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Plásticos

Autora: Rocío Garrido

Los plásticos se inventaron en el siglo XIX y tuvieron una gran proliferación durante el XX, llegando a las más altas cotas de consumo en los pocos años que llevamos del siglo XXI. Químicamente es un polímero orgánico obtenido sintéticamente, lo que hace que la mayoría no sean biodegradables. La biodegradación es la descomposición realizada por microrganismos, principalmente bacterias, que se alimentan de la sustancia y la incorporan de nuevo al ciclo natural. Los polímeros artificiales, como el plástico, no son reconocidos por los sistemas enzimáticos de los microorganismos y son degradados mediante otros procesos mucho más lentos que pueden durar cientos e incluso miles de años.

Las botellas de plástico están fabricadas con PET (Tereftalato de polietileno), un plástico derivado del petróleo que no es biodegradable. La degradación del PET en la naturaleza ocurre por fotodegradación, y con el tiempo una pieza se transforma en multitud de piezas más pequeñas. Una botella de plástico tarde en descomponerse unos 450 años. Las botellas que quedan enterradas en los campos y no son alcanzadas por la luz solar pueden durar miles de años sin degradarse.

Pensemos en la cantidad de botellas de plástico (agua y otros líquidos) que consumimos diariamente en nuestras casas. Pensemos que los campos y los mares están infectados con este material que en el mejor de los casos se van descomponiendo durante cientos de años en pequeñas partículas que entran a formar parte de nuestra cadena alimentaria.

Recuerdo que cuando mis hijos eran adolescentes les llevamos a ver un Museo del Mar y nos quedamos impactados al contemplar los cuerpos diseccionados de moluscos, peces y mamíferos marinos con bolsas de plástico y botellas dentro de sus estómagos, así como arandelas y redes de latas alrededor de sus bocas, con las que se habían asfixiado. No quiero ni imaginarme el sufrimiento que estos animales tienen que padecer todos los días. Tampoco quiero imaginarme las mutaciones a las que los residuos plásticos pueden dar lugar en un futuro próximo a toda clase de vida por medio de la cadena alimentaria.

Abogo porque se deje de fabricar plástico y se sustituya por materiales biodegradables

Abogo porque se deje de fabricar plástico y se sustituya por materiales biodegradables, porque se acuerden tratados internacionales para la limpieza del planeta de este residuo peligroso y se legisle su reciclaje para el bien común.

 

 

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En consonancia con este asunto comparto este relato que espero que os guste.

Congreso Científico Internacional:

Un golpe me hizo perder la conciencia y, algo mareada, desperté en la cápsula con el recuerdo de haber experimentado la violencia de un tsunami. Sin duda mis compañeros me habían dado por desaparecida y habían emprendido viaje de regreso. Estaba aturdida y con el cuerpo dolorido por el impacto. Llegué como pude hasta el control y activé la grabadora: “Mi nombre es RG43 y soy científica, jefa de la expedición de recogida de residuos en la zona 8. Regularmente salimos en naves submarinas hacia la superficie, donde recogemos toneladas de plásticos que transportadas por las corrientes marinas llegaron a formar continentes durante el siglo XXI de la Era anterior. Nuestra misión es la limpieza de materiales que envenenan y producen mutaciones en la fauna marina, degradando la calidad del agua y con ella nuestras condiciones de vida. El material recogido es reciclado y reutilizado para la construcción de nuestras ciudades. El plástico es un material no biodegradable que se usó indiscriminadamente y sin legislación al respecto durante el siglo mencionado. Los océanos están infectados de él y sus partículas se han disuelto en las aguas contaminándolo todo. El carácter desechable que fue tomando este material impactó la mayoría de los ecosistemas del planeta. Según detallan nuestros archivos se han encontrado plásticos en la atmósfera, suelos, agua dulce, mares, océanos y regiones polares, y se ha reconocido como nuevo ecosistema el Plastisferio”.

