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ESPERPENTO (PARTE II)

Autor del artículo: Andrés Hombría

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Puigdemont y García  Castellón

 

¿Habéis advertido, hermanos, cómo esta pelota bota y rebota? Cuando la envío a una parte, se tuerce a la contraria. (Comienzo de la “Farsa infantil de la cabeza del dragón” de Ramón del Valle-Inclán)

 

La tercera de las piezas “Farsa pueril de la cabeza de Puigdemont” nos remonta un poco en el tiempo. Nuestra ya vieja conocida, la jueza Carmen Lamela, dicta el 31 de octubre de 2017 una orden de detención contra el destituido presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont y los (igualmente destituidos) consejeros Antoni Comín, Lluis Puig, Meritxell Serret y Clara Ponsatí. Maliciándose que se estaba pergeñando una nueva farsa, judicial en este caso, y que de sus autores no podía esperar nada bueno, los interesados habían abandonado el país*, camino de Bélgica. Con las prisas, la jueza marcó en la euroorden la casilla de “corrupción” que no figuraba entre las acusaciones de la fiscalía (rebelión, sedición y malversación). El juzgado belga, en lugar de entender que con tantas palabras terminadas en “ión”, cualquiera puede cometer una equivocación, decidió sin más dejar en libertad a los cinco.  El principal encausado, Carles Puigdemont, había salido del país el 28 de octubre, según versión de la mayoría de los medios de comunicación, escondido en el maletero de un coche conducido por dos mossos d´esquadra. Como siempre, cuando se narran las peripecias de quien es considerado el enemigo público número uno, es difícil discernir cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda en ellas. De hecho, el interfecto había pasado de presidir la república más breve de la historia a ser el fugitivo más famoso desde Eleuterio Sánchez, allá por 1970. Su leyenda llegó hasta el punto de que se le calificara de “felón”, palabro  que la mayoría solo recordábamos vagamente de  cuando en el bachillerato  se nos contaba que a Fernando VII se le denominaba ·el rey felón”. Retirada la euroorden, por el pequeño despiste de Lamela, el segundo personaje de nuestro anterior esperpento, el juez Pablo Llarena toma el relevo y empieza a solicitar la extradición de todos los felones, que siguen todos ellos en Bélgica salvo Clara Ponsatí que está dando clases en la Universidad de Edimburgo. ***. Como Anna Gabriel, que formaba parte de la mesa parlamentaria que admitió a trámite la declaración de independencia se había exiliado en Ginebra, la innovadora facundia del ínclito juez Llarena fue conocida en media Europa. Hay que reconocer que con poco éxito. La innovadora idea de que podía haber una rebelión sin armas, solo con “vis intimidatoria” no parecía convencer a los jueces foráneos, como sucede con frecuencia con todas las formulaciones realmente innovadoras. Como ya señalamos en la primera parte de esta reseña, allende nuestras fronteras no se apreciaba y, mucho nos tememos, sigue sin apreciarse  adecuadamente el esperpento en la escena judicial. En cualquier caso la cabeza visible de la pérfida hidra secesionista era el ex-presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. Instalado en Waterloo***, intervenía gustoso en diversos foros europeos y por ello salía con cierta frecuencia de territorio belga. Esto propició uno de los más jugosos episodios de esta tercera farsa. Lamentablemente para entonces el gran Francisco Ibáñez ya no estaba en activo, lo que nos privó de que enriqueciera su legado con un “Mortadelo y Filemón persiguen a Puigdemón”, que hubiera puesto un broche de oro a su carrera. El caso es que el susodicho (Puigdemont, no Ibáñez), tras pronunciar una conferencia en Helsinki, decidió volver en automóvil a su residencia habitual. Aquí entra en escena por última vez S.S. de S., que es de quien depende el CNI (para que se hagan una idea, como la TIA de Ibáñez, pero más de chiste). Instalan un aparato emisor en el coche del fugado y cuando éste para a repostar en Alemania, avisan a la policía alemana de que hay una euroorden de detención contra él que acaba de ser reactivada. Es detenido y presentado ante el juez del bund alemán correspondiente, Schleswig Holstein. La noticia provoca tal entusiasmo en los medios generalistas y entre la nutrida afición del “¡A por ellos¡”, que hacen incluso el esfuerzo de intentar memorizar el nombre del bund de marras (no lo consiguen ni los presentadores de los noticiarios). Pero Puigdemont está por fin detenido