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ESPERPENTO (PARTE I)

Autor del artículo: Andrés Hombría

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              Lamela, Llarena y Marchena

 

Yo pongo a tu servicio mi artefacto y tu me das un duro ¡Olé el cariño!  ( de la Jornada segunda de “Farsa y licencia de la reina castiza” de R. del Valle-Inclán).

 

Desgraciadamente don Ramón María abandonó el reino de este mundo hace casi 90 años y su estética del esperpento ha tenido pocos seguidores en el mundo del teatro. Sin embargo ha triunfado en toda regla en el de la judicatura y la fiscalía. Ciertamente nuestros togados carecen del magistral dominio del lenguaje de su ilustre predecesor, pero en lo que se refiere  a su capacidad de imaginar tramas originales no tienen nada que envidiarle.

 

Un primer manifiesto colectivo fue la trilogía de las tres farsas estrenadas entre finales del año 2017  y la actualidad.

La primera, bautizada como “Farsa catalana de la reprimenda del rey” transcurre en menos de dos semanas. Millones de ciudadanos de aquel país son convocados a un referéndum que no se toma en serio nadie, pero aparecen unas extrañas naves cargadas de fornidos individuos vestidos como cosmonautas, llamados “piolines” por los emblemas que lucen dichas naves, con el propósito de impedir, por las buenas o por las malas, que depositen su voto. Las televisiones de medio mundo se hacen eco del conflictivo encuentro de ambos colectivos.

La siguiente escena es un largo monólogo en que un monarca (constitucional, por supuesto) amenaza a los votantes con las penas del Purgatorio* si persisten en su propósito de llenar de votos urnas no autorizadas. La escenografía  es más calmada pero no menos inquietante.

La última parte de la farsa tiene lugar una semana después. En una movida sesión parlamentaria se proclama lo que ha sido, y parece que será por mucho tiempo, la república más efímera de la historia. Dura exactamente 48 segundos. Todo parece un poco irreal, salvo las contusiones de quienes pretendían depositar su sufragio.

La autoría de la pieza no parece clara. Algunos estudiosos la atribuyen a un misterioso M.Rajoy, pero parece más bien una creación colectiva, aunque su escena central parece obra del propio monologista.

La segunda de las piezas, “Farsa y licencia de las togas castizas”, se inicia unos días antes en una multitudinaria concentración frente a la Consejería de Economía de la Generalitat, que está siendo registrada por una dotación de la Guardia Civil. Subrayando el carácter esperpéntico de la escena, uno de los coches de la Benemérita queda aparcado a la puerta, abierto y con las armas reglamentarias en su interior. La concentración se disuelve cuando Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, conocidos como “los Jordis” se dirigen a la multitud pidiendo que así lo hagan. En la siguiente escena la jueza Carmen Lamela ordena prisión incondicional contra ambos, acusados de sedición; delito este inexistente en la mayoría de los países de nuestro entorno, lo que no dejara de acarrear nuevos y sorprendentes giros argumentales en la obra**.

