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IDA Y Vuelta (de J.M.A.)

Autor del artículo: Andrés Hombría

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No no hay un error ortográfico en el encabezado. Escribo “IDA”, para referirme al acrónimo de la omnipresente (en los medios) actual presidenta de la Comunidad de Madrid. Aclaro que, por muy reprobables que me parezcan sus políticas, no creo que la interesada esté “ida” en el sentido de que haya perdido el juicio: se trata simple y llanamente de un ser que carece de toda empatía hacia los más débiles, lo que la hace de ella una sicaria ideal.

“Vuelta”, como supondrán, es un nombre común y se preguntarán de qué o de quién y qué pinta en ella   la Sra. Díaz Ayuso. No pretendo hacerme el misterioso: se trata de la vuelta a la escena política de este país de la (paradójicamente) alargada sombra de José María Aznar.

A explicar por qué me refiero a la sombra del expresidente y no al personaje mismo y qué papel juega la presidenta madrileña en dicho retorno dedicaré el resto de esta nota.

Remontémonos a 1996. El gobierno del Sr. González Márquez lleva encadenando “anni horribiles” desde que ganó las elecciones de 1993. A la recesión económica que empezara un año antes, el gobierno encadena escándalo tras escándalo que tocan a todos los supuestos pilares de la estructura del estado (fondos reservados, crímenes del GAL, obligada dimisión del gobernador del Banco de España, director general de la GC prófugo de la justicia…). Los escándalos financieros habían afectado incluso a la Cruz Roja Española, presidida entonces por una destacada militante del PSOE. El resultado es que en la lógica bipartidista del momento el siguiente Presidente del Gobierno iba a ser, sí o sí, el candidato que presentara el PP, fuera éste el sr. Aznar o el oso Yogui. Con todo, su victoria (la del Sr. Aznar) fue tan ajustada que necesitó pactar su investidura con el sr. Pujol (sí, sí, el del 3%), que era la bestia negra de la mayoría de sus seguidores. El resultado fue una legislatura bastante plácida, con un Aznar que declaraba hablar catalán en la intimidad, leía a Stefan Zweig con fruición (según sus múltiples apologistas de entonces) y aceptaba negociar con el Movimiento Vasco de Liberación el fin de la violencia en aquel territorio.

A ello se sumó que en aquellos cuatro años nuestro país pareció volver a la senda de la prosperidad, sentando las bases de lo que luego sería la burbuja inmobiliaria.  En ello jugó algún papel las medidas “liberalizadoras” del mercado del suelo, pero sobre todo fue consecuencia de dos fenómenos ligados a la creación del euro. El primero fue la necesaria convergencia de los tipos de interés, que en nuestro país eran del 16% para los créditos hipotecarios y en pocos meses habían caído al 4%. Ello tiene un afecto dinamizador del mercado inmobiliario inmediato. Quien con los tipos antiguos podía pagar 30 millones de pesetas por una vivienda ahora podía pagar con el mismo esfuerzo económico 37, por lo que el promotor aumentaba el precio a esa cifra y decidía iniciar una segunda fase. El dueño de los terrenos en que pretendía hacerlo quería también su parte del pastel y había duplicado el precio del metro cuadrado. Algunos de los propietarios de la primera fase vendían su piso seminuevo y con mejoras por 35 y, animados por la ganancia obtenida, daban la entrada de una unifamiliar de las que se ven en las series yanquis. No hace falta que les cuente como siguió y terminó aquello.

La segunda razón es menos mencionada, pero, creo, no menos importante. Una de las principales debilidades de la economía española ya desde los años cincuenta era que su crecimiento conducía rápidamente al desequilibrio de la balanza de pagos que devaluaba la peseta* y provocaba mayor inflación. El Banco de España para controlarla subía los tipos de interés y abortaba el despegue. Así era siempre…hasta que llegó el euro. Aunque solo entró en funcionamiento en 2002, sus efectos eran ya visibles en los cuatro años anteriores. De hecho las monedas nacionales correspondientes tenían desde 1997 un margen de oscilación restringido que los correspondientes bancos centrales defendían al unísono y desde 1999 habían dejado de existir como divisas y no podían, pues, devaluarse. Los medios se referían al Sr. Rato como un mago de la Economía, lo que viene a ser como calificar como mago de la Agronomía al ministro del ramo correspondiente por las buenas cosechas en años de abundantes lluvias primaverales. Un lustro después, descartado como sucesor de Aznar en favor de M. Rajoy, Rato es promovido a director del FMI, cargo que asume poco después de las elecciones de 2004 y en el que permanece solo tres años. El balance de su gestión resultará decepcionante, como lo había sido ya su desempeño en el sector privado anterior a su aparición en la escena política.