en Alemania, que es un país serio y que lo extraditará sin duda para que reciba el castigo que merece. Por supuesto, a nadie se le ocurre pensar quien va a toma la decisión no es “Alemania” sino el juez correspondiente, y que en algunos países los jueces se rigen más por criterios profesionales que patrióticos. El caso es que ante una petición de extradición para ser juzgado por “rebelión, sedición y malversación”, responde que él no ve rebelión****, que la sedición es un delito sin equivalente en el código alemán y que si Llarena quiere se lo envía pero solo podrá ser juzgado por malversación. No dice que el detenido haya malversado; dice que este último delito es posible y que serán los tribunales quienes deberán esclarecerlo. Llarena, despechado, dice que para eso no vale la pena y retira (de nuevo) la euroorden. No solo las penas por malversación son muy inferiores, sino que cualquier pago con dinero público debe ser aprobado por la Intervención, que depende de la administración central… y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, había declarado repetidamente que en el referendo de marras no se había gastado ni un euro de dinero público, lo que dejaba  en el aire una condena por ese delito. Medio país reacciona   con estupor e indignación…de nuevo no contra el juez correspondiente sino contra “Alemania”. Famoso es el lenguaraz comentario editorial de Jiménez Losantos en que sugiere que en Baviera (supongo que elige ese estado porque él también es incapaz de decir Schleswig Holstein de corrido) pueden empezar a estallar bombas en cervecerías, y que en Mallorca hay decenas de miles de alemanes que pueden ser tomados como rehenes. La justicia ( es un decir) española no ve nada punible en tan desmesurada reacción y solo la C.N.M.C. (Comisión Nacional del Mercado y la Competencia) impone a su emisora, es.radio, una multa de 17000€…que la Audiencia Nacional anuló por considerar que dichos exabruptos estaban amparados por la libertad de expresión y “no constituyen una afrenta o un discurso de odio contra lo alemán” *****.En medio, la situación política del país cambia y en junio de 2021 el nuevo gobierno decide bajar el telón del esperpento indultando (parcialmente, pues se mantienen las inhabilitaciones asociadas) a los condenados por el TS ( que llevaban ya casi cuatro años en prisión). Por supuesto, ello merece el casi unánime rechazo de la judicatura, que corean también al unísono los medios de comunicación de la derecha (es decir, casi todos).  Pero, claro está, el indulto en cuestión no afecta a quienes no han sido juzgados, los que han preferido exiliarse …ni a  los  cargos intermedios de la Generalitat en octubre de 2017, ni a los alcaldes que apoyaron aquella votación, ¡ah¡ y tampoco a los policías nacionales que aporrearon demasiado a quienes pretendían votar y resultaron investigados por ello. En fin, que el telón cayó, pero una parte del elenco quedó en el proscenio. Por otro lado, nuestro protagonista, que en 2019 había sido elegido europarlamentario, volvió a ser detenido tras un acto institucional en septiembre de 2021 en Cerdeña, pero el juez italiano lo puso en libertad al día siguiente. Ya casi nadie se sorprendió. El juez Llarena parecía ya hecho a la idea de ser ninguneado por sus colegas europeos y ni siquiera Jiménez Losantos invitó a vandalizar pizzerías italianas. En fin, que todo el mundo pensaba que la representación estaba tocando a su fin, aunque algunos de los actores seguían en el proscenio. El director de la sala , que a esas alturas ya ha asumido el título de “gran felón”, intenta ir poniendo parches, el más significativo de los cuales es la reforma del Código Penal en la que se suprime el delito de sedición, a lo que su principal adversario responde rompiendo de nuevo las negociaciones para renovar el CGPJ. …que hubieran roto en cualquier caso con otro motivo cualquiera. Pero  se resiste a la solución definitiva, bajar el telón de seguridad y que todo termine, que el esperpento ya lleva durando mucho, pensando que parte del público recibió con abucheos el primer telón y no paraban de pedir nuevos bises judiciales. En julio de 2023 parece que la lógica se impone y, haciendo de la necesidad virtud, la dirección decide liarse la manta a la cabeza y amnistiar todos los delitos reales o potenciales ligados a aquella primera fecha del primero de octubre de 2017, que ya casi nadie recuerda. Previsiblemente volverá a haber abucheos pero eso es también parte del guion. ¿Por fin la representación habrá terminado?

