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NADA, de Carmen Laforet

A continuación publicamos una reseña del último libro leído en el taller de lectura del Ateneo Socio Cultural de Laguna de Duero. Desde esta página animamos a todas aquellas personas interesadas en compartir sus experiencias con la lectura a participar en el taller.  Quien desee más información puede solicitarla en la siguiente dirección de correo electrónico: ateneosclaguna@gmail.com

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Autor del artículo: Javier Noriega

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Junto a El fantasma de Canterbury, el Taller de lectura del Ateneo analizó la segunda obra de las propuestas en esta ocasión. Nada, de Carmen LAFORET.

Esta novela relata la llegada a Barcelona de una joven que acude a estudiar a la Universidad. Se va a alojar en la casa de su abuela y sus tíos, en la que pasó temporadas siendo muy pequeña y que apenas reconoce. El ambiente de la casa y la situación de su familia no tienen nada que ver con sus recuerdos. En la novela se relatan las relaciones intrafamiliares (malas) y la vida de la protagonista en la Universidad. Al cabo de un tiempo decide volver y acabar con un lugar y un tiempo sórdidos.

Impresiona de Nada la temprana edad de la autora (23 años) al escribir una obra no sólo redonda, sino tan repleta de vivencias, observaciones y experiencias que -al menos en nuestro tiempo- no se adquieren sino mucho más tarde. Publicada a comienzos de la posguerra, en plena dictadura franquista en la que las mujeres eran consideradas objetos destinados a la procreación y en un momento en el que la censura era feroz, sorprende también  no sólo  que se publicase, sino que ganase el primer premio Nadal.

La propia composición de la novela –un círculo perfecto en el que queda encerrado, circunscrito y aislado un tiempo que es también un mal sueño- denota una madurez muy superior a la que podría suponerse a una mujer tan joven. Y la sordidez que describe, la física y la moral, parecen realmente vividas, quizá por la utilización de un estilo fotográfico e intimista. La novela, en los detalles de la familia y la casa venida a menos huele a verdad, a la realidad de una sociedad –no importa de qué clase- que tiene que enfrentarse a la miseria y a la hambruna a la que la somete una posguerra y el aislacionismo del régimen.

Nada, casi coetánea de La familia de Pascual Duarte, de Camilo José  CELA, es junto a esta obra el antecedente del realismo social de los años 50 y 60 (Luis MARTÍN SANTOS, Tiempo de silencio), si bien la novela de Carmen LAFORET está considerada como existencialista. En ambos casos son narraciones pretendidamente autobiográficas que presentan una parte de la realidad de la época. Una época demoledora, gris, triste, humillante.

 

2 pensamientos en “NADA, de Carmen Laforet

  1. Pingback: Lecturas de Arsuaga-Millas y de Camus | La Fragua de Laguna de Duero

  2. Acabo de leer «Nada» y me ha sorprendido mucho. La consideración como «novela existencialista», el saber que era una narración en primera persona y el propio título de la obra me hacía temer una sucesión de monólogos interiores unidos por breves fragmentos narrativos. Sin embargo la novela es casi lo contrario: siempre están pasando cosas y lo que sucede es coherente con los personajes, que además están muy bien retratados. En lo único en lo que no estoy de acuerdo con tu reseña es que la novel retrate «la vida de la protagonista en la Universidad». Ésta es solo el ámbito para que comience a conocer personas distintas de sus familiares, y en particular a Ena que será un personaje clave en en los giros del relato y en el devenir de su protagonista. Ello nos permitirá además conocer el mundo de la burguesía catalana, que intentaba mantener sus distancias con los «camisas viejas» aunque sabía que les debía la preservación de su status. De la Universidad lo único que deducimos es que el Latín y el Griego eran entonces las dos asignaturas «hueso» de los primeros cursos de Filosofía y Letras (y siguieron siéndolo hasta que desapareció la carrera como tal). Hay una referencia aislada a la guerra mundial, que supongo era más comentada en aquel momento, pero también calculo que los escritores tenían claro que era un tema demasiado resbaloso para darle mucha relevancia.

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