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Del reino Visigodo a los árabes

Textos: Teodoro San José y Javier Rodríguez Abad

Retomamos la historia con el fin del reino Visigodo y el fin de la cultura hispano visigoda, todo ello motivado por las invasiones de los distintos pueblos norteafricanos y árabes en la década del 711 a 736 d.c., que fue el germen de la futura Castilla y del resto de regiones de la antigua Hispania romana.

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Los pueblos que invaden la península y la conquistan, también pasaron sus lógicas vicisitudes, y la historia nos las cuenta con pormenores y articula lo que será el devenir de los invasores y el pueblo autóctono.

Por ello Teodoro, haznos un resumen breve de estos acontecimientos iniciales para que nuestros lectores se ubiquen y puedan seguir el hilo de la futura historia que en este periodo comienza a escribirse. Relátanos la situación del momento del que hablamos: las primeras invasiones árabes.

Entramos aquí en otro periodo histórico siguiente a la Monarquía gótica, la invasión de Hispania por los musulmanes, ocurrida en el siglo VIII, al conquistar el reino visigodo los dirigentes musulmanes del Califato Omeya, en un proceso que duró quince años, del 711 al 726, durante el que se llegó a tomar casi todo el actual territorio de la España peninsular y Portugal continental, junto con parte del sur de Francia, aunque la mayor parte del reino peninsular estaba prácticamente conquistado en el año 720, a falta de la región comprendida entre Asturias y Cantabria, y del mar a los Picos de Europa.

El gobernador Musa ibn Nusayr, ordenó la invasión a su lugarteniente bereber Tariq ibn Ziyad, a principios del año 711, con un ejercito de unos 7.000 hombres, fundamentalmente bereberes, e incluso cristianos sometidos del norte de África.

La presencia árabe en la península Ibérica se prolongaría durante ocho siglos

Al ver que las fuerzas de los condes locales no podían con Tariq, y que éste no se retiraba como en ocasiones anteriores, hizo que Rodrigo, dejara el sitio de la ciudad de Pamplona, y partió hacia Toledo sin haberla recuperado; y cuando sus tropas entraron en contacto con las de Tariq, ya habían pasado varios meses desde su llegada al sur y durante ese tiempo, había obtenido el refuerzo de 5.000 bereberes más, y derrotaron al rey visigodo Don Rodrigo en la batalla de Guadalete a finales de julio; empezando así la dominación árabe de la península Ibérica, que se prolongaría durante ocho siglos, hasta el año 1.492, momento en que el último rey nazarí rindió Granada a los Reyes Católicos.

A partir de la derrota de Guadalete, conquistaron sin esfuerzo las grandes ciudades: Écija, Jaén, Sevilla, Mérida y Toledo (711), Zaragoza (714) y la zona de Cataluña (716-719). Así la España conquistada, bajo el nombre de Al-Andalus, pasó a ser provincia del Imperio musulmáne, dependiente del Emirato de Damasco (711-755). La capital estuvo en un primer momento en Sevilla, pero pronto se trasladó a Córdoba, donde se crearía al independizarse de Damasco el Califato de Córdoba.

Una vez conquistada Sevilla salieron de ella dos ejércitos, que empezaron a operar por separado; uno dirigido por Musa y otro dirigido por Tariq, conquistando Toledo antes de acabar el año 711, y haciendo huir a los nobles que no fueron ejecutados tras su caída. Los nobles que consiguieron escapar, huyeron hacia el norte.

Probablemente en el año 722 estalló una revuelta en Asturias capitaneada por el noble visigodo Pelayo y obtuvo una victoria en la batalla de Covadonga, y en el año 722, consiguieron hacer huir al gobernador musulmán de Asturias, y  en la primera mitad del siglo VIII consiguieron consolidar paulatinamente el reino de Asturias, que ocupó un territorio del tamaño de la actual autonomía.

