevó a mi Abuela, después, uno tras otro, a Manolo y a mi Padre; se llevó también a Julio, a quien echo tanto de menos que aún me parece verlo por las calles del pueblo sobre su bicicleta. Nunca olvidaré a esa mujer guapa y valiente, que había demostrado la medida de su amor sin medida entregándose a los demás (presidenta de AFALA), que con su coraje ya le había ganado un pulso a la muerte, arrancándole de las garras a su hijo mayor después de un terrible accidente de moto. Pero la dama negra le tendió una trampa a Carmen, vengándose con toda su crueldad cuando volvía del país de los sueños (Disney Word), llevándosela a ella con sus tres hijos en la avioneta que pilotaba su primogénito. Esos niños que yo había visto crecer caminando durante años por delante de mi tienda, de la casa de su madre a la de su abuelo día tras día…Al poco tiempo fue su abuelo Clemente quien decidió seguirlos (¡como echo de menos su conversación). AICOSLA perdió mucho más que un miembro de su junta directiva, cuando el verano de 2012 el mar se llevó a Justo que, además de hacer honor a su nombre, siempre tenía una palabra amable para todo el mundo. Los amigos de la peña El Órdago, conocidos como “los conejitos de duracel” por ser incansables en todas las fiestas, perdimos el Alma Mater en nuestro querido Jesús que emanaba vitalidad y sensatez; creo que pasará mucho tiempo hasta que pueda digerirlo. No hace mucho nos dejó Mabel, a quien yo adoraba (como a toda su familia). Hace menos tiempo aún despedí a Marina, una mujer fuerte y luchadora que tenía poco más de treinta años y dejó una niña de cuatro. Y esta misma mañana nos ha dejado Toñín, compañero de celebraciones y hermano de mi amiga Gloria. Me duele el alma de esperar llorando que el viento dé respuesta a mis preguntas. Han sido muchos más los amigos que se han marchado en estos últimos años, y su pérdida me ha dejado un grandísimo vacío. Todos y cada uno de ellos están y estarán para siempre en mi corazón y en mi recuerdo.

He comprendido que que jamás seremos capaces de aprehender lo que verdaderamente es importante.

He comprendido que es la vida y no la muerte quien nos arrebata a los seres queridos, que jamás seremos capaces de aprehender lo que verdaderamente es importante: el tiempo, el amor y la propia existencia.

La poesía, la música y la belleza seguirán siendo mi razón de ser, el machete con que abrirme camino en la jungla de los momentos difíciles, y las fuentes en las que refrescarme cuando el cansancio me rinda.

Con el aval que me otorga el más de medio siglo que llevo en este mundo, me gustaría hacer algunos propósitos: “Que ni la tristeza, ni la desilusión, ni la incertidumbre, ni la soledad me impidan sonreír. Que el miedo no me impida nunca soñar. Que la desesperación no me impida vivir con plenitud. Que ni las tinieblas, ni las espinas, ni las tempestades puedan más que mi fe, construida firmemente a través del escepticismo. Que ni la crueldad, ni la guerra, ni la injusticia me hagan perder la esperanza. Que ni el dolor, ni la enfermedad, ni el sufrimiento me hagan perder la coherencia. Que ni la crisis, ni la escasez me hagan perder la gratitud y que ningún tipo de ofensa ni maldad me haga perder nunca la alegría”.

Me propongo renunciar a la necesidad de tener razón, pero no renunciaré jamás a la necesidad de ser feliz. La diferencia entre una persona victoriosa y una fracasada es la actitud ante las situaciones que se le presentan. Nadie puede elegir lo que le ocurre, pero sí como responder a ello. Cuando dejamos de buscar culpables o de pasarle la responsabilidad a otros o al mundo de lo que nos sucede, comenzamos a tomar las riendas de nuestra vida. Nadie dijo nunca que la vida fuera fácil, ni tampoco que fuera justa, sólo dijeron que merecía la pena.

Gracias a todos mis convecinos por ese cariño que cada día me mostráis.

¡He de agradecerle tanto a la vida! pero eso ya lo cantó Violeta Parra, y nadie volverá a hacerlo como ella. Gracias a todos mis convecinos por ese cariño que cada día me mostráis y que hoy ha estallado como una palmera de fuegos artificiales en mi noche estrellada. ¡Ojala dentro de diez años estemos todos, más viejos pero más sabios y pueda escribiros de nuevo para celebrar la conquista del último peldaño hasta la nueva primavera!

Rocío Garrido Marcos

5 pensamientos en “¡Gracias!

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