 

No del todo. La estética del esperpento da, parece, para más. Un hasta el momento oscuro comediógrafo, García Castellón, parece dispuesto a llevarla un paso más allá. Una breve semblanza de ese gran heredero de don Ramón María del Valle Inclán.

Manifestó pronto su vocación. Tras un más que discreto paso por la Escuela Judicial, ocupó el lugar 37 entre 45 egresados en la promoción de 1982, y tras pasar por varios juzgados secundarios, recala en el juzgado nº2 de su Valladolid natal, donde ordena en 1991 el registro de la clínica Ginemédica, una de las pocas que por entonces realizaban interrupciones de embarazo en la ciudad, atendiendo a una denuncia de la asociación Pro-vida, cuyo presidente local era uno de sus hermanos. De allí salta a la Audiencia Nacional, ya en la capital del Reino, donde tendrá mayores oportunidades de lucimiento: envía a prisión a Mario Conde y,  le toca investigar el fallido atentado de ETA contra José María Aznar. En el primero de los casos, la decisión supone en realidad muy poco riesgo: el banquero es un personaje caído en desgracia entre las propias élites económicas y, como dice el refrán, “A moro muerto, gran lanzada”. Fue su instrucción del atentado contra JM Aznar la que abrirá su camino hacia la fama. La carrera de muchos artistas innovadores no hubiera sido posible sin un mecenas que hubiera apostado por su valía y en el futuro presidente nuestro hombre encontró ese respaldo económico, que se concretó en dos bien dotadas becas: su nombramiento como “juez de enlace” primero en París y luego en Roma, las dos grandes capitales artísticas de Europa. Con poco trabajo y una remuneración más que generosa (el suplemento sobre su sueldo en la audiencia nacional es de 50.000€ anuales, libres de impuestos, lo que equivale en ese nivel de ingresos a duplicar ampliamente su sueldo neto) pudo formarse artísticamente e incluso aprender algo de las lenguas correspondientes, ya que de la francesa solo guardaba un vago recuerdo de su ya remoto bachillerato e ignoraba por completo la italiana. Sin embargo, en la Audiencia Nacional se estaban montando diversas piezas que, su sustituto el juez Eloy Velasco, amenazaba con convertir en dramas, en vez de las programadas farsas: la Kitchen, la Lezo, la Acuamed, la Púnica…en total más de 300 dirigentes del PP, que se veían interpretando papeles que no tenían previsto. Renunciando patrióticamente a su beca romana, nuestro héroe vuelve a Madrid, donde tendrá ocasión de mostrar todo lo que ha aprendido. Como muy bien decía su ilustre predecesor, Valle-Inclán, la base del esperpento es presentar a los personajes reflejados en espejos deformantes: es decir, librar a quienes todos ven como delincuentes, como hizo con casi todos de los incursos en los casos anteriores y convertir en investigados a quienes habían sido las víctimas de los turbios manejos de la “policía patriótica” (caso Bousselham, informes fabricados sobre la financiación venezolana de Podemos…). Sin embargo, en la gran farsa judicial de la que venimos hablando, no parecía tener posibilidades de brillar. Tras la caída en falso del telón a la que ya nos referimos, la dirección de la sala decidió bajarlo de nuevo, ya con todos los actores tras él. García Castellón estaba escribiendo un pequeño entremés titulado “Tsunami democrátic”. La pieza estaba basada en hechos reales: los protestas en Barcelona tras la publicación de las sentencias del TS en 2019, y, aunque parte del público seguía reclamando un bis, la representación entera parecía acabada y los actores se disponían a abandonar el teatro. Animado por su mecenas de siempre, JMA, el magistrado, probando que su provecta edad no es un límite para su inventiva y que para algo le han servido sus años becado en París, pergeña un verdadero “coup de théatre”. El protagonista absoluto, el mismísimo Carles Puigdemont, es responsable de una muerte, y varios de los secundarios, Marta Rovira, Rubén Wagensberg… son sus cómplices. En realidad, el fallecido lo ha sido por causas naturales en la cola de taquilla pero la imaginación de quien se sabe heredero del gran Valle no parece tener límites. La farsa por tanto sigue. ¿Habrá suerte y terminará pronto, que está empezando a pasar de ser esperpento a ser pesadilla?

 

Nota del autor de la crítica. Alguien del Ateneo me sugirió amablemente un texto sobre la ley de amnistía. Un buen artículo sobre el tema es “Jaque a la imparcialidad judicial” del magistrado emérito del TS Ricardo Bodas Martín (en “El País” del 20-XI-2023). También lo son los diversos comentarios en YouTube del fiscal emérito del propio TS, José Antonio Martín Pallín. En uno de ellos señalaba con bastante humor que si al Manchester City le toca jugar en España, su entrenador Pep Guardiola, que apareció en un vídeo del susodicho Tsunami, puede acabar detenido por “terrorismo de baja intensidad”, ese nuevo  giro argumental de la farsa que la sala de lo Penal del TS parece haber asumido. En eldiario.es del tres de marzo aparece una columna de opinión de Fernando Pérez Royo titulado  “La obsesión insana del juez Marchena” que resulta muy esclarecedora. En el mismo día y medio se cuenta que incidentes mucho más graves, incluso con invasiones de pistas de aterrizaje, se habían producido en el mismo aeropuerto de El Prat durante una huelga de trabajadores de tierra de Iberia en julio de 2006 y a nadie se le ocurrió hablar de terrorismo.

 

*No lo hicieron, por contra los otros consellers ni los Jordis y la gallardía les costó cuatro años de cárcel,

**Fíjense ustedes qué vergüenza, una prófuga dando clase. Está claro que por ahí fuera nos odian por haber sido martillo de herejes y faro de la cristiandad.

***Parece que tenía claro que allí no iba a ser Napoleón sino Wellington. Al que le tocó  hacer de derrotado fue a Llarena, pero en vez de enviarlo a Santa Elena (no  como destierro,  entiéndanme,…sino como juez de enlace en aquella isla, por ejemplo) aún sigue en el TS, es de temer que por muchos años.

****Ni siquiera sus colegas de la sala de lo Penal del TS lo vieron, a pesar de que la Fiscalía lo pidió en todo momento.

*****Imaginen que el juez de Schwelig-Holstein hubiera extraditado a Puigdemont y un periodista catalán hubiera hecho declaraciones parecidas ¿Cuántos lustros de cárcel le hubieran caído?

 

2 pensamientos en “ESPERPENTO (PARTE II)

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