¿Hablamos de sexo?/Inicio

SOY UN TOQUI-TOQUI, ¿HAY ALGÚN PROBLEMA?

Rosa Eva Rabanillo San Segundo

“Anda… Que te tenga que enseñar yo a hablar de Sexo”

 

Treinta días después… el sexo se vuelve a hacer un hueco entre las letras, ¿vestido de ellas, empapado en trazo, mojado de tacto, extasiado en palabras que suenan a caricias, tal vez?

Porque, si el tocar es un arte, ¿todo el que toca es un artista?

Si resulta que el sexo es un baile de tactos, y cuando nos quedamos sin la posibilidad de poder tener una relación sexual, el recurso más cercano, el que se nos queda más al alcance de la mano, es siempre el tocarnos… tal vez aquel bolero debió llamarse tócame, tócame mucho, dejando al beso solo como melodía de fondo.

Efectivamente el amor se hace grande con miradas envueltas en caricias, y el sexo lleva implícito un baile de sensaciones que, aun cuando nos vemos más solos que la una, siempre nos toca o nos acaricia. La diferencia en el matiz de la palabra, muchas veces, lo marca el ritmo propio o el baile con otro, pero el recorrer de un tacto sobre el otro siempre está, siempre nos arropa, sea como fuere.

Y este, amigos míos, es uno de esos temas que cuando tenemos al lado a un niño o a una niña, parece que borramos del mapa.

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Con el carnet de padre o de madre, parece que nos regalan unas cuantas alegrías, miles de vivencias y muchas veces, parece que también nos regalan una goma. Sí una goma, NO una goma sexual (eso lo dejamos para otro artículo, que será por meses que nos quedan paladeando sexo), SÍ una goma de esas de borrar, de las que enmiendan errores o directamente maquillan con su transparente, los aciertos.

Llega un momento que cosas que todos hacemos, desaparecen de nuestro vocabulario, y de nuestro repertorio de acción, y cuando corretea un niño a nuestro alrededor, el sexo, gracias al que le creamos de la nada, se volatiliza y se queda sin palabras.

¡Vamos a ver! ¡Vamos a ver! ¡Que comienza el Rock&Roll!

Tú acabas de tener un niño o una niña, sales del hospital un poquito incómoda ¿verdad?. Con la zona por donde salió la criatura, un poquito “al baño María”, el pecho como aquella Sabrina en sus buenos tiempos (a lo cual, en este preciso momento, no le pillas la gracia, del todo). Tu pareja con la emoción desbordada y comienza el baile.

¿Qué le hago, qué le digo, qué le cuento, qué le explico a este ser que empieza a crecer? ¿Qué le cuento yo, qué dejo a la improvisación y qué tiene que descubrir él o ella a su libre albedrío, a su bola absolutamente, en el lago de Laguna, que para eso tiene bancos y un entorno bucólico?

Sobre el sexo y sobre esto del tocar, podemos comenzar por fabricar un taburete de tres patas y sentarnos, que nos va a dar para largo el temita. Y mirar, utilizando palabras de mi hijo, que hace que esto del sexo deletreado, sea mucho más fácil de entender, os diré que:

Lo primero es contar, dónde nos podemos tocar lo nuestro.

La nariz y el pito o el chirri, como dice Iván, es mejor tocárnoslo en un sitio privado, porque a la gente en general, no le apetece ver a los demás desnudos con pitos y chirris entre las manos, ni con cosas verdes en los dedos.

Es importante, pues, buscar un lugar privado para este tipo de cosas. La habitación o el baño podrían valer, siempre y cuando nos toquemos lo nuestro.

Vale que muchos pagaban, pagan y seguirán invirtiendo sus ahorrillos en ver por ahí pitos y chirris que no son suyos, pero un niño pequeño, una chiquilla que no sabe ni lo que es un euro, con que sepa que mejor no tocarse el pene y la vulva, en mitad de la plaza mayor, el día de las elecciones… que queréis de os diga, ya vamos sobraos ¿eh?

La segunda pata del banco: Cada uno se toca lo suyo.

Y como dice Iván. No toco el pito o el chirri, el pene o la vulva (que así se llaman en realidad las cosas) de mi vecino o de mi vecina, por muy mal que vea que se lo está haciendo él o ella y quiera enseñarles a hacerlo mejor, y a poder ser tampoco estoy con ellos en el baño cuando lo hagan. En los lugares privados, contra menos gente mejor.

Y la tercera pata, la más importante, según Iván, para que no nos caigamos con todo el equipo de la educación sexual: Nadie debería tocar nuestros penes, ni nuestras vulvas, ni tetas ni esas cosas y tampoco debería pedirnos que se lo tocásemos.

Pero ¡eh, ojo!, a los niños y a las niñas hay que contarles que cuando papá o mamá, o la abuela,  un tío de ha venido de Huesca, nos seca después de la ducha, eso no es tocar, eso es secar. Secar es algo que se hace más  menos rápido, con el que quitamos el agua pasando una toalla por todo el cuerpo. Cuando alguien nos quiere tocar nuestras partes íntimas o nuestros genitales, lo hace de otra forma, se centra en el pene, en las tetas, en el culo o la vulva, no nos toca un pie y luego el pene y luego la oreja, como hacen los familiares cuando nos están secando.

Si creemos que con soltar a los hijos y a las hijas al mundo, después de haberlos creado de la nada, tenemos todo el trabajo hecho, yo aconsejaría comprarse un sofá en lugar de un banco, porque el cansancio va a ser monumental.

El tocar efectivamente es un arte, pero el explicar a nuestros hijos e hijas, lo que se toca, dónde se toca, a quién se toca y quién nos lo puede tocar. Eso amigos míos, es toda una feria de arte contemporáneo.

Nos leemos en un mes para seguir colgando cuadros, y descolgando mitos.

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