En el año 756 el príncipe Omeya Abd Al-Rahman, llegó a Al-Andalus, derrotó al emir del poder de Damasco (Yusuf), y se proclamó emir con el nombre de Abderraman I, creando el emirato denominado de Córdoba. El emirato tuvo que luchar no solo contra los cristianos del Norte sino también en su propio territorio, contra mozárabes y muladíes, debilitando a Al-Andalus hasta la llegada al poder de Abd al-Rahman III (912-961), que consiguió devolver la unidad al reino musulmán. Bajo el gobierno de Hisam II, destacó el noble cordobés Abu Amir Muhammad, conocido como “Almanzor”, quien realizó múltiples campañas victoriosas contra los cristianos, arrebatándoles ciudades conquistadas como Zamora, León, Barcelona y Santiago de Compostela en el año 997. A su muerte en el año 1002, las luchas volvieron a apoderarse de Al-Andalus, lo que supuso el final del Califato.

En la segunda mitad del siglo XIII solo quedaba el reino nazarí de Granada, que se mantuvo hasta su conquista definitiva por los Reyes Católicos en el año 1492.

El Califato se mantuvo hasta el año 1031, Hisam III fue el último califa, pero sin poder, y a su muerte Al-Andalus se dividió en treinta reinos: los reinos de Taifas (1031-1492). Los reinos de Taifas fueron desapareciendo progresivamente ante la expansión cristiana. En la segunda mitad del siglo XIII solo quedaba ya el reino nazarí de Granada, que se mantuvo durante doscientos cincuenta años, hasta su conquista definitiva por los Reyes Católicos en el año 1492.

Ya puestos en situación y dado que la historia nos relata batallas en lugares familiares para los Laguneros, por su proximidad, como Simancas y Rueda, cuéntanos que queda o que quedó en nuestros lares de estos históricos acontecimientos, ya que en los archivos de Simancas  y  de Laguna, constan cédulas e inscripciones de Inventarios que así lo reflejan, pues a los lectores les gusta conocer esos detalles de la historia de nuestro pueblo.

Con la llegada de los árabes se rompió el desarrollo histórico visigodo y la superestructura de poder establecida, la mayoría de las ciudades y regiones se rindieron por capitulación y pactos. Con la llegada de la nueva lengua cambiaron las manifestaciones escritas y orales al imponerse como lengua oficial y de cultura. Lo que se perpetuó fue el habla de los enclaves de resistencia cristiana en la zona astur pirenaica donde, junto a los habitantes de la zona, se refugiaron los miembros de la maltrecha aristocracia hispanogoda y los cristianos que no deseaban permanecer en Al-Andalus. Fue en estos lugares (Oviedo, León, Burgos, País Vasco, Barcelona ….) donde nacieron los nuevos modos lingüísticos  que se repartirían por la Península durante la Conquista cristiana.

No existe abundante documentación escrita de esta época y es muy escaso lo que he podido hallar en lo referente a nuestra localidad, pero si creo oportuno añadir en esta entrevista, dos batallas de la reconquista, ocurridas en los alrededores y que han podido ser documentadas:

La batalla de Simancas y la batalla de Rueda; ambas entre los condes de Castilla, señores de nuestro municipio en esos momentos y el ejercito musulmán del califato, donde de alguna manera nos permiten tener una idea de lo difícil que resultaba vivir en estos lugares, cuando el reino cristiano limitaba en el río Duero con los árabes.

La batalla de Simanca afianzó el dominio sobre las tierras del río Duero por los reinos cristianos del norte

