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En memoria de un hombre bueno

Autora: Rocío Garrido

El 28 de noviembre de 2009 despedíamos a Julio Vallelado Agudo a causa de un cáncer que nos lo arrebató antes de tiempo. Parece mentira que hayan pasado ya ocho largos años y sin embargo continúa estando en la memoria colectiva del pueblo, donde permanecerá para siempre.

Julio fue todo un referente para Laguna de Duero: trabajador responsable de Fasa Renault; Juez de Paz durante muchos años, cuyas virtudes para el cargo fueron siempre aplaudidas por sus convecinos; Corresponsal del Norte de Castilla; Creador del concurso de Cuento Corto de “Las Justas Poéticas Castellanas de Laguna de Duero”; Colaborador de la revista Reflejos, donde cada trimestre capitaneaba un viaje hacia el pasado consiguiendo, con su personal estilo, que no olvidásemos la historia del pueblo ni a sus personajes más humildes.

Persona curiosa e interesada en todo lo que le rodeaba, siempre estuvo dispuesto a colaborar allá donde pudiese aportar algo (y tenía mucho que aportar). Ejemplo de superación, pues nunca dejó de formarse y de aprender hasta el día de su partida.

Un ser humano entrañable donde los haya que dejó numerosos amigos por donde pasó, pues todos aquellos que tuvimos la fortuna de compartir parte de nuestra vida con él podemos dar Fe. Pero sobre todo, Julio Vallelado era un hombre bueno.

Hoy quiero compartir una carta que entregué a su familia días antes de su fallecimiento y que fue publicada en la revista Reflejos en la edición de Navidad del 2009.

 

Querido Julio:

No sé como comenzar esta carta, sólo sé que estoy enfadada y que no me gusta noviembre, que tiene su raíz en el nueve pero se refiere al mes once. No me gusta porque los días son cortos y fríos. Porque la muerte se pasea por las calles y le roba las hojas a los árboles. No me gusta porque se llevó a mi padre y no le dije nada de lo que tenía que decirle. Por eso, esta tarde de noviembre me voy a desquitar contigo, ahora que puedes oírme, porque estoy muy enfadada y desde la rabia contenida te voy a decir cuatro cosas, para que te enteres:

En mi egoísmo no quiero quedarme sin ti, sin tu amable conversación, sin tu inteligente saber estar, sin tu deliciosa presencia. No me da la gana, Julio, ¿te queda claro?, no me da la gana asistir a tu funeral para decir lo de siempre, que qué bueno eras, cuando ya no puedes oírme, así es que me vas a escuchar ahora, te guste o no.

No se te ocurra dejarnos huérfanos a todos, no sólo a tus hijos, no se te ocurra, ¿me oyes? Porque la Navidad no sería la misma, porque el pueblo no sería el mismo, porque el mundo no sería el mismo sin ti. Porque quizás no te has dado cuenta, pero por donde tú pasas lo vas impregnando todo de bondad.

Entre el dolor y la rabia que siento, sólo me sale echarte la bronca. Apenas hace unos días se te hizo un merecido homenaje en las “Justas Poéticas”, a las que tu ingenio añadió el concurso de Cuento Corto. Desde tu infinita humildad y a través de las palabras escritas que leyó tu hija Bea, lo agradecías y decías que no eras digno. Por Dios, Julio, ¡cuantos quisiéramos!, cuantos de los que no te llegamos ni a la suela del zapato y a los que se nos hinchan los egos por menos de nada.

¿Quién podría ser la memoria de Laguna de Duero con esa dignidad que sólo tú sabes trasmitir? Nadie Julio, nadie podría tomar tu testigo en Reflejos. Se perdería el testimonio más valioso de la revista, que generosamente nos regalas cada tres meses.

Quiero decirte que eres el hombre más exitoso que he conocido en mi vida, pues el éxito no se debe a los títulos nobiliarios o académicos, ni al colegio donde estudiaste. No tiene nada que ver con las dimensiones de tu casa, ni cuantos coches caben en tu garaje. No se debe al poder que ejerces, ni a la ropa que llevas, ni al status social que disfrutas. No se trata de si eres emprendedor, hablas varios idiomas, eres guapo, joven o viejo.

El éxito descansa en tu conciencia tranquila, tu dignidad gloriosa y tu deseo de ser más (no de tener más). Y tú nunca has dejado de aprender: te matriculaste en Derecho cuando otros sólo pensaban en jubilarse, y vas pasando niveles de inglés año tras año. Eres un ejemplo de superación y quiero que sepas que estoy orgullosa de ser tu amiga.

El éxito se mide por la gente que admira tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu. Tiene que ver con utilizar la cabeza tanto como el corazón: con si eres egoísta o generoso, arrogante o humilde, soberbio o considerado, si eres exigente o tolerante. Tiene que ver con tu bondad, tu deseo de ayudar y tu capacidad de escuchar. Y en todas estas cosas eres un Maestro. El éxito no se mide por el número de cuantos te siguen, sino de cuantos realmente te quieren. Conozco mucha gente en este pueblo, y no sé de nadie que haya tenido la suerte de conocerte, que no te quiera, ¡que lo sepas!

Quiero que te recuperes, que sanes completamente. Quiero volver a verte por las calles subido en tu bicicleta, quiero volver a tener conversaciones interminables contigo.

No olvides que te espero y no esperes que te olvide.

3 pensamientos en “En memoria de un hombre bueno

  1. Pingback: Ciconia ciconia | La Fragua de Laguna de Duero

  2. Estimada Rocío:

    Estoy muy interesado en contactar con algún familiar de don Julio Vallelado Agudo para consultarles sobre un tema de investigación histórica, que don Julio dominaba tan bien.

    Espero que pueda ayudarme.

    Un cordial saludo,
    Ignacio de Diego Agudo

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    • Estimado Ignacio,

      esta misma semana se pondrá en contacto con usted a través de su correo electrónico, una hija de Don Julio Vallelado Agudo

      Saludos
      Rocío Garrido

      Me gusta

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