Entra entonces en escena un nuevo personaje, el Fiscal General del Estado José Manuel Maza, que presenta una querella por rebelión contra los citados Jordis, todo el gobierno de la Generalitat presidido por Carles Puigdemont (un personaje que irá cobrando relevancia en esta obra y sus secuelas) y los miembros de la mesa del Parlament que aprobaron la inclusión de la declaración de independencia en el orden del día de la sesión del 10 de octubre. El juez que instruye el caso es Pablo Llarena, magistrado de la sala segunda del Tribunal Supremo, que preside el juez Manuel Marchena.Sin embargo, en la génesis de todo el proceso parece haber algo extraño. Los estudiosos de la obra sospechan de la existencia de un autor oculto, alguien que decidió convertir un episodio tan ridículo como el de la primera farsa en el eje vertebrante de toda la trilogía y de sus múltiples secuelas. La mayoría apuntan como “negro”, o más bien “negra” en este caso a Soraya Sáenz de Santamaría****, a quienes algunos atribuyen también ser la autora real que se esconde bajo el misteriosa seudónimo  “M.Rajoy” de la primera farsa. El espectador se sorprende en un principio  de la calificación de rebelión de un asunto en que no hay armas ni violencia física, pero todo tiene un sentido dramático clarísimo: buena parte de lo que sigue no se desarrollará en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, al fin y al cabo un escenario de provincias, sino ante el Tribunal Supremo, es decir, en la capital del reino, como merece un espectáculo de tal calibre. La escena final de esta segunda farsa resulta a ratos un poco tediosa, pero contiene momentos inolvidables, como el de los miembros de la Benemérita describiendo su pavor ante las miradas de intenso odio de los congregados en los colegios electorales el primero de octubre de 2017 y el alegato final del fiscal Cadena en que afirmaba que para que hubiera rebelión “la violencia física no es indispensable” y basta con “la vis intimidatoria y la vis compulsiva”. Fue capaz de decirlo sin mostrar la mínima vis cómica y el tribunal fue capaz de reprimir la hilaridad, lo que prueba una vez más que si los autores de la pieza mostraron si inventiva pergeñando el argumento, sus intérpretes no les fueron a la zaga en lo que a capacidad actoral se refiere. Olvidando los rancios principios del derecho penal, optaron por sintonizar con la sensibilidad popular reflejada en el dicho castizo: “al amigo, el c, al enemigo, por el c***, al indiferente, la legislación vigente”. Con la inestimable ayuda de VOX ( diccionario de latín que todos manejaron durante su bachiller) tradujeron el “A por ellos” por  el mucho más respetable “Adversus eudem”. A pesar de ello, lo de la rebelión expresada mediante la “vis intimidatoria”, hasta en  un tribunal castizo se juzgó algo excesivo, y la condena final fue por sedición (lo que, como ya señalamos, traería cola). El giro argumental ha recibido diversas explicaciones de los estudiosos del esperpento moderno. Algunos afirman que los juzgadores eran conscientes de que la escena iba a ser contemplada fuera de nuestras fronteras, en que nuestra fértil imaginación judicial parece poco apreciada. Otros señalan que los propios autores de la dramaturgia, con la ya nombrada S.S. de S. a la cabeza, desconfiaban de las excesivas libertades que los intérpretes se arrogaron, cambiando partes del texto original y cargando en demasía las tintas  en busca del lucimiento personal:  en la jerga teatral se diría que  los  actores  “metieron muchas morcillas*****”. Con todo, la sentencia tampoco satisfizo fuera, en que, las condenas, y, en particular las de los dos Jordis fueron señaladas por Amnistía Internacional y por la Comisión Internacional de Juristas como “criminalizaciones de la protesta política”. Este segundo episodio de la trilogía incluye diversos hechos que implican a algunos de los segundos, terceros, cuartos…actores del episodio primigenio del 1 de octubre, porque la troupe juzgadora parece que le ha cogido gusto al tema y material para juzgar no le falta. Todo cargo intermedio de la administración catalana, todo informático que participó en la elaboración de listados, todo proveedor de material electoral son susceptibles de ser “investigados”. Solo entre  alcaldes de municipios catalanes, hay 712 amenazados de inhabilitación. Además, la sentencia provoca protestas masivas, el llamado “Tsunami Democràtic”, con las consiguientes detenciones, que permitirán a jueces y fiscales seguir dando muestras de su inquebrantable patriotismo y acendrada defensa de la unidad de España. En particular colocarán en primer plano a ese gigante de la creatividad jurídica ibérica que es el juez García Castellón…pero eso tenderemos que dejarlo para otra reseña. El telón cae ( de momento) en junio de 2021, cuando el gobierno de coalición   PSOE-UP aprueba el indulto de los juzgados dos años antes.

Es difícil dar un juicio de esta segunda farsa. Por un lado deja abiertas varias subtramas, facilitando la creación del tercer volante del tríptico, e incluso de nuevos episodios a la manera de las (mal) denominadas “sagas hollywoodianas”. Por otro lado, su escena central, la del juicio ante el Supremo, resulta un poco previsible, aunque la ausencia de varios de los más que potenciales condenados introduce un elemento de intriga que no dejará de ser fructífera en el siguiente episodio. El texto revela quizá  una cierta búsqueda del chiste fácil en la elección del nombre de los personajes:  Maza y Cadena para los fiscales, mientras que los de  los jueces, Lamela, Llarena y Marchena parecen un trasunto de Ping, Pang y Pong, los tres personajes bufos de la ópera “Turandot” de Puccini.

 

*) Es la ventaja de que se trate de un monarca constitucional. Los del Antiguo Régimen directamente mandaban a sus súbditos levantiscos al Infierno.

**) El término, casi desconocido para la mayoría hasta entonces, no lo era para quienes hicimos la mili. Cada vez que los mandos percibían algún amago de protesta colectiva, por ejemplo una asistencia a la cena cuartelera superior a la habitual, nos recordaban públicamente las graves consecuencias que nos podía acarrear cualquier actitud sediciosa.

***) No era la primera vez que Marchena y Llarena aparecen vinculados. La hija del primero aprobó las oposiciones de judicatura, pero no pudo por enfermedad realizar los cursos de la Escuela Judicial, que está en Barcelona. La Comisión de Selección,  órgano que  controla el acceso a la condición de juez o fiscal, decidió entonces crear una nueva plaza de fiscal para ella, dado que los cursos de acceso a la fiscalía son más breves y se hacen en Madrid. Uno los miembros más conspicuos de dicha comisión es la directora de la Escuela Judicial, que es la mujer del juez Llarena.

****) Lamentablemente la vinculación con la escena política de la interesada, para la que estaba tan bien dotada, se cortó un año después, cuando decidió alejarse de focos y bambalinas en busca de actividades más discretas y mejor remuneradas. No cabe duda, sin embargo, que los contactos, saberes y encuentros del periodo anterior le habrán sido de gran ayuda en su nueva andadura.

*****)Morcilla: Añadidura de su invención que a veces intercalan los actores en sus papeles (Diccionario María Moliner, 2ª edición, 2004).

CONTINUARÁ

 

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