La batalla de Simancas (6 de Agosto de 939) fue un enfrentamiento bélico entre las tropas de la coalición cristiana encabezada por el rey de León, Ramiro II, formada con sus ejércitos, junto con los de García Sánchez I de Navarra, y el ejercito del condado de Castilla comandado por Fernán González y Ansur Fernández; contra el ejercito del Califato de Córdoba, dirigido en persona por el propio califa Abd al-Rahman III (Abderraman III). Que se desarrolló junto a los muros de la ciudad de Simancas y en la que la victoria cristiana afianzó el dominio sobre las tierras del río Duero por los reinos cristianos del norte, en el año 939 de nuestra era. La batalla, tuvo lugar en la margen derecha del Pisuerga al noreste de Simancas, siendo muy violenta y se prolongó durante 6 días. Las crónicas, tanto árabes como cristianas, relatan que hubo un eclipse de sol unos días antes de la batalla: “Encontrándose el ejercito cerca de Simancas, hubo un espantoso eclipse de sol, que en medio del día cubrió la tierra de una amarillez oscura y llenó de terror a los nuestros y a los infieles, que tampoco habían visto en su vida cosa semejante. Dos días pasaron sin que unos y otros hicieran movimiento alguno.”

El eclipse previo a los   días de batalla, sucedió el 19 de julio del año 939. El combate duró algunas jornadas, decidiéndose del lado de los cristianos que hicieron huir a las tropas musulmanas que no pudieron tomar la fortaleza de Simancas. Los musulmanes, que en su retirada de Simancas, tras haber sufrido 20.000 bajas en la batalla, habían arrasado la zona del río Aza (Riaza) en su camino hacia Atienza, sufrieron una emboscada en un barranco, donde fueron derrotados y puestos en fuga, consiguiendo los cristianos un gran botín. Como consecuencia de la batalla, la línea de repoblación del reino de León avanzó hasta el río Tormes, rebasando el límite del río Duero. No obstante, aunque Abd Al-Rahman III no volvió a dirigir personalmente sus ejércitos en combate, éstos siguieron haciendo incursiones más allá de los límites cristianos (como razzias del caudillo árabe Almanzor (Al Mansur); una de ellas desembocó posteriormente  en la batalla de Rueda (VA).   Lo cierto es que en agradecimiento a la ayuda prestada por los habitantes de la comunidad de Villa y Tierra de Laguna, Boecillo y Viana, el propio rey Ramiro II, otorgó un terreno para su gestión y disfrute.

La batalla de Rueda (año 981), fue un enfrentamiento militar librado entre las fuerzas del Califato de Córdoba lideradas por el hayib Abu “Amir Muhammad y una coalición cristiana formada por el reino de León, el condado de Castilla y el reino de Navarra. Terminó con una decisiva victoria musulmana sobre tres príncipes cristianos.        

Existen dificultades para poner de acuerdo a los diferentes historiadores sobre el emplazamiento y situación de la misma. Según Reinhart Dozy el enfrentamiento tuvo lugar en Rueda (Valladolid), pero en esos tiempos sería apenas una aldea, según José María Ruiz Asensio, y se libró en Roa (Burgos, una fortaleza repoblada en el año 912) según Martínez Díez.

Tras la victoria Almanzor avanzó contra León, capital del reino, pero Ramiro III salió a su encuentro rechazando el primer ataque de los musulmanes, que tenían más miedo a la furia de su jefe que a sus enemigos, así que volvieron a la carga y llegaron a las puertas de la ciudad, pero sin embargo, una tormenta invernal les obligó a regresar a Córdoba.

 ¿Cómo afectó a la población esa aportación Real?

En lo que referente a Laguna de Duero, con respecto a la batalla de Simancas, existe una Cédula Real en el Archivo General de Simancas, fechada en el año 939, y firmada por el propio Rey de León Ramiro II, en la que en pago de los servicios y ayuda prestada por los habitantes de la “Comunidad de villa y tierra de Laguna, Boecillo y Viana” otorga los terrenos de la denominada ESCUDILLA, a sus habitantes. Dichos terrenos se encuentran situados en el la margen izquierda del río Duero junto a la desembocadura del río Cega en el mismo, y dentro del término municipal de Boecillo. En la ficha correspondiente al Inventario Municipal de Bienes del Ayuntamiento de Laguna de Duero, entre otros datos, podemos observar los siguientes datos:

Historia

Ya entrados en la plena invasión árabe y posteriormente iniciada la reconquista por parte de los reinos cristianos, nos adentramos en la historia y no debemos olvidar la importancia que los reinos del norte de la península, Asturias, Cantabria e incluso el reino de Pamplona, tuvieron en el inicio de la reconquista; sin olvidar la gesta de D. Pelayo y sus descendientes. ¿Cómo influyó este periodo en el devenir, no solo de Castilla, sino en la propia Laguna de Duero?