En fin, que Aznar enfrenta las elecciones de 2000 en óptimas condiciones y las gana por mayoría absoluta. El milagro se había cumplido: en poco más de un decenio: la AP de 1989 de Fraga, eterno primer partido de la oposición, se había convertido en el PP de Aznar ganador por mayoría absoluta. Y volvió a cumplirse el principio de que “un idiota jamás se recupera de un éxito”**. El interesado se cree tocado por la mano del Destino, se siente más estadista que administrador, Interpreta que España le ha designado para que marque su rumbo en el siglo XXI. Preocupado solo de lo estratégico, por influencia de Rafael Bardají***, que ha sustituido a Pedro Arriola como su consejero personal, decide convertirse en el gran aliado (anti)europeo de EEUU. El desastre de la invasión de Iraq, que él había defendido, el error que representa aparecer enfrentado a Francia y Alemania cuando España recibía fondos europeos equivalentes al 1% de su PIB y, por último, la increíble torpeza del embuste sobre la autoría de los atentados de Atocha en la semana misma de las elecciones condujo a la (absolutamente inesperada) derrota del PP en 2004. Aunque el candidato era Rajoy, lo que se juzgó en ellas fue la gestión de Aznar: de alguna forma su resultado fue una bofetada al segundo en la cara del primero.

Nuestro protagonista así lo siente y, convencido de que este país no ha captado la profundidad de su visión estratégica, decide potenciar su imagen internacional. Recordarán ustedes su famosa conferencia en la Universidad de Georgetown del verano de 2004 en que afirmó que la lucha contra Al-Qaeda empezó en Las Navas de Tolosa. Cuando recabaron su opinión a Rato, entonces ya director del FMI y que había asistido a ella, éste respondió irónicamente: “He comprobado que el inglés de Aznar ha mejorado bastante”. En fin, que la indigencia intelectual del expresidente resultó tan evidente que, aunque mantuvo su actividad docente siete años, no consiguió hacerse un hueco en los círculos académicos neocon. Habiendo fracasado en eso de “hacer las américas” vuelve a centrar su atención en nuestro país. Deslumbrado con el poder que tienen los “think tanks” conservadores en el mundo anglosajón decide, con éxito, convertir la FAES, que era la fundación de estudios del PP, en su   propio “think tank”. Sabe que no puede volver a la primera línea política, porque genera tantos rechazos como los que producía Fraga y aspira pues no a gobernar el país sino a gobernar a los que lo gobiernan. Se permite afirmar en mayo de 2007 que ”nadie me debe decir lo que tengo o no que beber” en referencia a las nuevos niveles máximos de alcoholemia autorizados por la DGT. Es claro que un comentario así es esperable en “Forocoches” pero sitúa a quien lo hace en la marginalidad política.

Mientras tanto, el país es gobernado por un PSOE aupado por la persistencia de la aparente bonanza económica y el PP es presidido por Rajoy, al que el mismo ha designado, porque, como buen gallego, tenía la habilidad de pisar pocos charcos****. Mientras éste siguió en la oposición, nadie le pidió demasiadas cuentas. Pero cuando la acción combinada de Lehman Brothers, el BCE y la llamada de Obama a Rodríguez Zapatero nos devuelven a nuestra realidad económica, se produce para el PP una situación similar a la de 1996: su candidato, sea quien fuere, llegará a la presidencia. En este caso el agraciado será Rajoy, que, aunque lector del “Marca” y no de Zweig, cuenta con su propio equipo: ni el recuperado Arriola, ni Guindos ni Soraya Sáenz de Santamaría son personas vinculadas a la FAES. En contraposición, el aznarismo intenta potenciar la figura de Esperanza Aguirre, pero con poco éxito. En principio porque no es fácil combatir en el PP a quien les ha llevado de nuevo al gobierno, aunque su mérito en ello sea parecido al del ministro de Agricultura en las lluvias del mes de abril. Y en segundo lugar, porque buena parte de la clase política, pero en particular la del PP es víctima del “espejismo madrileño”. Como la capital concentra el poder político, económico y mediático, tienden a creer que  quien triunfa en Madrid puedo hacerlo en el resto del estado. Los hechos prueban que se equivocan, como Esperanza Aguirre pudo comprobar.

