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Perdón

Autor del artículo: Andrés Hombría

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 Las campañas electorales son batidoras que consiguen que todo tipo de asuntos se conviertan en emplastos indigestos, indistinguibles salvo por su color (político). Todo sirve para poner en aprietos al adversario.

 Bueno, todo no; si uno se pasa, si dice lo primero que le viene a la cabeza, como le ha pasado al Sr. Suárez Illana, el efecto puede ser el contrario del esperado. La fabricación de “postverdades” requiere también cierto aprendizaje. Esencialmente requiere mezclar en proporciones variables mentiras difíciles de desmentir (a tiempo) y medias verdades fáciles de distorsionar. Ejemplifiquemos.

 El escándalo levantado por la demanda del presidente mejicano de que España pida perdón por el trato que dio a los indígenas americanos durante la conquista. Un momento que leo la noticia entera…no, no es a España sino al Rey de España, y se lo pide también al Papa…entiéndase, no a cada fiel católico…y además en la misma carta reconoce que la república de la que es presidente ha seguido marginando y discriminando a sus comunidades indias.

¿A que leída la noticia entera ya suena bastante distinta? Por cierto que el Papa actual ya pidió perdón por ello en una visita pastoral a Bolivia en 2015. Lo hizo, aunque los hechos se habían producido siglos antes, porque es el heredero de quienes los bendijeron. A propósito, Felipe de Borbón ¿tiene que ver con su homónimo del siglo XVIII, en cuyo reinado se el máximo de producción de plata en Méjico o sólo es una coincidencia de nombres y cargos?

Ustedes dirán: ¡Pues no parece tan difícil de desmentir! Bueno, en un medio como éste y a dos semanas de los hechos no lo es, pero temo que a éstas alturas ya no sirve para nada.

 Entremos en las medias verdades. A estas alturas nadie niega que la conquista europea de América produjo la catástrofe poblacional mayor del que tengamos constancia histórica. En términos absolutos, la primera oleada de la peste negra produjo más muertos, acabando con casi un 30% de la población en Europa y China (ya entonces el país más poblado del mundo). Pero un siglo después en la mayoría de las regiones afectadas la población se había recuperado y sus sociedades habían sobrevivido e incluso prosperado, a pesar de las epidemias de peste bubónica siguieron hasta el siglo XVII. En el caso de la colonización americana, los demógrafos estiman una caída poblacional durante el siglo XVI de entre un 80 y un 85%. Es difícil saber cuánto representa en términos absolutos, aunque una estimación prudente sitúa la población del continente en 1500 en unos 50 millones de personas. Aunque los estudiosos difieren bastante en el total, están bastante de acuerdo en el tamaño relativo del desastre, pues la propia documentación de la época , desde Bartolomé de las Casas en adelante, conduce a estimaciones parecidas.

 Todo el mundo admite también que las enfermedades que trajeron los europeos, contra las que los indígenas no tenían defensas, y, en particular la viruela, fueron las mayores responsables directas del colapso poblacional. Se aduce que los conquistadores, poco numerosos, no tendrían interés en provocar la extinción de la población de cuyo trabajo pensaban vivir. En efecto, los exterminios programados (indios de Norteamérica, del sur argentino…) lo fueron en el periodo postcolonial…por los propios descendientes de los europeos colonizadores. Pero incluso si nos centramos  en el ámbito del Imperio Español, la primera pregunta que nos hacemos es porqué las peores epidemias producen un descenso poblacional del 30% en Europa y China, que un siglo después se ha recuperado, y llevan al borde de la extinción a los amerindios. El sistema inmunitario de todos los grupos humanos es parecido, y, de hecho, el carácter más disperso de la población en América la hacía menos vulnerable a la extensión de las epidemias que la europea y china. ¿Tendrá algo que ver en ello la destrucción de las sociedades en que vivían?

Empecemos por el principio. Desde el primer momento los conquistadores españoles emplean a los indios del caribe, particularmente para la obtención de oro aluvial. Su número cae tan rápidamente que cuando el oro se agota y la economía de la región se dirige a la producción de caña, se requiere “importar” esclavos africanos. Eso explica la negritud de las tierras bajas intertropicales del continente.

 Sin embargo, el descubrimiento de las grandes minas de plata en la actual Bolivia y Méjico otorga, para su desgracia, un papel económico crucial a los aborígenes. Situadas casi todas a gran altitud, los esclavos negros no pueden trabajar en ellas. La extracción del mineral la harán las poblaciones indias del altiplano mediante el sistema llamado de la “mita”. Cada comunidad de las tierras altas debe ceder una séptima parte de sus varones adultos, en turnos de dos años, a la administración virreinal, que los distribuye entre los “arrendatarios” de las minas. Éstos entregan una quinta parte de la plata al tesoro real, una parte variable pero que podía llegar a la mitad a los propietarios, y reciben los “mitayos”necesarios para las tareas extractivas, con la sola obligación de alimentarlos. Los explotadores no tenían más interés en esos trabajadores que el que trabajaran durante dos años, por lo que el trato que recibían era peor que el de un esclavo, que al fin y al cabo es una inversión a medio plazo. Además, durante este tiempo las comunidades de origen debían mantener a sus familias.