Para acabar de una vez por todas con el reino leonés, Abderraman III concibió un proyecto gigantesco, al que denominó gazat al-kudra, o Campaña del Supremo Poder, declarando la yihad o guerra santa contra el infiel. Reunió un gran ejército formado por 100.000 hombres e integrado por mercenarios andalusíes, militares profesionales, tribus bereberes venidas de África, soldados de todas las provincias militarizadas (Yunus), y contingentes de voluntarios, y una vez armados y pertrechados salieron de Toledo, atravesando el Guadarrama por el puerto de Tablada e internándose en las tierras del sur del río Duero; saqueando y destruyendo los lugares que encontraba en su camino (Olmedo, Iscar, Alcazarén) y acampando todo el ejercito cerca del río Cega instalándose con su séquito en el castillo de Portillo a principios del mes de Agosto. Entre tanto, el Rey Leonés Ramiro II logró reunir a su lado, además de sus propias tropas, las de los condes castellanos Fernán González y Ansur Fernández, las del reino de Pamplona de García Sánchez I, así como a tropas gallegas, asturianas y gentes de los alrededores de la zona.

Como consecuencia de la batalla, la línea de repoblación del reino de León avanzó hasta el río Tormes, rebasando el límite del río Duero.

En el año 983 Almanzor lanza una nueva invasión, esta vez contra Simancas, estratégica fortaleza en poder cristiano desde la batalla  homónima del año 939, comentada por Ortega Rubio.  La expedición comienza el 16 de junio de ese año y finaliza con el retorno del hayib a la capital el 17 de julio según Martínez Díez. El asedio de la fortaleza duró un solo día, resultando el grueso de la guarnición y la población masacrada siendo tomadas cautivas 17.000 mujeres para ser vendidas como esclavas en Córdoba, según las crónicas musulmanas.

Con León sometido, Almanzor puso su atención en el Condado de Barcelona, un aliado suyo pero a la vez, una rica y vulnerable presa; y en Castilla, que seguía sin someterse hasta el año 995, tras la muerte de García Fernández, no volviendo ha haber refriegas ni batallas campales para los ejércitos califales hasta Peña Cervera en el año 1000.

Hemos citado a D. Pelayo pero ¿Cuánto de cierto y cuanto de leyenda hay en su gesta por el inicio de la Reconquista? Incluso su hijo D. Fáfila, que da nombre a un comarca Zamorana, también está envuelto en leyendas

El reino de Asturias tuvo sus comienzos en el siglo VIII, en los territorios occidentales y centrales de la Cordillera Cantábrica

Llegados a este punto entramos de lleno en lo que corresponde al establecimiento del reino de Asturias que tuvo plena vigencia como único reino inicial en la reconquista y que se desarrolló entre los años 718 al 910 de nuestra era. El reino de Asturias tuvo sus comienzos en el siglo VIII, en los territorios occidentales y centrales de la Cordillera Cantábrica, en especial los Picos de Europa y el área central de la actual Asturias. Según las descripciones de Estrabón, Dión Casio y otros geógrafos grecorromanos dichas zonas estaban habitadas en los comienzos de la era cristiana por diferentes pueblos. El propio Estrabón señala en su Geographía que durante la época romana, todos los pueblos del norte de España, desde los galaicos hasta los vascones, tenían una cultura y unas formas de vida similares; lo que forjó en sus luchas contra los romanos, vándalos y visigodos, una identidad común entre ellos, que cristalizó definitivamente tras la coronación de Pelayo (718-737), la victoria de Covadonga y la consolidación del Reino de Asturias.