Me encontraba sola vagando por las profundidades del océano y no tenía forma de contactar con mi nave submarina. Solo podía esperar que sus radares me localizaran o morir. No sabía con exactitud lo que había ocurrido y tampoco tenía ninguna certeza de que mis compañeros, o la civilización entera, no hubiesen desaparecido ante lo que yo creía un desastre natural. Ante la incertidumbre supuse que iba a morir muy pronto y tomé la decisión de seguir grabando para dejar constancia a quien pudiera encontrar la cápsula en un futuro: “Nuestra historia dice que hace tan solo unas generaciones vivíamos en la superficie sobre tierra sólida; que despreciábamos demasiado la vida y las condiciones del planeta y que por alguna desgracia última la superficie terrestre dejó de ser habitable. En la era subacuática vivimos en ciudades bajo el mar: enormes burbujas comunicadas con pasillos transitados por vehículos diseñados al efecto; transformando el oxígeno líquido en aire respirable y solventando la presión de las profundidades con materiales transparentes extraordinarios. La fauna marina nos observó confundida en un principio, para terminar aceptándonos como parte integrante del paisaje. Después de mucho tropezar, los humanos estamos aprendiendo de nuestros errores. Hemos tomado conciencia de que no podemos alcanzar cotas de superpoblación. Sabemos que tenemos que limpiar el planeta de los residuos vertidos en la Era anterior. Somos conscientes de que limpiar y cuidar el medio ambiente es lo único que nos salvará como especie. Estamos en una nueva etapa de la evolución”.

Cada tripulante disponía de un habitáculo privado o cápsula que era anexada a la nave submarina. Las reservas de energía y alimentos tenían una duración de una semana, el tiempo de cada expedición. El control indicaba que habían pasado ya cinco días desde nuestra salida. Poco podía hacer yo, salvo dejar mi testimonio, así es que continúe grabando: “Nuestro gobierno está formado por personas honestas, sobradamente preparadas y con vocación de servicio público. Los poderes legislativo, ejecutivo y judicial están bien diferenciados, no siendo posible interacción entre ellos. Las fuerzas de seguridad son concebidas para ayudar a los ciudadanos y carecen de funciones coercitivas. Los niños y los ancianos están protegidos hegemónicamente. La transparencia gestora es nuestra principal condición, como la del agua en la que vivimos. Los valores fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico son el respeto y la tolerancia, siendo aceptadas todas las creencias que no atenten contra la libertad y la integridad de los demás. La cultura es fomentada como bien común, generadora de pensamiento crítico. La diversidad es afirmada como incremento de valor en toda corporación y nuestra única bandera es la solidaridad entre los pueblos”.

Me dolía la cabeza y estaba tan aturdida que me quedé dormida apoyada sobre el panel de control. Desperté en la cama de un lujoso hotel de Lanzarote desde donde pude contemplar la inmensidad azul del Océano Atlántico sobre la playa de arena negra volcánica; salí al balcón donde se divisaban unas maravillosas vistas en un claro día de finales de mayo. Entre más de un centenar de banderas se distinguía un gran blasón granate con oropeles dorados en el que podía leerse: “Congreso Científico Internacional”.

Eran las 8:30 de la mañana, me dispuse a asearme y bajar a desayunar. En tan solo hora y media daría comienzo un encuentro donde investigadores de todas las partes del mundo tendríamos la oportunidad de compartir conocimientos e iniciar la búsqueda de soluciones conjuntas a la problemática global del plástico, el correcto tratamiento de este residuo altamente contaminante y su impacto sobre el medio ambiente. Se había establecido el inglés como idioma oficial y esa misma mañana tendría que dar mi conferencia: “El destino de los plásticos en los ecosistemas marinos”. Llevaba semanas preparándola y estaba tan sensibilizada con el problema que soñaba con él.

Todos los científicos habíamos llegado la noche anterior para instalarnos y conforme a la invitación recibida habíamos cenado para posteriormente cambiar impresiones.

El escenario era paradisiaco pero la agenda era tan apretada que ninguno de nosotros tendría tiempo para ir a la playa. Me metí bajo la ducha sintiendo como el agua trasparente se deslizaba por mi cuerpo; pasé mis manos desde la raíz del cabello hasta las puntas y reparé en un objeto anidado en mi pelo. Lo atrapé entre mis dedos y, con sorpresa, me quedé contemplándolo: era una pequeña caracola.”

2 pensamientos en “Plásticos

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