   La plata de América es la principal fuente de ingresos de la Corona  desde el emperador Carlos hasta Carlos III. Su abundancia distorsiona el sistema monetario bimetálico que había en Europa provocando una gran inflacción ,  financia las aventuras imperiales de los Habsburgo y enriquece a sus banqueros genoveses. Ustedes recordarán lo de “Nace en las Indias altivo, donde el mundo le acompaña, viene a morir en España y es en Génova* enterrado”

 Allá donde no había minas ni grandes plantaciones los indígenas estaban sometidos a las “encomiendas”, que acabaron convirtiéndose en el origen de las grandes explotaciones ganaderas de América Latina. Al final, plantadores, ganaderos y dueños de minas, acabarán siendo los tres pilares de las oligarquías que gobernarán tras la independencia.

 En fin, no quiero abusar de su paciencia. El colapso poblacional de los indios americanos tiene como mayor causa directa las epidemias, pero las comunidades afectadas sucumben a ellas por la destrucción de sus sociedades y la imposición de trabajos esclavos, que lastran su posible recuperación. La colonización será la matriz de la que nacerá la oligarquía criolla, que seguirá explotando a la población india y será responsable de los mayores episodios de exterminio directo, cuyo móvil es la extensión de la ganadería.

  Me gustaría, por fin, referirme a uno de los argumentos más empleados para descalificar la demanda de López Obrador: “Eso fue hace muchos años”. Sin embargo, siendo ya Netanjahu primer ministro de Israel, España pidió perdón por la expulsión de los judíos en 1492, y ofreció la nacionalidad española a cuantos sefarditas la solicitaran. Olvidó sin embargo hacerlo con los moriscos, cuya expulsión fue un siglo posterior.

  No sucede sólo aquí. Alemania recuerda cada poco su responsabilidad en el exterminio judío, pero ignora por completo los horrores que cometió contra otras comunidades de la URSS. En tres años de dominio nazi muere un 25% de la población bielorusa. Mayoritariamente por hambre, porque la Wehrmacht tiene orden de alimentarse “sobre el terreno” y despachar grandes cantidades de grano y ganado a Alemania, pero también por represalias. Cuando sufría un sabotaje, los autores y sus familias eran ejecutados. Si nadie era detenido, se “castigaba”  la aldea más cercana: solo en Bielorusia casi 300 pueblos fueron arrasados, lo que incluía matar a todos los varones adultos, llevarse a las mujeres como trabajadoras esclavas y destruir las cosechas para que los que habían huido al bosque no pudieran sobrevivir. La guerra fría, que, de alguna forma aún sigue, exime a  Alemania de recordar el genocidio bieloruso.

 Obsérvese que en ambos ejemplos comparan acontecimientos casi contemporáneos. Sólo los diferencia lo “oportuno” del arrepentimiento, a quién beneficia. Recuerdo que cuando visite la Expo 92 había un pabellón que reproducía un galeón por dentro, pero ninguno que lo hiciera con una mina de plata. Nada desentonaba en la muestra: los pabellones nacionales celebraban a la Madre Patria, pasaban de puntillas por los procesos de independencia y en ellos lo indio se reducía a arqueología y artesanía. Bien es cierto que entonces América Latina vivía gobernada por gobiernos de las oligarquías criollas, cuyo respeto al indio no es mayor al que tenían los conquistadores. Pero con todo, tuve la sensación de que habíamos perdido la ocasión de pedir perdón de la mejor manera posible, que es volver a contar los hechos tal como fueron.

 Afortunadamente no todos los actos de contrición son el resultado de un cálculo de rentabilidad política. Los seres humanos somos crueles y ambiciosos, pero también somos capaces de sentir empatía y de reaccionar ante la injusticia. Hace poco leí que la ciudad de Lisboa planeaba construir un monumento a las víctimas de la esclavitud, de cuyo comercio Portugal fue en los siglos XVI y XVII el principal traficante. Los promotores de la iniciativa eran descendientes de antiguos esclavos. Si alguien planteara algo parecido en España sería objeto de los exabruptos de Pérez Reverte e Inda descubriría en la propuesta la mano oculta del bolivarismo.

  Quisiera acabar diciendo que mi defensa de López Obrador no es imparcial. Creo que su elección es la única buena noticia que nos ha llegado del otro lado del Atlántico en los últimos tiempo. Su decisión de someter a referendo la ubicación del nuevo Aeropuerto de Méjico, que hubiera expulsado a una numerosa comunidad indígena y acabado con uno de los pocos restos del entorno lacustre de la capital, es el absoluto reverso de lo que está haciendo Bolsonaro en Brasil. AMLO, como lo llaman allí, cometerá errores quizás, pero es la única persona decente que accede a la presidencia de aquel país en los últimos 70 años.

  *) No hace falta que les señale que el verso es muy anterior a la trama Gurtel

  P.S. Muchos de ustedes habrán leído  “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano. Si no lo han hecho, se lo recomiendo vivamente.

3 pensamientos en “Perdón

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