Las primeras incursiones árabes en el norte fueron las de Muza entre los años 712 y 714. Entró en Asturias por el puerto de Tarna, remontó el río Nalón y tomó Santa María de Llanera, y luego Gijón, donde dejó a cargo al gobernador Munuza; este envió tropas al mando del general musulmán Al Qama para dominar al caudillo de los astures Pelayo, quién logro emboscar al destacamento sarraceno y aniquilarlo en la batalla de Covadonga en el año 722, ocurriendo la primera derrota islámica en el territorio peninsular y convirtiéndose en el símbolo de la victoria cristiana frente al infiel. Tras esta batalla se establece una pequeña entidad territorial en las montañas asturianas, que dará lugar más tarde al reino de Asturias. El triunfo de la revuelta otorgó un gran prestigio a Pelayo y provocó una insurrección masiva de los astures, germen de la nueva política de acción contra Al-Andalus; erigiéndole con el título de “princeps” y convirtiéndole en artífice del nuevo reino que emergía en el norte, fijando su capital en Cangas de Onís.

Estos acontecimientos dieron lugar a  movimientos de población, que con carácter defensivo y preventivo de futuras nuevas incursione árabes crearon el denominado “Desierto del Duero”, por la despoblación que se generó. Explícanos este fenómeno y sus repercusiones, si se conocen, en Laguna y su entorno.

Tras la muerte de Pelayo en el año 737, su hijo Fáfila es elegido monarca (737-739), muerto según las crónicas, por un oso en una de las pruebas de valor exigidas normalmente a la nobleza de la época; dando paso a Alfonso I (739-757) casado con la hija de Pelayo Ermesinda y heredero de la Casa de Cantabria, quien inicia la expansión territorial del pequeño reino cristiano desde los Picos de Europa, avanzando hacia el oeste hasta Galicia y hacia el sur con continuas incursiones en el valle del Duero, tomando ciudades y pueblos y llevando a sus habitantes hacia zonas más seguras del norte, originando la progresiva despoblación de la Meseta y del valle Medio del Ebro, creando el denominado “Desierto del Duero” como protección contra futuros ataques musulmanes, dando lugar a que en la primera mitad del siglo VIII, a un proceso de ruralización que trajo consigo el abandono de la vida urbana y la organización de la población en pequeñas comunidades de pastores. En este periodo se aumentó el territorio asturiano, además de añadirse un progresivo contingente de población que deseaba asentarse en él. Por el oeste, el Reino de Asturias, se anexiona parte de Galicia, por el este territorios vascos y algunas zonas de la futura Castilla, con plazas tan importantes como León y Astorga, así como La Rioja.

Tras Alfonso I, la línea sucesoria continúa con su hijo Fruela I (757-768), quien consolida y amplía los dominios de su padre. Aurelio de Asturias, nieto de Pedro de Cantabria (768-774), que instala la corte en terrenos del actual concejo de San Martín del Rey Aurelio, antes perteneciente a Langreo, entre los años 768 y 774. Al morir éste, le sucede como monarca Silo (774-783), esposo de Adosinda, hija de Alfonso I y nieta de Pelayo, que traslada la corte a Pravia y es sucedido por Mauregato (783-788) hijo bastado de Alfonso I con una mora, a quien la historia le atribuye el tributo de las cien doncellas; y una vez muerto éste es sucedido por el hermano de Aurelio, Bermudo I (788-791), denominado el “diácono”, quien abdicó tras una derrota militar, y acabo su vida en un monasterio.

Estos casi cien años de reinado se vieron continuamente amenazados por las acciones de Al-Andalus, al estar el Reino de Asturias totalmente rodeado y siendo, el único reducto de la Península. Además, serán estos monarcas los que, a través de las uniones matrimoniales, sienten las bases del nuevo reino, uniendo no sólo territorios, sino también políticas efectivas que incluyesen a los astures y que recogiesen las sensibilidades gallegas y vascas, compartiendo con ellos la administración.