 Cuando la sentencia de la Gurtel produjo la caída de Rajoy y con Pedro Sánchez ya presidente el PP celebra sus primeras primarias. Diversas carambolas propician  que la favorita Sainz de Santamaría, que había sido la auténtica cabeza del gobierno Rajoy pierda frente a Pablo Casado, que es el candidato del aznarismo*****.Muchos lo ven como un interino en espera de que Núñez Feijóo  dé el salto de Galicia a Madrid, pero los acontecimientos posteriores parecen desmentirlo. La crisis de Ciudadanos es oxígeno electoral para el PP. Da la sensación de consolidarse en el cargo. Hasta que se le ocurre tener una iniciativa propia y cuestionar, aunque sea levemente, el entramado de oscuros intereses que   nuestra protagonista femenina, IDA, ha heredado de su mentora política, la Sra. Aguirre. En ese momento, Casado tendrá sus días contados. El aznarismo no tiene un candidato alternativo claro, pues Díaz Ayuso no puede abandonar la presidencia de la Comunidad de Madrid a los seis meses de haber sido elegida y la designación recae en el anterior favorito, Núñez Feijóo. De nuevo éste parece al principio tener el viento a favor, con las encuestas dando un PP en alza y la mayoría absoluta del PP en las elecciones andaluzas. Hasta que de nuevo se le ocurre tener una iniciativa propia y, para consolidar su fama de “moderado” se aviene a pactar la renovación del CGPJ, que debía haberse producido ya a finales de 2018. En ese momento, el aznarismo en bloque, que defiende un modelo de oposición “a cara de perro”, aunque ello bordee la legalidad constitucional, decide recordarle que no es él quien manda en el PP. El aparato mediático madrileño prepara el terreno, pero la portavoz “oficial “del interdicto es Díaz Ayuso. Lo hace sin recato, a través de un mensaje de wasap que toda su grey mediática difunde.

La pregunta ahora es cuál es el futuro del desautorizado presidente. Aquí entramos en el terreno de lo especulativo. Lo más probable me parece que, si el interesado ha entendido el mensaje y deja de intentar tener iniciativas propias, le mantengan en el puesto hasta las próximas elecciones. Una segunda posibilidad es que si “el efecto Feijóo” sigue desinflándose en las encuestas sea sustituido por nuestra protagonista femenina. Me parece poco probable, porque el resultado electoral del PP sería espectacular en Madrid y catastrófico en el conjunto del estado. La tercera sería su sustitución por algún “tapado”, pero el único que se me ocurre, Moreno Bonilla, acaba prácticamente de ser reelegido en Andalucía. En cualquier caso lo que parece claro es que cualquier atisbo de moderación en el PP es en estos momentos impensable y que la sombra del aznarismo seguirá marcando el devenir de la derecha política española.

*) Un marco, que costaba 60 pesetas en 1992, paso a cambiarse por encima de 85 en 1995.

**) La frase se atribuye a Mark Twain, pero parece una reelaboración de una anterior de Séneca.

***) Bardají es poco conocido, pero su influencia en la segunda legislatura de Aznar fue muy grande. Les aconsejo que lean su perfil (en la Wikipedia, p.e.).

****) La explicación no es mía sino de Vázquez Montalbán en su libro “La aznaridad”,  el más lúcido retrato de aquel periodo.

*****) Pablo Casado aparece junto a Rafael Bardají y José María Aznar como uno de los promotores en España del grupo de presión sionista “Friends of Israel Iniciative”. El sionismo, que hace unas décadas coqueteaba con la socialdemocracia, está cada vez más escorado hacia la extrema derecha.

 

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