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España: ¿Una, grande y libre?

Autor del artículo: Miguel Castro Villar

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UNA: Unidad de destino en lo universal”. Esa era la definición que se nos daba de la Patria en tiempos pretéritos “De cuyo nombre no quiero acordarme”. Y el caso es, que si lo piensas detenidamente, es una buena definición, que lo mismo podría valer para un club de fútbol que para una gran orquesta, por ejemplo. Siempre y cuando en esa unidad de destino se incluya a todos y cada uno de los individuos que la componen sin ningún tipo de discriminación, ya sea por lugar de nacimiento, por ideas políticas, inclinaciones sexuales o de cualquier otra índole. Porque de no ser así, “La madre Patria” solo sería la madre de unos pocos, y una buena madre, es aquella que ama a todos sus hijos por igual, de tal manera que cuando alguno le sale más rebelde, mas díscolo, procura llevarlo al redil familiar tratándolo con más cariño y dándole mas atenciones, si cabe, que al resto.

Si tratamos a vascos y catalanes a “zapatillazos”, si los que piensan que España es un solar exclusivamente suyo, donde no tiene cabida nadie que no piense como ellos, si siguen azuzando al resto de “La familia” contra ellos con la complicidad irresponsable de la mayoría de “Los medios de desinformación”, si el Estado central sigue empeñado en hacerles la guerra sucia en vez de buscar el dialogo a toda costa, procurando con cariño – si, con cariño – y no con porras, el acercamiento, si un sector de ciudadanos del resto del país, se olvidara de tópicos absurdos y malintencionados, y se pararan a pensar que tanto catalanes como vascos (junto a la comunidad de Madrid) son los que más contribuyen al estado de bienestar del que disfrutamos, que nuestras carreteras, las pensiones de nuestros mayores, el subsidio de desempleo etc… Sale de la contribución que hacen tanto Cataluña como el País Vasco, tal vez les miraran con más afecto, con más comprensión. Porque no deja de ser curioso- y triste –  que muchos de estos ciudadanos que tanto despotrican contra unos y otros, jamás han pisado ninguno de estos territorios. Y tal vez no sería mala idea, que ahora que está tan de moda mandar a nuestros hijos de intercambio a países extranjeros, a ciudades donde probablemente no vayan a volver nunca, pues quizás podíamos mandarlos a Barcelona, a Bilbao, La Coruña, o Sevilla, por poner algún ejemplo. Así tal vez conseguiríamos conocernos mejor y que esta ESPAÑA, con la que a algunos se les llena la boca, fuera para todos una madre y no una madrastra.

GRANDE: La grandeza de un país es mayor, cuanto mayor es el bienestar que proporciona a sus ciudadanos, dándoles a todos por igual la oportunidad de vivir sin trabas que obstaculicen su pleno desarrollo y el derecho a participar equitativamente de los bienes naturales y del fruto de su trabajo. Pero he aquí que, la mayoría de estos patriotas que tanto dicen amar a España y se pasan la vida dándose golpes de pecho ante la bandera, no dudan ni un segundo en coger sus dineros- cuando los tienen- y llevárselos a paraísos fiscales lejos del control del Estado español, privando así al resto de ciudadanos de disfrutar de bienes y servicios básicos que contribuirían a mejorar su nivel de vida y en algunos casos a salir de la indigencia. O, se llevan sus empresas a países donde la mano de obra es poco menos que esclava, dejando a españoles en el paro, condenándolos así, a la desesperanza y en ocasiones a la miseria. Eso no contribuye a hacer una España grande.

Hacer una España grande, es proyectar al exterior grandes logros en justicia social, en cultura, en deportes, donde tenemos la gran suerte de contar con unos deportistas, que no solamente están en la elite mundial en prácticamente todas las disciplinas, si no que además, sean de la comunidad que sean, consiguen poner nuestra bandera en lo más alto del pódium- que ahí es donde más luce y no en los balcones- para admiración del mundo.

LIBRE: ¿De qué clase de libertad hablamos? ¿De la libertad que Adolf Hitler le ofrecía a los alemanes, de la que le ofrecían Lenin y Stalin a los rusos, o tal vez de la que le ofrecía al pueblo italiano Mussolini? No existe ninguna ideología – excepto la libertaria y esa, de momento no parece que haya mucha gente dispuesta a aceptarla – que no prometa a sus correligionarios el paraíso de la libertad. Pero ¡cuidado! porque la libertad, al igual que la felicidad, es una quimera que está sobrevalorada. Para ser mínimamente libre, el individuo debe hacerse plenamente responsable de su vida y de sus actos, y resulta mucho más cómodo tener a alguien a quien culpar de nuestros fracasos como personas. De niños, al profesor que nos tiene manía, de adultos, culpamos al jefe de nuestra ineptitud porque nos tiene enfilados, culpamos al Estado de nuestras frustraciones y a Dios de nuestras malas decisiones, porque si las cosas no nos salen bien, “será porque Dios lo ha querido”.

Abogamos por la libertad de expresión y de crítica, pero a veces no tenemos en cuenta la libertad del otro a no estar de acuerdo con nuestros postulados. Queremos libertad sexual y de escoger pareja, pero nos olvidamos de que la pareja dispone de esa misma libertad y de que cuando alguien dice NO es NO.

En definitiva; tendemos a ver la libertad, al igual que la patria, desde nuestro YO. Como diría el gran Vázquez Montalbán, desde nuestra “mismidad”.

Ojalá que algún día aprendamos a tener en cuenta al otro.

 

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