Para finalizar este periodo haznos un resumen de los acontecimientos desde que D. Pelayo inició su “gesta”.

A finales del siglo VIII el trono astur es ocupado, tras la abdicación de Bermudo I, por Alfonso II “el Casto” (791-842), acabando el período de relativa paz con los musulmanes de períodos anteriores. Durante su reinado realizó expediciones de castigo hacia el sur, llegando hasta Lisboa en el año 798, y en el 825 vence también a los musulmanes en el Nalón. Fija la capital en Oviedo, desde donde se toman las decisiones sobre las actuaciones del Reino, imitando antiguas tradiciones visigodas y recordando a la antigua Toledo, y repuebla Galicia y zonas septentrionales de Castilla y León. Impuso el sistema electivo para el trono en vez del hereditario y se rodeó de un gobierno de fieles encargados del desarrollo político. Situó en lugar privilegiado el culto, la religión y la iglesia; ayudándole el descubrimiento del cuerpo del apóstol Santiago, comenzando con ello la peregrinación. Pero no todo fue positivo en ese tiempo, los ataques musulmanes eran una continua amenaza para la estabilidad de Asturias, que se encontraba en absoluta minoría en número y medios. En el año 816, las tropas musulmanas consiguieron entrar en Oviedo y la ciudad quedó desvastada; quedando unos años de tranquilidad hasta que en el año 822, con la llegada al trono del califa Abd-al Rahman II, Oviedo volvió a ser atacada.

Tras el largo reinado de Alfonso II, este es sustituido por el hijo de Bermudo I; Ramiro I (842-850), que inicia un periodo de guerra continua con los musulmanes teniendo lugar la victoria de la batalla de Clavijo, se desarrolla el apogeo del arte y es testigo de una incursión Normanda en el año 844. A su muerte el trono es ocupado por Ordoño I (850-866), que lleva a cabo la repoblación de Astorga, León, Tuy y Amaya. Es sucedido por su hijo Alfonso III “el Magno” (866-910), a quien se considera el último Rey de Asturias. Alfonso III, se casó con la noble Navarra Jimena, y con el apoyo de los nobles gallegos conquistó el actual Portugal repoblándolo desde Galicia, en el año 868, llegando hasta Coimbra en el año 877. Avanzó por el Duero, conquistó Zamora y Burgos y  estableció la frontera sur del Reino a principios del siglo X, con la línea del Duero, con poblaciones como Toro y Zamora; fijando sus límites desde Oporto hasta Álava.

En el año 910 los tres hijos suyos se reparten el territorio quedando Asturias en manos del menor de ellos Fruela II, mientras que León es heredado por García I, y Galicia por Ordoño II; siendo a partir de este reparto cuando aparece el nuevo Reino de León, como centro de política y de la Reconquista.

Bueno  pues entre tanto nos hemos puesto en el año 1.000, fecha de cambio de milenio y que servirá de inicio de otra conversación con Teodoro para desgranar, en lo posible los intríngulis de nuestra historia local y centrarla en la de Castilla.

La siguiente crónica histórica la centraremos en el Reino de León, continuador del Reino de Asturias

La siguiente crónica histórica la centraremos en el Reino de León, continuador del Reino de Asturias, pero la dividiremos en varias etapas, dado que comenzaremos en el año 910, cuando Alfonso III de Asturias al morir lega a su primogénito García I el Reino de León, y la finalizaremos en el año 1230, en cuyo transcurso,  detallaremos la creación del condado de Castilla, su posterior conversión en el Reino de Castilla, así como la primera unión provisional de los dos reinos, la separación posterior de ambos y la unión definitiva en el Reino de Castilla y León; creando con ello las bases que generaron el comienzo del actual Estado Español.

Muchas gracias Teodoro  y nos emplazamos para una nueva “entrega” de la apasionante aventura de la historia.

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